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El falso sentimiento del “Yo”


EL FALSO SENTIMIENTO DEL “YO”


“¿Cómo podría existir en nosotros el real sentimiento de nuestro verdadero SER, cuando esos YOES están sintiendo por nosotros y pensando por nosotros?”.

“Lo más grave de toda esta tragedia es que uno piensa que está pensando, siente que está sintiendo, cuando en realidad es otro el que en un momento dado piensa con nuestro martirizado cerebro y siente con nuestro adolorido corazón”.

Samael Aun Weor “Tratado de Psicología Revolucionaria”.

Empezaremos nuestra cátedra; vamos a hablar hoy un poco sobre el sentimiento de sí mismos. Vale la pena que reflexionemos sobre esta cuestión del sentimiento de sí mismos, conviene que entendamos a fondo la cuestión del falso sentimiento del “Yo”.

Todos aquí, en el fondo de nuestro corazón, tenemos siempre el sentimiento de sí mismos, más conviene saber si este sentimiento es correcto o equivocado; es necesario, pues, entender lo que es este sentimiento del “Yo”.

Ante todo urge entender que las gentes estarían dispuestas a abandonar el alcohol, el cine, el cigarrillo, las pachangas, etc., menos sus propios sufrimientos. La gente adora sus propios dolores, sus sufrimientos; se despegarían más fácilmente de un rato de alegría que de sus propios sufrimientos. Sin embargo, parece paradójico que todos se pronuncien contra los mismísimos sufrimientos, que se quejen de sus dolores, más cuando en verdad hay que abandonarlos, en modo alguno estarían dispuestos a semejante renunciación.

Ciertamente, tenemos una serie de fotografías vivientes de sí mismos: fotografías de cuando teníamos 18 años, fotografías de cuando éramos muchachos, fotografías de cuando éramos hombres de 21 años, fotografías de cuando teníamos 28 o 30 años, etc., etc., etc. A cada una de esas fotografías psicológicas le corresponde toda una serie de sufrimientos, eso es ostensible, y gozamos examinando tales fotografías, nos deleitamos en narrar a los demás los sufrimientos de cada edad, las dolorosas épocas por las que pasamos, etc. Hay un gusto exótico, bohemio dijéramos, cuando narramos a otros nuestros dolores, cuando les decimos que somos gentes de experiencia, cuando les contamos las aventuras de muchachos, la forma como tuvimos que trabajar para ganarnos el pan de cada día: la época más dolorosa de la existencia, cuando andábamos por allí buscando los centavos para subsistir (¡cuántos dolores, cuántos sufrimientos!; con todo eso gozamos). Cuando estamos haciendo ese tipo de narraciones, somos verdaderamente bohemios entusiastas; en vez de deleitarnos en este caso con el alcohol, con el cigarro, nos deleitamos con la historieta, con la novela, con lo que dijimos, con lo que nos pasó, con lo que nos dijeron, con la forma en que vivimos, etc., etc., etc. Es una especie de bohemia bastante exótica que nos gusta; en modo alguno parece que estamos dispuestos a abandonar nuestros propios sufrimientos. Ellos son, pues, el narcótico que a todos nos gusta, el deleite que a todos nos agrada, y mientras más accidentada una vida, parece que nos sentimos más exóticos, más bohemios (cosa absurda, por cierto).

Pero observen ustedes que a cada situación corresponde un sentimiento, un sentimiento del “Yo”, del “mí mismo”: sentimos que somos, sentimos que existimos... En estos momentos están ustedes sentados aquí, escuchándome, y yo estoy hablándoles; ustedes sienten que sienten, tienen aquí, en el corazón, el sentimiento de sí mismos. ¿Y están seguros de que ese sentimiento es correcto? ¡Posiblemente que sí están seguros de eso! El caso es ese sentimiento que en este momento tienen: el sentimiento de existir, el sentimiento de ser y de vivir, ¿será el verdadero, será un falso sentimiento? Conviene que seamos un poquito reflexivos en estas cuestiones...

Cuando andábamos por allí, tal vez en las cantinas, o cuando deambulábamos por los cabarets, ¿tendríamos sentimiento? ¡Sí, es obvio que lo teníamos! ¿Y ese sería el correcto? A cada edad corresponde un sentimiento, porque uno es el sentimiento cuando se tienen 18 años y otro cuando se tienen 25; otro es el sentimiento de los 30, y otro el de los 35, y un anciano, indudablemente, tendrá su propio sentimiento. ¿Cuál de éllos será el correcto? Es algo tremendo esta cuestión del sentimiento de sí mismos, pues uno siente que siente, uno siente que existe, uno siente que vive, uno siente que es, uno siente que tiene corazón, y dice: “Yo”, “Yo” y “Yo”, porque son muchos los “Yoes”... ¿Cuál de éllos sería pues el exacto? Reflexionen ustedes un poco en esta cuestión; piensen que vale la pena tratar de comprender esta cuestión...

Si uno desintegra un “Yo” cualquiera, tengamos el del resentimiento con alguien, está contento de haberlo desintegrado; pero si el mismísimo sentimiento continúa, hay algo que está fallando en el Trabajo. Sencillamente, ésto nos indica que tal “Yo” que creíamos haber desintegrado, no se ha desintegrado, puesto que el sentimiento del mismo continúa... Si perdonamos a alguien, y más aún: si CANCELAMOS el dolor que ese alguien nos ha producido, y continuamos allá con un sentimiento igual, ésto nos está indicando que no hemos CANCELADO ese agravio, o ese mal recuerdo, o esa mala acción que alguien nos produjo; el “Yo” del resentimiento continúa vivo... Estamos tocando un punto muy delicado, puesto que todos estamos en el Trabajo de sí mismos, y sobre sí mismos... Cuantas veces hemos creído, por ejemplo, que hemos desintegrado un “Yo” de venganza, pero el sentimiento aquél que teníamos continúa; ésto indica, entonces, que no logramos desintegrar tal “Yo”, ¡eso es obvio!.

De manera que en nosotros existen sentimientos como “agregados psíquicos” o “Yoes” tenemos en nuestro interior. Si tenemos 10,000 “agregados psíquicos”, indudablemente tendremos 10,000 sentimientos de sí mismos; a cada “Yo” tiene su propio sentimiento. Así, pues, una pauta a seguir en nuestro Trabajo sobre sí mismos, es esta cuestión del sentimiento... Intelectualmente podremos haber aniquilado el “Yo” del egoísmo, ¿pero continuará acaso existiendo ese sentimiento de “primero Yo”, “segundo Yo” y “tercero Yo”? Seamos sinceros consigo mismos, y si continúa existiendo tal sentimiento, es porque el “Yo” del egoísmo aún existe. Así, pues, hoy los he invitado a ustedes a comprender esta cuestión del sentimiento...

Cuesta mucho trabajo que las gentes se resuelvan a entender la necesidad de desintegrar el Ego, pero más trabajo cuesta que entiendan lo que es el sentimiento, que suele ser tan fino, se escapa, es tan sutil... En todo caso, en el Trabajo sobre sí mismos, mis queridos amigos, hay tres líneas que debemos entender:

PRIMERA, el Trabajo sobre sí mismos, con el propósito de desintegrar los “agregados psíquicos” que en nuestro interior tenemos, viva personificación de nuestros errores. SEGUNDA, el Trabajo con los demás (debemos aprender a relacionarnos con los demás), y TERCERA, el Amor al Trabajo, el Trabajo por el Trabajo mismo.

Estas son las tres líneas a seguir...

Si una persona, por ejemplo, dice que está trabajando, y cree que está trabajando sobre sí misma, pero no se presenta ningún cambio en esa persona; si el sentimiento equivocado del “Yo” continúa, si su relación con sus semejantes es igual, entonces está demostrando que no ha cambiado, y si no ha cambiado, pues entonces no está trabajando sobre sí misma correctamente, ¡eso es obvio!.

Necesitamos cambiar, más si después de cierto tiempo de Trabajo del sentimiento del “Yo” continúa igual, si el proceder con las gentes es el mismo, ¿podría acaso opinarse que hemos cambiado? En verdad que no, y el propósito de estos estudios consiste en cambiar. El cambio debe ser radical, porque hasta la propia identidad que poseemos debe llegar a perderse para sí mismos. Un día, por ejemplo, Fulano buscará a Fulano; ya Fulano no existe, se ha perdido para sí mismos, eso es claro. Un día Zutano dirá: “¿Qué se hizo Zutano”? Ya no existe, ha desaparecido para Zutano... Así que, en realidad de verdad, hasta la mismísima identidad tiene que perderse para sí mismo; tenemos que volvernos absolutamente diferentes... Yo conozco aquí mismo, entre los estudiantes; sé de algunos cuyos nombres no menciono, que hace años, y años, y años están estudiando aquí conmigo, y los veo lo mismo, no han cambiado, tienen su misma conducta, cometen sus mismos errores; como los cometieron hace 20 años, los cometen hoy iguales. Esto indica, no acusa ningún cambio, no hay nada nuevo en éllos... ¿Cómo son? Como eran hace 20 años, o hace 10, o hace 50... ¿Cambio? ¡Ninguno! Entonces, ¿qué están haciendo esas gentes, qué hacen aquí? Están perdiendo el tiempo miserablemente, ¿verdad? Porque el objeto de nuestros estudios es CAMBIAR PSICOLÓGICAMENTE, convertirnos en SERES DIFERENTES; pero si continuamos siendo los mismos, si el fulano XX es el mismo que era hace 10 años, pues entonces no ha cambiado ni está haciendo nada; está perdiendo el tiempo miserablemente, ¡eso es obvio! Así que invito a todos ustedes a estas reflexiones... ¿Quieren cambiar o no quieren cambiar? Si van a seguir siendo siempre los mismos, ¿entonces qué están haciendo esas gentes? ¿Con qué objeto están reunidos aquí, para qué? Hay que ser más reflexivos...

Una guía a seguir es esta cuestión del sentimiento del “Yo”; el sentimiento del “Yo” es siempre equivocado, nunca correcto... Debemos distinguir entre el sentimiento del “Yo” y el sentimiento del Ser. El Ser es el Ser, y la razón de ser del Ser es el mismo Ser. El sentimiento del Ser es siempre correcto, pero el sentimiento del “Yo” es, pues, un sentimiento equivocado, un sentimiento falso...

¿Por qué gozarán los estudiantes con sus “fotografías”, con las FOTOGRAFÍAS PSICOLÓGICAS de hace 20, de hace 30, de hace 50 años? ¿Qué les pasa? Cada fotografía psicológica va acompañada de sentimientos diferentes. Sí: el sentimiento del jovencito que se emborracha, el sentimiento del muchachito de 20 que anda con la noviecita, o por los caminos de la perversidad, etc., ¿cuál de esos será el correcto, si todos son falsos? Falso es cuando se siente uno un hombre de 18, que tiene un mundo por delante y que las noviecitas le sonríen; falso es el muchachito aquél de los 20, que cree que por su cara bonita va a dominar al mundo; falso es el jovenzuelo aquél de los 25, que anda de ventana en ventana... ¡Todo eso es falso!.

¿Cuál de todos esos sentimientos sería el real? Sólo la Conciencia nos puede dar un sentimiento real; no olviden ustedes que entre la Conciencia y el Ser no hay mucho distanciamiento que se diga...

Son tres los aspectos de la vida: el SER (SAT, en Sánscrito), la Conciencia (el CHIT), y la Felicidad (ANANDA). Pero la Consciencia Real del Ser, que no está muy distante del Ser en sí mismo, se encuentra enfrascada entre toda esa multiplicidad de “agregados psíquicos” que personifican a nuestros errores, y que en nuestro interior cargamos. Sólo élla puede darnos un sentimiento correcto; ese sentimiento sería cruel para los demás, porque los demás están enfrascados en falsos sentimientos que nada tienen que ver con el verdadero sentimiento del Ser.

El sentimiento de la Consciencia Objetiva, Real, es lo que cuenta, es lo importante; pero, para poder tener nosotros ese sentimiento verdadero de la Consciencia Real y Objetiva, necesitamos antes que todo desintegrar los “agregados psíquicos”. A medida que vayamos desintegrando los diversos “agregados”, viva personificación de nuestros defectos, la voz de la Consciencia se irá haciendo cada vez más fuerte, el sentimiento del Ser, es decir, de la Consciencia, irá sintiéndose cada vez más y más en forma intuitiva, y a medida que vayamos sintiendo con la Consciencia, nos daremos cuenta de que el falso sentimiento del “Yo” nos conduce al error... Más ésto es sumamente fino, sumamente delicado, porque en la vida todos nosotros hemos sufrido demasiado, eso es obvio, y también hemos marchado por el camino del error, eso es patente, y en todos los aspectos de nuestra vida, en cada instante, hemos sentido aquí, en el corazón, algo, algo, algo que se llama “sentimiento”... Ese “algo” lo hemos siempre considerado como “la voz de nuestra Consciencia”, lo hemos considerado como el sentimiento de sí, como el sentimiento real, al cual hemos obedecido, como el único que puede conducirnos por el camino recto, etc. Más, desgraciadamente, hemos estado equivocados, mis queridos amigos; la prueba de nuestra equivocación es que más tarde hemos tenido otros sentimientos completamente diferentes, totalmente distintos, y mucho más tarde otros sentimientos también distintos. Entonces, ¿cuál de éllos será el verdadero? Entonces hemos sido víctimas de un auto-engaño; siempre nos ha guiado a nosotros, o siempre hemos confundido, al sentimiento del “Yo” con el sentimiento del Ser; hemos sido víctimas de un auto-engaño, y aquí no pueden haber excepciones. Hasta yo mismo marché por el camino del error, cuando creí que el sentimiento del “Yo” era el sentimiento del Ser. No hay excepciones: ¡todos hemos sido víctimas del auto-engaño!.

Llegar a sentir de verdad, llegar a tener un sentimiento preciso, es algo tremendo; ese sentimiento preciso es el de la Consciencia Superlativa del Ser. En todo caso, nosotros debemos marchar por el camino de la ARISTOCRACIA DE LA INTELIGENCIA y de la NOBLEZA DEL ESPÍRITU, y a medida que avancemos por esa senda dan difícil del auto-conocimiento y de la auto-observación de sí mismos de momento en momento, iremos también aprendiendo a sentir correctamente, iremos aprendiendo a conocer el sentimiento auténtico de la Consciencia Superlativa del Ser... El Ser para nosotros es lo que cuenta, es lo importante, y el sentimiento juega un gran papel en eta cuestión del Ser, un gran papel...

¿Cuántas veces creíamos que íbamos bien por el camino de la vida, guiados por el sentimiento vivo de una auténtica realidad, y sucedió que entonces andábamos pero que antes, porque nos guiaba un falso sentimiento, el del “Yo”? Hay personas que no son capaces de despegarse del falso sentimiento del “Yo”; tienen una serie de fotografías de sí mismos que no abandonarían por nada de la vida, ni por todos los tesoros del mundo; gozan con sus dolores, y renunciar a éllos sería pero que la muerte misma... ¡Es terrible ésto que les estoy diciendo, doloroso, pero es la verdad! Por un falso sentimiento del “Yo”, podemos perder toda la existencia entera; es decir, pasan los 30 años, y los 40, y los 50, y los 60, y llegamos a los 80 (si acaso llegamos, porque muchos mueren antes de los 80) con ese falso sentimiento del “Yo” (falso concepto, para ser más claro), y ese falso sentimiento que tenemos del “Yo”, nos embotella completamente en el Ego, y al fin morimos sin haber dado ni un paso adelante...

Por lo común las gentes, al enfrentarse a la vida, no reciben las experiencias directas de la Consciencia. ¡No: tienen una serie de pre-conceptos, de prejuicios en la mente, terribles!; cualquier reto, pues, es de inmediato, dijéramos, escudado por algún prejuicio o pre-concepto. Por lo que sucede, la vida llega indirectamente a la Consciencia; pero esa multiplicidad de prejuicios que tenemos dentro, por toda esa diversidad de sentimientos equivocados y contradictorios, nunca la vida llega a la Consciencia, y en consecuencia, pues, permanecemos dormidos durante toda la vida...

Veamos a un viejo neurasténico, por ejemplo de 80 años, rancio y torpe en el pensar, embotellado en algún dogma. Tiene un sentimiento de sí mismo totalmente equivocado; cuando algo se le llega, no toca su Consciencia; todo lo que le llega, llega a su mente, y ésta, como está llena de tantos prejuicios, costumbres, hábitos mecánicos, etc., pues reacciona de acuerdo a su propio condicionamiento; entonces reacciona violentamente, cobardemente, etc., etc., etc. Observen ustedes a un anciano de 80 años reaccionando: ya lo conoce uno, siempre va a las mismas reacciones. ¿Por qué? Porque de allí la mente lo interpreta a su modo... La mente juzga todo como le parece, como está acostumbrada a juzgar, como cree que es verdadero, y el falso sentimiento del “Yo” respalda la forma equivocada de pensar. Total: que quien tiene un falso sentimiento del “Yo”, pierde su existencia miserablemente...

Es que hay que llegar al correcto sentimiento, pero éste es ya el de la Consciencia. Nadie podría legar a tener ese correcto sentimiento sin antes desintegrar los “agregados psicológicos”, y a medida que uno va desintegrando los “agregados psíquicos”, el correcto sentimiento se va manifestando, y cuando la destrucción es total, también el correcto sentimiento es total. Pero, por lo común, el sentimiento correcto de sí mismo está en pugna con el falso sentimiento del “Yo”. Ese sentimiento correcto de la Consciencia, está pues más allá de cualquier código de ética, más allá de cualquier código de moral establecido por alguna religión, etc. Por lo común, los conceptos de morales establecidos por distintas religiones, en el fondo resultan falsos. Como la Consciencia humana está tan dormida, sucede pues que se han inventado distintos sistemas pedagógicos, sociales, éticos, educativos y morales para que nosotros marchemos por el camino recto, pero nada de eso sirve para nada. Hay una ética, propia de la Consciencia, pero ésta resulta “inmoral” para los santurrones de las diversas denominaciones religiosas... Hay un libro, que es el de los PARAMITAS, en el Tíbet Oriental, con una ética que no encajaría dentro de ningún culto, porque es de la Consciencia. Y no me estoy pronunciando contra ninguna forma religiosa; únicamente contra ciertas formas, o contra ciertas, dijéramos, armazones oxidadas (entre las cuales está hoy embotellada la mente y el corazón), y otras estructuras caducas y degeneradas, de falsa moral convencional; contra eso es que me estoy pronunciando.

En estos estudios no se trata de seguir o de vivir de acuerdo con ciertas formas petrificadas de moral; aquí lo que se debe es desarrollar la capacidad de la COMPRENSIÓN. Nosotros necesitamos, constantemente, enjuiciarnos a sí mismos con el propósito de saber qué tenemos y qué nos falta. Hay mucho que debemos eliminar y mucho que debemos adquirir, si es que queremos marchar por el camino recto, más el sentimiento equivocado del “Yo” no permite a muchos avanzar por la difícil senda de la liberación; siempre se confunde a ese sentimiento equivocado del “Yo” con el sentimiento del Ser. Si no abrimos bien los ojos, como se dice, el sentimiento equivocado del “Yo” puede hacernos fracasar a todos en la presente existencia.

El Ser es lo que cuenta, pero está muy hondo, muy profundo... Realmente, el Ser en sí mismo es la MÓNADA INTERIOR (recordemos a Leibniz y su famosa “Mónada”). La “Mónada” en sí misma es lo que podríamos denominar NESHAMA en hebreo, es decir ATMAN BUDDHI... ATMAN, ¿quién es ATMAN? El ÍNTIMO, el SER; sobre eso nos dice algo, precisamente, el libro “DIOSES ATÓMICOS”: “Antes de que la falsa aurora apareciera sobre la Tierra, aquéllos que sobrevivieron al huracán y a la tormenta alabaron al Íntimo, y a éllos se les aparecieron los Heraldos de la Aurora”...

NESHAMA, es ATMAN-BUDDHI, la “Mónada” citada por Leibniz en su Filosofía Monádica... ATMAN es el Íntimo, BUDDHI es el Alma Espiritual, la Consciencia Superlativa del Ser; los dos, integrados, constituyen la “Mónada”, eso es obvio. La “Mónada”, a su vez, se ha desdoblado en el Alma Humana, que es el “Manas Superior” de los orientalistas; esa Alma Humana en principio es germinal completamente, pero de élla, por desdoblamiento, ha resultado la Esencia, que es lo único que los “animales intelectuales” tienen dentro encarnado; esa Esencia está enfrascada entre los diversos “agregados psíquicos” que en nuestro interior llevamos.

En hebreo, NESHAMA es precisamente ATMAN, ATMAN en su parte inefable. BUDDHI es “RUACH”; en general, a ATMAN-BUDDHI se le llama “RUACH”... NETCHI es el Alma Humana o Alma Causal, de donde deriva la Esencia que cada cual tiene en su interior; ésta parte de Consciencia que tenemos dentro, esa Esencia, hay que ponerla en actividad. Desgraciadamente está dormida, está sometida dentro de los “agregados psíquicos”, inhumanos, que en nuestro interior cargamos...

Es necesario entender que cuando uno trabaja sobre sí mismos, entra por el camino de la Revolución de la Conciencia, aspira algún día recibir sus principios anímicos y espirituales, es decir, aspira convertirse en un Templo de la “Mónada” interior; porque es obvio que una Esencia desarrollada, desenvuelta, despierta, se integra, se fusiona completamente con el Alma Humana en el Mundo Causal; mucho más tarde viene lo mejor: el desposorio, la integración de esa Alma Humana con la “Mónada”; cuando eso sucede, el Maestro se Auto-Realiza totalmente. Así, pues, lo que tenemos, que es la esencia, debe ser trabajada; debemos empezar por desembotellarla, por desenfrascarla; élla es una fracción del Alma Humana en toda criatura, y hay que despertarla porque está dormida entre cada uno de los “agregados psíquicos” que en nuestro interior llevamos. Esa Esencia tiene su propio sentimiento correcto, que es diferente, completamente diferente del falso sentimiento del “Yo”; esa Esencia realmente, con su sentimiento, emana de la verdadera Alma Causal o Alma Cósmica. Así que, el sentimiento que la Esencia tiene, es el mismo que tiene el Alma Cósmica, ese el mismo que existe en el Íntimo o Atman...

Cuando uno entra por este camino, descubre que se ha metido por la senda de la Revolución de la Conciencia, y la Revolución de la Conciencia es tremenda, porque trae aparejada la REVOLUCIÓN INTELECTUAL y la REVOLUCIÓN FÍSICA; la Revolución de la Conciencia trae aparejada una serie de revoluciones intelectuales extraordinarias, y a su vez, como resultado, aparece la revolución física. En la ALQUIMIA, por ejemplo, se habla de la “REINCRUDACIÓN” del cuerpo físico, de la “INVULNERABILIDAD” y de la “MUTACIÓN”. Es obvio que aquel que ha conseguido el despertar total, aquel que ha logrado la ILUMINACIÓN, puede alimentarse con el “ÁRBOL DE LA VIDA”, y de hecho su cuerpo físico, si así lo quiere, puede volverse invulnerable, mutante, y eso lo consigue mediante la “REINCRUDACIÓN” Alquimista; un Iluminado sabe muy bien cómo se logra la “REINCRUDACIÓN”. Así que son tres revoluciones en una: la de la Consciencia, que trae aparejada la revolución intelectual y la otra, la revolución física.

Los grandes Adeptos de la Consciencia, esos que lograron verdaderamente el despertar, son Iluminados; muchos de éllos son inmortales. Recordemos nosotros a nada más y nada menos que a Sanat-Kumara, el “Anciano de los Días”, el fundador del COLEGIO DE INICIADOS de la Blanca Hermandad, que trajo su cuerpo físico a la Tierra, vino desde Venus. Ese Gran Maestro, habiendo pasado más allá de toda necesidad de vivir en este mundo, se ha quedado en este mundo para ayudar a los que marchan por la ROCALLOSA SENDA que conduce a liberación final; Sanat-Kumara es alguien que puede sumergirse totalmente en el Océano de la Gran Ley, pero ha renunciado a todo lo dicho para quedarse aquí con nosotros, y está con nosotros por Amor a nosotros, en el camino éste que estamos recorriendo...

Urge entender la forma de relacionarnos correctamente con nuestros semejantes. Si trabajamos sobre sí mismos, debemos también levantar la antorcha para iluminar de otros el camino, para mostrar a otros el sendero, y eso es precisamente lo que hacen los Misioneros Gnósticos: indicar a otros la senda de la liberación...

En el oriente se habla claramente de dos clases de Seres que marchan por este camino: a los primeros los podemos denominar “SARAVACAS” y a los segundos “BUDDHAS PRATYECAS”; obviamente, éllos son Ascetas, saben que el falso sentimiento del “Yo” lo conduce a uno al fracaso; éllos se han preocupado por trabajar intensamente sobre sí mismos, han hechos sus votos; algunos de éllos hasta han diluido el Ego, pero no hacen nada por el prójimo. Estos “BUDDHAS PRATYECAS” y “SARAVACAS” obviamente gozan de cierta Iluminación y de cierta felicidad, más nunca han llegado, en realidad de verdad, a ser verdaderos “Boodhisattwas” en el sentido más estricto de la palabra.
Hay dos clases de “Boodhisattwas”: los que tienen al “BODHISITA” en su interior y los que no lo tienen. ¿Qué se entendería por el “Bodhisita” o “Boodhisito”? Sencillamente de que, a base de distintas renunciaciones y de estar manifestándose en los mundos, renunciando a cualquier grado de felicidad, trabajaron por la Humanidad. Estos tienen los CUERPOS EXISTENCIALES de oro puro, porque eso es el “BODHISITA”: los Cuerpos Existenciales del Ser con la sabiduría de la experiencia, originada a través de sucesivas Eternidades. El “Bodhisita” de un Buddha es propiamente un “Boodhisattwa” debidamente preparado, que puede realizar con eficiencia todos los trabajos que el BUDDHA INTERIOR le ha confiado... ¿Creen ustedes acaso que el “Boodhisattwa” que en realidad de verdad no se ha desarrollado en el terreno vivo del “Bodhisita”, podría llegar a progresar en los trabajos que tiene que realizar? ¡Obviamente que no, porque no está debidamente preparado!.

Se entiende, pues, por “Bodhisita”, precisamente a todas esas experiencias, a todos esos conocimientos adquiridos a través de las edades; a los Vehículos de oro puro, a la sabiduría patente del Universo. Obviamente, el “Boodhisattwa” provisto de tal “Bodhisito”, se manifiesta a través de distintos “Mahanvantaras”, y a la larga viene a convertirse en un Ser Omnisciente. La Omnisciencia es algo que hay que conseguir, que hay que lograr, pues en modo alguno nos viene de regalo; élla es el producto de distintas manifestaciones cósmicas y de incesantes renunciaciones. El “Boodhisattwa” que posee dentro de sí al “Bodhisito”, es decir, todas esas sumas de experiencias, todos esos conocimientos, Cuerpos de Oro, etc., jamás se dejaría guiar por un falso sentimiento del “Yo”. Pero este falso sentimiento del “Yo” suele refinarse espantosamente; hay Individuos que han logrado muchos refinamientos espirituales, y sin embargo aún son víctimas del falso sentimiento del “Yo”. Entender ésto es básico en la Gran Obra, es fundamental...

Todos tenemos derecho a la Iluminación, pero tampoco debemos codiciarla; antes que codiciarla, debemos preocuparnos por la desintegración de los “agregados psíquicos” que en nuestro interior cargamos; vigilar en forma intensiva ese falso sentimiento del “Yo”, aniquilarlo, porque puede estancarnos, puede llevarnos al auto-engaño, puede hacernos pensar que vamos muy bien, puede hacernos creer que es la voz de la Consciencia, cuando en realidad de verdad es la voz del Ego.

Quiero que entiendan ustedes, claramente, que un día tendrán que ir fabricando dentro de sí mismos al “Bodhisito”, es decir, elaborando esa experiencia, elaborando ese conocimiento que les va dando el Trabajo sobre sí mismos; con tal conocimiento, con tal experiencia, ustedes no fallarán... A medida que vayan desintegrando esos “agregados psíquicos” que les dan a ustedes el falso sentimiento del “Yo”, irán alimentándose con el PAN DE LA SABIDURÍA, con el PAN TRANSUBSTANCIAL venido de lo Alto, porque cada vez que uno desintegra un “agregado psíquico”, libera un porcentaje de Consciencia y adquiere de hecho una virtud, un conocimiento nuevo, algo extraordinario...

A propósito de virtudes, he de decirles que quien no es capaz, por ejemplo de apreciar las GEMAS PRECIOSAS, tampoco podría saber cuál es el valor de las virtudes. El valor de éstas, en sí mismas, es preciosos, más no es posible adquirir virtud alguno si antes no desintegramos el defecto antitético. Por ejemplo, no podríamos adquirir la virtud de la castidad si no desintegramos el defecto de la lujuria; no podemos adquirir la virtud de la mansedumbre si no eliminamos de sí mismos el defecto del resentimiento; no podríamos adquirir la virtud del altruismo, si no eliminamos el defecto del egoísmo... Lo que importa, pues, es que nosotros vayamos comprendiendo la necesidad de desintegrar defectos; sólo así nacerán en nosotros las GEMAS PRECIOSAS de las virtudes. En todo caso, el objetivo de esta plática de hoy ha sido el de llamarles la atención sobre el falso sentimiento del “Yo”; tendrán ustedes que aprender a SENTIR LA CONSCIENCIA, a tener un correcto sentimiento de la Consciencia Superior del Ser; esa Consciencia Superior que emana o deviene originalmente de ATMAN EL INEFABLE, es decir, del ÍNTIMO, del SER...

Así, mis queridos hermanos, hasta aquí vamos dejando esta plática... Si alguno de ustedes quiere preguntar algo en relación al tema, puede hacerlo con la más entera libertad...

P.- Venerable Maestro: ¿que relación hay entre el sentimiento y las sensaciones?

R.- Las sensaciones, sensaciones son, y las hay positivas y negativas. Toda sensación es el resultado de alguna radiación o impresión externa. Por ejemplo, viene a nosotros una sensación de dolor, debido a que alguien nos lo produjo, ya sea con la palabra o sencillamente nos dimos un fracaso; entonces tenemos una sensación de dolor... Y una sensación de alegría: cuando alguien nos trata bien o cuando olemos un perfume delicioso. En todo caso, las sensaciones son sensaciones, pero el sentimiento se clava en el corazón, es diferente, va en el Centro Emocional, y nunca se debe confundir al sentimiento auténtico del Ser, de Atman, de la Mónada, de la Esencia, etc., (del Ser en general), con el sentimiento del “Yo”. Cada “Yo” tiene su forma de sentimiento, y por lo común ese falso sentimiento del “Yo” nos lleva al fracaso...

¿Alguna otra pregunta? Todos pueden preguntar; que ninguno quede con dudas...

P.- Venerable Maestro: ¿en cada edad que pasa, en el ser humano se manifiestan “Yoes” característicos, propios de cada edad?

R.- Ciertamente que sí, de acuerdo a la Ley de Recurrencia. Porque si en la pasada existencia, a los 30 años tuvimos una “bronca” en la cantina, el “Yo” de aquélla riña permanece en el fondo de nosotros mismos, aguardando el instante de los 30 años para volver a salir otra vez. Cuando llegue esa edad, saldrá entonces a buscar una cantina con el propósito de encontrarse con el sujeto de aquél con quien riñó. Lo mismo hará aquél, y al fin se encontrarán ambos en la cantina, y volverán a reñir. Esa es la Ley de Recurrencia... Y si a la edad de 25 años tuvimos una aventura amorosa, pues también a esa misma edad el “Yo” que estaba aguardando, allá, en el fondo, saldrá a la superficie, controlará el intelecto, controlará el corazón, e irá a buscar a la amada de sus ensueños. Ella hará lo mismo, y ambos se encontrarán para repetir la escena... Así que el robot humano está programado por la Ley de Recurrencia. En todo caso, el Ser, el verdadero Ser, no se expresa en el “animal intelectual”; vive normalmente en la Vía Láctea, se mueve en la Vía Láctea. Lo que actúa en este mundo es el robot, programado por la Ley de Recurrencia...

Hay necesidad de desintegrar el Ego y despertar la Conciencia para que la Mónada, Atman-Buddhi, el “RUACH-ELOHIM” que según Moisés “labrar las aguas en el principio del Mundo”, el “REY-SOL”, vuelva naturalmente a expresarse dentro de nosotros, venga a la manifestación, impregne nuestra humana persona (sólo EL puede hacerlo).

Las gentes creen que hacen y no hacen nada: actúan de acuerdo a la Ley de Recurrencia, son máquinas programadas; ¡eso es todo!.

P.- Venerable Maestro: ¿fué la segunda guerra mundial una recurrencia de la primera?.

R.- Siempre se repite todo, es verdad, de acuerdo con la Ley de Recurrencia. La segunda guerra mundial no fué más que la repetición de la primera, y la tercera no será sino la repetición de la segunda...

P.- Maestro: puede explicarnos cómo es que uno puede creer que ha eliminado un defecto, cuando en realidad no es así.

R.- Sí: puede creerse que se ha eliminado tal o cual defecto psicológico, pero si el sentimiento de ese “Yo” continúa en nosotros, significa que no ha sido eliminado. De manera que esa es una forma en que este conocimiento nos permite a nosotros saber si hemos eliminado tal o cual “Yo”; es un patrón de medida que nos permite saber si hemos eliminado tal o cual “agregado psíquico”.

P.- Maestro: ¿cómo podría explicarnos el hecho de que el Angel Adonai tenga Karma?

R.- Bueno... Adonai, el “Hijo de la Luz y de la Alegría”, que yo sepa no tiene Karma. Si se demoró en eliminar algún “elemento indeseable”, eso ya pasó.

P.- Venerable Maestro: tengo entendido que el Karma de Adonai era por “los recuerdos del Alma”...

R.- ¡Eso es una conjetura; tenemos que marchar sobre los hechos! Por lo menos no he sido informado de Adonai sobre eso; ¡esa es la cruda realidad! Tengo entendido que no tiene Karma. Ahora tiene cuerpo físico y vive en Europa; es un Adepto maravilloso, pertenece al Círculo Consciente de la Humanidad Solar, que opera sobre los Centros Superiores del Ser, y vive como un desconocido en Europa, en Francia...

P.- Maestro: además de Sanat-Kumara, el Venerable Maestro, ¿hay otros Kumaras?

R.- Por “KUMARAT” se entiende a todo Individuo Resurrecto, cual aquél fulano XX. Con tal de que resucite, es un “Kumarat”. Obviamente, los “Kumaras”, lo mismo que los “PISTHIS”, son los que ayudaron a crear, a dar vida a la forma física humana que tenemos... Me parecen todavía más interesantes que los “Kumaras”, los “AVISWATAS”, que son Dioses Solares bastantes interesantes. Por cierto que los Dioses Solares que gobernaron la Tierra, a la Humanidad de la primera Raza, volvieron al Sol; habían venido del Sol y regresaron al So, y en la futura y gran sexta Raza, volveremos a tener visita de los Dioses Solares. Vendrán del Sol, vivirán entre la humanidad y establecerán la sexta Raza-Raíz sobre la faz de la tierra; gobernarán a los pueblos, naciones y lenguas (ellos son gobernantes entre las doce constelaciones del zodíaco). Obviamente, la más importante es la de LEO. El sol tiene en Leo su trono. Los Dioses Solares vienen periódicamente a la Tierra, cada vez que se inicia una nueva raza...

Pero bueno, no nos apartemos tanto de la cuestión que hemos planteado... Debemos llevar en mente la necesidad de estudiarnos un poco más a sí mismos, y de poner atención a esto del sentimiento del “yo”. Hasta aquí mis palabras.

SAMAEL AUN WEOR.

LA REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA QUE PODRÍA LLEVARNOS A ELIMINAR EL FALSO SENTIMIENTO DEL “YO”, TIENE TRES FACTORES ABSOLUTAMENTE DEFINIDOS: MORIR, NACER Y EL SACRIFICIO POR LA HUMANIDAD.

TRABAJAMOS POR LA PROPIA REGENERACIÓN Y POR LA DE NUESTRO HERMANO EL HOMBRE.

FIN.


Publicado: 04/01/2017, 09:09pm | Vistas: 399





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