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¿Por qué juzgamos a los demás?


Muchas veces aborrecemos a alguien sin motivo alguno. ¿Por qué? Sencillamente os lo diré, querido lector: porque ese alguien personifica algunos errores que nosotros cargamos bien escondidos, y no nos puede gustar que otros los exhiba. Realmente los errores que a otros endilgamos, los llevamos nosotros muy adentro; nadie es perfecto en este mundo, todos nosotros estamos cortados por la misma tijera; cada uno de nosotros es un mal caracol entre el seno de la Gran realidad; quien no tiene un defecto en determinada dirección, lo tiene en otra dirección...


“Cuando se tienen muchas cosas en uno mismo que no se conocen ni se aceptan, entonces tales cosas nos complican la vida espantosamente, y provocan en verdad toda suerte de situaciones que podrían ser evitadas mediante el conocimiento de sí”.


“Lo peor de todo esto es que proyectamos ese lado desconocido e inconsciente de sí mismo en otras personas, y entonces lo vemos en ella”.


“Por ejemplo: las vemos como si fueran embusteras, infieles, mezquinas, etc., en relación con lo que cargamos en nuestro interior”...


“Es indispensable llega a ser muchísimo más conscientes para consigo mismos, mediante una directa observación de sí”.


“Lo que se critica tanto en los otros, es algo que descansa en el lado obscuro de uno mismo, y que no se conoce ni se quiere reconocer”.


Samael Aun Weor, “La Gran Rebelión”, cap. 25, “El difícil camino”.


Vamos a comenzar nuestra plática de esta noche; ruego a todos poner la atención debida...


En todo caso, el sentido de la plática de esta noche significa que nosotros no debemos dejarnos llevar por las apariencias, debemos no dejarnos fascinar por las distintas escenas de la vida.


La vida es como una película; es una película compuesta, como es natural, por muchos cuadros y escenas. No conviene en modo alguno identificarnos con ninguna escena, con ningún cuadro, con ninguna apariencia, porque todo pasa: pasan las personas, pasan las cosas, pasan las ideas, todo en el mundo es ilusorio. Cualquier escena de la vida, por muy fuerte que élla sea, pasa y queda atrás en el tiempo. Lo que nos debe interesar a nosotros es eso que se llama el SER, la Conciencia. He allí lo fundamental, porque el Ser no pasa: el Ser es el Ser, y la razón de ser del Ser es el mismo Ser... Cuando nosotros nos identificamos con las distintas comedias, dramas y tragedias de la vida, es obvio que caemos en la fascinación y en la inconsciencia del sueño psicológico. He allí el motivo por el cual no debemos identificarnos con ninguna comedia, drama o tragedia de la vida, porque por muy grave que sea, pasa... Hay un dicho vulgar que reza así: “No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Así que todo es ilusorio, pasajero...


Uno a veces, en la vida, se encuentra con algunos problemas difíciles. Sucede que a veces no encuentra uno, dijéramos, la salida, la solución al problema, y éste se vuelve enorme, monstruoso, gigantesco ante nuestra mente. Entonces sucumbe uno ante las preocupaciones, y dice: “¿Cómo haré, qué haré?” No le encuentra escapatoria, y el problema, a medida que se analiza, se vuelve más y más monstruoso, enorme, gigantesco... Pero llega el día en que si nosotros afrontamos el problema tal cual es, es decir, si “agarramos al toro por los cuernos”, como se dice, vemos que el problema queda en nada, se destruye por sí mismo, vemos que es de naturaleza ilusoria... Más suele cualquier problema tomar tales proporciones, su realismo se vuelve tan crudo ante nuestra mente, que en verdad no se le encuentra salida por ninguna parte, siente uno que sucumbe ante el mismo, que en modo alguno se vuelve soluble... Pero si uno se le enfrenta al problema, verá que es ilusorio y que todo pasa como tiene que pasar, y al fin queda en nada.


Si uno procede en esa forma, no identificándose jamás con ninguna situación, con ningún evento, logrará estar siempre alerta y vigilante, como el vigía en época de guerra, y es en ese estado de alerta donde uno descubre sus defectos psicológicos. Defecto descubierto, debe ser comprendido y después eliminado. La mente, por sí misma, no puede alterar ningún defecto psicológico; la mente sólo puede rotularlos, cambiar cualquier defecto, pasarlo de un nivel a otro, pero jamás alterarlo radicalmente. Se necesita de un poder que sea superior a la mente, y ese poder existe en nosotros; quiero referirme, en forma enfática, a la Divina Madre Kundalini... Si uno ha comprendido que tiene tal o cual defecto, si lo ha entendido íntegramente, y en todos los niveles de la mente, entonces debe concentrarse en Devi-Kundalini Shakty, y mediante élla puede eliminar cualquier defecto de tipo psicológico.


Kundalini es la Divina Madre Cósmica; en las religiones se le ha representado como María, o como Tonantzin, Marah, Rea, Cibeles, Adonía, Insoberta, etc.: la Madre Divina, la Madre Cósmica... Ella, en sí misma, es una parte de nuestro propio Ser, pero derivado. Quiero decir con ésto que la Madre Cósmica está dentro de nosotros mismos, ¡aquí y ahora!. Si nosotros imploramos a ese poder, si pedimos a la Madre Divina elimine de nuestra psiquis cualquier defecto de tipo psicológico, élla así lo hará. Es obvio que por tal motivo se desintegrará el defecto en cuestión; mediante la Divina Madre Cósmica, podemos eliminar todos nuestros defectos psicológicos...


Como quiera que la Conciencia está embotellada entre los defectos, eliminados éstos, la Conciencia despertará radicalmente, y entonces podremos ver, oír, tocar y palpar las grandes realidades de los Mundos Superiores. Pero es indispensable no identificarnos con ninguna circunstancia de la vida. Cuando no nos identificamos con tal o cual problema, cuando permanecemos alertas, descubrimos en el problema nuestros propios defectos psicológicos. Normalmente, se ha visto que los problemas obedecen al miedo; el “Yo” del temor mantiene los problemas vivos. Se le teme a la vida, se le teme a la muerte, se le teme al “qué dirán”, al “dicen que se dice”, a la miseria, al hambre, a la desnudez, a la cárcel; a todo se le teme, y debido a ésto los problemas se hacen cada vez más insolubles, más fuertes...


En un problema económico, ¿qué tenemos? La ruina, o que tengamos que pagar determinada deuda, porque si no pagamos nos meten en la cárcel, etc., etc... En un problema de familia, ¿qué tememos? El “dicen que se dice”, la lengua viperina, el escándalo, los intereses creados, etc. Pero si se elimina el “Yo” del temor, ¿en qué queda el problema? Todo se esfuma, se vuelve nada.


Tenemos que pagar el alquiler de una casa: tememos que nos lancen a la calle, hasta pasamos noches desvelados, pensando que el arrendador ha de llegar y sacarnos a la calle. Al fin llega el día, y resulta que el problema se solucionó, quizás por donde menos lo esperábamos. Entonces, ¿en que quedó el problema? Y si no se solucionó la cuestión, si nos echaron a la calle con todos los muebles, etc., ¿qué pasó? En la calle no se quedarán los muebles, alguien tiene que recogerlos. En fin, por allí no faltará, dando vueltas, un lugar donde meternos. ¿Y si los muebles se pierden? Se perdieron, ¿y qué?; ¡más se perdió en el Diluvio! ¿Por qué nos vamos a apegar a unos muebles? No olviden ustedes que todo pasa: pasan las ideas, pasan las personas, pasan las cosas, ¡todo en este mundo es fugaz e ilusorio!.


No debemos identificarnos con las apariencias, porque las apariencias engañan, y eso es obvio... Pensemos en los estados de Conciencia, eso es superlativo!.


Hay una tendencia general de todos a juzgar equivocadamente a todos, ¡y eso es lamentable! ¿Por qué todos juzgan a todos, y equivocadamente? ¿Cuál es el motivo? Sencillamente uno, y muy fácil de comprender. Sucede que cada cual proyecta sus propios defectos. Los defectos que a otros endilgamos, los tenemos muy sobrados nosotros; juzgamos a otros como nosotros somos...


¿Han oído hablar ustedes de la antipatía mecánica? Que de pronto alguien siente antipatía por alguien, sin haber motivo alguno, y entonces dice: “Esta persona me cayó gorda”, pero ¿por qué, si nunca la habíamos visto, si hasta ahora nos la acaban de presentar? ¿Qué sucedió? ¿Por qué nos ha “caído tan gorda” esa persona, si ni la conocemos? Que le vimos la apariencia: es alta, es baja, es gorda, es delgada, tiene la nariz aguileña o la tiene achatada, y ese es motivo ya como para decir que nos “cayó gorda”... ¿Qué ha sucedido? Sencillamente que hemos proyectado sobre nuestra víctima nuestros mismísimos defectos psicológicos. Posiblemente hemos visto en esa persona el defecto más grave que tenemos, y a nadie le gusta verse así, dijéramos, tan escarnecido. La cruda realidad de los hechos es que tal persona se ha convertido en un espejo donde nosotros nos vemos a sí mismos tal cual somos... Si estamos alertas, si no nos identificamos con el evento, con la persona aquélla que nos “cae tan gorda”, si en vez de estarla criticando nos auto-criticamos, si nos auto-observamos para ver qué es lo que está pasando, descubriremos un defecto nuestro, nacido ayer o antier, o quién sabe qué tiempo atrás, en otras existencias, y que se ha reflejado en aquélla persona, y por eso nos “cae tan gorda”... He allí lo que es la antipatía mecánica, absurda en un ciento por ciento.


Nosotros necesitamos aprender a vivir correctamente. El ser humano, ante todo, es un ente político, un “animal político”, y el mismo Hombres es un Hombre político. Si uno no sabe vivir políticamente, se crea problemas en la vida. Uno tiene que aprender a vivir políticamente, y en vez de sentir antipatías mecánicas, vale la pena que nos investiguemos a sí mismos.


En verdad que proyectamos nuestros propios defectos psicológicos sobre los demás. ¿Por qué juzgamos equivocadamente al prójimo?, ¿por qué todos tenemos la tendencia a ver en el prójimo toda clase de defectos? Sencillamente porque proyectamos en el prójimo nuestros propios defectos, los juzgamos equivocadamente, suponemos que fulano es así o “asao”, y resultado que ni es así ni es “asao”, es completamente diferente, y nuestro juicio equivocado, falso... Vemos los hechos ajenos y tenemos la tendencia a interpretarlos erróneamente, nunca somos capaces de ver los hechos ajenos con ecuanimidad, con serenidad, siempre los calificamos equivocadamente. Recuerden ustedes que hay mucha virtud en los malvados y mucha maldad en los virtuosos...


Los defectos que cargamos en nuestro interior nos vuelven injustos para con el prójimo; nosotros nos amargamos a sí mismos la vida con nuestros propio defectos, y lo que es más grave: se la amargamos a los demás. El defecto de los celos, por ejemplo, ¿cuánto daño ha hecho? Existen celos políticos, existen celos de tipo religioso, celos de tipo profesional, celos pasionales, familiares, del hombre por la mujer, de la mujer por el hombre, etc., etc., etc. Ese es un “Yo”, el “Yo” de los celos, y es ciego, no sabe de lógica, no sabe de razonamientos, no entiende nada de Ciencia ni escucha razones. ¡Cuántos casos de muerte se ven por celos..! Los celos profesionales, ¡cuánto daño hacen! Algunos curanderos magníficos, que sabían sanar diversas enfermedades al prójimo, magníficos botánicos, muchas veces fueron a dar a la cárcel. ¿Quién los metió en prisión, si no estaban haciendo mal a nadie, si sólo sanaban al prójimo? Los celos profesionales. ¿De quién? De sus colegas titulados. En el campo profesionista, los celos parecen multiplicarse espantosamente, en círculos y círculos: círculo artístico, círculo político, círculo religioso... Pero en cada círculo hay terribles celos, ¡espantosos!. Sufren los celosos y hacen sufrir también a sus semejantes; los celos han causado muchos daños, gravísimos, y si eso decimos de los celos, ¿qué diremos de todos los otros defectos que tenemos?.


Ahora, las apariencias engañan. Muchas veces juzgamos un acto ajeno en forma equivocada, de acuerdo con nuestros Egos, y el resultado viene a ser precisamente la calumnia. Y todos calumnian a todos, eso ya está demostrado. Hay tendencia siempre a dejarnos llevar por las apariencias: determinado acto puede ser juzgado en una forma, y la realidad correspondiente al mismo es otra. Un hecho cualquiera podría ser juzgado en determinada forma y de cierto modo, y no coincidir el juicio con el hecho, resulta que el hecho tiene otro sentido diferente al juicio. Entonces el juicio sale equivocado, y al haber juicio equivocado se ofende al prójimo, y quien emite el juicio equivocado también se ofende a sí mismo, se causa dolor...


Saber vivir es muy difícil porque vivimos en un mundo de apariencias, ilusorio, y tenemos la tendencia siempre a identificarnos con las apariencias, olvidando lo esencial, que es el Ser; he allí lo grave...


Dentro de nosotros existen factores psicológicos espantosos que ignoramos, y que jamás admitiríamos tener. Ante todo deben recordar ustedes que el “Yo” no es algo, dijéramos, perenne; el “Yo” es una suma, y también una resta, una multiplicación y una división de “elementos inhumanos”. Cada “elemento” de ésos es un “Yo”. Así, pues, no tenemos un solo “Yo”, tenemos muchos “Yoes”, nuestro “Yo” es pluralizado, no singularizado, y eso es algo que ustedes deben comprender; porque existe el “Yo temo”, el “Yo amor”, el “Yo odio”, el “Yo envidio”, el “Yo tengo celos”, el “Yo tengo coraje”, etc., etc., etc. cada uno de esos “Yoes” tiene tres cerebros: el Intelectual, ubicado en la cabeza, el Emocional en el corazón, y el Motor-Instintivo-Sexual en la espina dorsal. Cada uno de esos “Yoes” es una persona diferente. Así, pues, tenemos muchas personas viviendo dentro de nuestra persona...


Lo más grave es que la Conciencia, lo más digno, lo más decente que hay en nosotros, está embotellada entre todas esas personas internas que cargamos, y se procesa la Conciencia en esa forma, de modo subconsciente, en virtud de su propio condicionamiento, es decir, está dormida, ¡y he allí lo grave!. Si tenemos la Conciencia dormida, ¿cómo podríamos en verdad conocernos a sí mismos? Ahora, ¿creen acaso ustedes que alguien que no se conoce a sí mismo puede conocer a los demás?. Si a sí mismos no nos conocemos, ¿cómo podríamos afirmar nosotros que conocemos a los demás, que conocemos a nuestros amigos, que conocemos a las gentes? Si queremos conocer a los demás debemos empezar por conocernos a sí mismos. Más somos necios: ¡no conociéndonos a sí mismos, creemos que conocemos a los demás! ¡Cuán necios somos, cuán absurdos!.


Si nos conociéramos a sí mismos, todo sería distinto. Desgraciadamente, no nos conocemos a sí mismos. Si un hombre no se conoce a sí mismo, si no conoce sus propios Mundos Internos, ¿cómo podría conocer los Mundos Internos del Planeta Tierra, o cómo podría conoce los Mundos Internos del Sistema Solar o de la Galaxia en que vivimos? Si alguien quiere conocer los Mundos Internos de la Tierra, o del Sistema Solar, o de las Galaxias, debe empezar por conocer sus propios Mundos Internos, empezar por conocerse a sí mismo.


¿Cómo podríamos conocernos a sí mismos, si no dirigimos jamás la inteligencia hacia adentro, hacia el interior, si no nos acordamos nunca de nosotros mismos, debido a que estamos fascinados, precisamente con las apariencias de la vida? ¿Cómo podríamos conocernos a sí mismos, si jamás dirigimos la Inteligencia hacia adentro, debido a que estamos fascinados por los distintos eventos, sucesos, acontecimientos que llegan a nosotros? ¿Cómo podríamos conocernos a sí mismos, si nunca dirigimos la Conciencia hacia adentro, debido a que los múltiples problemas de la existencia nos tienen atrapados, los vemos insolubles, creemos que son eternos, no nos damos cuenta de que tienen un principio y un fin; si estamos atrapados por lo que es inestable , por lo que no tiene verdadera realidad, si estamos metidos dentro de una máquina que gira incesantemente?.


Juzgamos a los demás de acuerdo a como somos (he allí el por qué de tantos y tantos errores), y no coinciden nuestros juicios con los eventos que mal interpretamos, sean éstos propios o ajenos.


Obviamente, estamos metidos dentro de una máquina que gira incesantemente, pero andamos sonámbulos, inconscientes, dormidos, nada sabemos sobre sí mismos, porque nunca nos acordamos de sí mismos, de nuestro propio Ser; tenemos la mente demasiado ocupada en las cosas ilusorias, en lo que es pasajero; estamos en un “estado de coma” espantoso.


Reflexionen en esto: primero, no nos conocemos a sí mismos; segundo, proyectamos nuestros defectos psicológicos sobre los demás, vemos en los demás nuestros propios defectos; tercero, juzgamos equivocadamente las acciones de los demás; cuarto, tales acciones no coinciden con el juicio que nosotros emitimos, y quinto, el juicio que nosotros emitimos, es en verdad el propio defecto psicológico que sobre el prójimo hemos proyectado. Conclusión: el prójimo nos está sirviendo de espejo, pero nosotros no nos damos cuenta, en nuestra inconsciencia, de que el prójimo está únicamente reflejando nuestros propios defectos, nuestro propio “Yo” psicológico; el prójimo es un espejo donde nosotros nos reflejamos, mas no comprendemos que el reflejo que hay en el espejo nuestro propio reflejo, ni siquiera nos damos cuenta de que nos estamos reflejando en el prójimo; antes bien, estamos tan identificados con el evento, con el suceso, con las circunstancias, que ni remotamente se nos ocurre reflexionar en todas estas cuestiones; vivimos en un estado de fascinación, de inconsciencia; vivimos en el sueño psicológico...


Si en estos asuntos de la vida práctica, terrenales diríamos, andamos tan inconscientes, ¿qué podríamos decir nosotros con respecto a las celestiales?. En verdad que podríamos mal interpretar todos los postulados de la Ciencia Hermética; podríamos mal interpretar, debido a nuestros juicios erróneos, las actitudes de los otros Iniciados, la vida de los Adeptos, etc.; podríamos mal interpretar, debido a nuestro estado de inconsciencia, hasta el mismo Drama Cósmico, y obviamente el Drama Cósmico, tal como está estipulado en los cuatro Evangelios, ha sido mal interpretado.


¿Por qué podríamos interpretar erróneamente la vida de los Adeptos de la Blanca Hermandad, o por qué podríamos mal interpretar el Drama Cósmico? ¿Por qué podríamos mal interpretar los postulados de la Sabiduría Hermética, etc.?. Por un solo motivo: porque nuestro juicio no es libre, es un juicio condicionado por nuestros propios defectos; nuestro juicio es el resultado del embotellamiento psicológico en el que nos encontramos; nuestro juicio es, dijéramos, la proyección de nuestros propios defectos.


Proyectamos nuestros defectos sobre los cuatro evangelios, los proyectamos sobre los postulados de la Ciencia Hermética, o los proyectamos sobre los actos de los Iniciados, sobre la vida de los Adeptos, etc. Así que, para las cosas celestiales no estamos preparados; proyectamos, y una mente que proyecta sus propios errores no es una mente libre, no es una mente que pueda aprehender, capturar la realidad de las cosas, la realidad de los fenómenos, de los hechos, de las circunstancias que por todas partes nos rodean. Una mente así, si no sirve para comprender las cosas terrenales, ¿cómo serviría para comprender la vida de los grandes Iniciados, las cosas celestiales? Incuestionablemente fallaría, porque si lo terrenal no se puede entender, mucho menos lo celestial...


Así, hay que repetirlo: lo primordial en la vida es no dejarnos llevar por las apariencias, no dejarnos fascinar por los eventos, por las circunstancias; antes bien, debemos estar alertas para descubrir, en tales eventos, nuestros propios defectos de tipo psicológico.


Cada circunstancia de la vida, ya sea ésta en la casa, en la calle, en donde sea, nos brinda maravillosas oportunidades, y si estamos alertas y vigilantes, como el vigía en época de guerra, logramos aprehender nuestros propios defectos, que se proyectan sobre el prójimo.


El prójimo es el espejo donde podemos ver nuestros mismos defectos. Si vamos por la calle y vemos a un ebrio, a un borrachito, ¿qué hacemos, por qué burlarnos del borrachito?. Antes bien, debemos decir: “Ahí voy yo, ese borracho soy yo; vean cómo hago pantomimas, cuán cómico soy; ese soy yo, allí voy”...


Debemos aprender a vernos en los demás; si percibimos allá un individuo que “truena y relampaguea”, que “rasga sus vestiduras” como Caifás, debemos decir: “He allí yo, allí estoy. Sí, cuán iracundo soy, cómo rasgo mis vestiduras, cómo blasfemo, ¡ese soy yo!”. En verdad estamos reflejándonos sobre los demás, en el prójimo nos estamos reflejando...


“¡No es verdad!”, podrían decir ustedes en forma enfática; tal vez objetarme: “¡No, yo no soy un ladrón, yo no soy un asaltador de casa; yo no me subiría jamás a la azotea, meterme en una casa ajena para robar los dineros o las joyas!”. Así dirían, ¿verdad?. Juzgaríamos al ladrón diciendo: “¡Ladrón es, a la cárcel con el!”, más sucede que dentro de nosotros también existen “Yoes” ladrones; no los conocemos, no los hemos descubierto, pero existen... Ahí sí es como dijo Galileo: “Per se muove, se muove”, es decir, “pero se mueve, se mueve”... Cuando a Galileo le preguntaron: “¿Jura usted que la Tierra no es redonda y no se mueve?”, entonces dijo: “¡Juro, per se muove, se muove!”, es decir “pero se mueve, se mueve; lo juro, pero se mueve, se mueve. Así dijo Galileo, y evitó que lo quemaran vivo en la hoguera de la Inquisición...


Así, podemos decir que nosotros no tenemos el “Yo” del robo; habrán personas tan honradas que sean incapaces de quitarle un centavo a nadie, y sin embargo tienen el “Yo” del robo; ésto es increíble, pero cierto; algún día lo descubrirán... ¿Cómo podríamos pensar que una dama virtuosa, magnífica esposa, por ejemplo, tenga un “Yo” de prostitución? Increíble, ¿no?. Pero no vamos tan allá; pensemos en una niña pequeña, que es todavía más escandaloso. Que una niña de 12 años, inocente, bien criada religiosamente tenga el “Yo” del prostíbulo, es algo que causa asco. Dirán ustedes: “¡Imposible, absurdo!”, más sí puede ser. Recuerden también ustedes que así como hay una Luna allá arriba, brillando entre el firmamento, y que tiene dos caras: una iluminada y otra escondida, oculta, que nunca se ve, así también hay una luna psicológica dentro de cada uno de nosotros, con dos caras, la que se ve y la que no se ve, la manifiesta y la oculta. En la cara manifiesta de esa LUNA PSICOLÓGICA tenemos los defectos que a simple vista resaltan: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula etc., etc., etc., y “otras tantas yerbas”; pero detrás de esa LUNA PSICOLÓGICA, tras esa cara que siempre se ve, que a simple vista se ve, existe la parte oculta de nuestra LUNA PSICOLÓGICA, la que no se ve; allí tenemos defectos que ignoramos, allí todos resultamos Magos Negros, allí todos resultamos brujos, hechiceros; allí resultamos ladrones, allí las damas aristocráticas resultan prostitutas, etc., etc., etc. En esa cara oculta de la Luna, que no se ve, de la LUNA PSICOLÓGICA, hay “Yoes” de prostitución, hay “Yoes” de adulterio, hay “Yoes” de asesinato, hay “Yoes” de robo, etc., etc., etc.; “Yoes” que normalmente ignoramos, porque si alguien nos dijera que tenemos tal o cual “Yo” de esos, nos ofenderíamos, no lo aceptaríamos de ninguna manera, más sí los tenemos... Si a un santo del Nirvana se le dijese que él tiene todavía “Yoes” del asesinato, o de la prostitución, o del robo, se ofendería terriblemente; el santo nos bendeciría diciendo: “Que Dios te perdone, hijo mío; estás perdonado, no guardo rencor contra ti; pero se, hijo mío, que yo no tengo nada de eso”... ¿Por qué? Porque no es mas que un santo. En esa forma, aquel santo detiene su avance hacia el Eterno Padre Cósmico Común, y muchos son los santos que así están, detenidos en su avance; porque en verdad, aunque sean del Nirvana, en la cara oculta de la Luna que no se ve, en esa cara oculta de la LUNA PSICOLÓGICA, cargan todos esos “Yoes”, y ésto es lo que no entienden muchos; ésto es en verdad lo grave; todos tenemos tendencia a justificarnos, a dejarnos llevar por las apariencias. En cuanto a mí se refiere, ni soy santo ni me interesa ser santo. ¿Por qué no me interesa ser santo? Porque me detendría en mi progreso esotérico. Se muy bien que en la parte oculta de mi LUNA PSICOLÓGICA, tienen que existir (indubitablemente que existen) “Yoes” de tiempos antiguos, escondidos entre las tinieblas... Eso lo sé, y sé también que sólo penetrando heroicamente, con la espada en la mano, en esa zona de nuestra LUNA PSICOLÓGICA, podremos en realidad de verdad eliminar los defectos de esa parte visible de la LUNA PSICOLÓGICA, esos defectos que resaltan, que a simple vista se ven. Ya cuando se trata de penetrar en la parte oculta de la LUNA PSICOLÓGICA, en la parte escondida, se requiere un esfuerzo mayor; eso pertenece ya a la INICIACIÓN DE JUDAS, corresponde a la PASIÓN DEL SEÑOR. Nadie podría penetrar en esas zonas sin empuñar la Lanza en la “Forja de los Cíclopes”, es decir, en la “Novena Esfera”... ¿Misterios? ¡Sí, y muy grandes! El santo no llega tan lejos: se contenta con eliminar los “Yoes-Defectos” que posee en la cara visible de su LUNA PSICOLÓGICA; se beatifica, de allí no pasa, y entonces se estanca. He allí el motivo por el cual yo no soy santo, ni quiero ser santo; únicamente amo la comprensión, y eso es lo fundamental: la comprensión de sí mismos...


En realidad de verdad, el Adepto está más allá de los santos; cuando alguien dice: “los santos Maestros”, ese alguien está equivocado, pues los Maestros están más allá de los santos. Primero está el profano, luego el santo y después el Maestro; el Maestro está más allá de la ESFERA DE LOS SANTOS; en el Maestro está la sapiencia, más es posible juzgar equivocadamente a los Maestros, a los Adeptos, pues tenemos siempre tendencia a proyectar, hasta sobre los Adeptos, nuestros propios defectos de tipo psicológico. Si juzgamos equivocadamente a los Adeptos, sobre éllos también lanzamos nuestros juicios equivocados; porque si no es posible juzgar rectamente los actos del prójimo común y corriente, mucho menos es posible juzgar los actos de los Adeptos, en forma correcta. Normalmente tenemos la tendencia de tirar lodo contra los Adeptos; así como tiramos lodo contra nuestro prójimo, también tiramos lodo contra los Adeptos de la Blanca Hermandad; por eso éstos han sido crucificados, envenenados, metidos en prisiones, apuñaleados, perseguidos... Es muy difícil juzgar a un Adepto; si no debemos juzgar al prójimo, mucho menos deberíamos juzgar a un Adepto.


Así que, los invito esta noche a la reflexión, a no dejarse llevar jamás de las apariencias, porque las apariencias engañan; a no endilgar nuestros defectos a nadie. Y hasta aquí mis palabras...


Samael Aun Weor.




Publicado: 03/05/2017, 03:52pm | Vistas: 433





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