El sentido de la Auto-Observación Psicológica
“Con todo esto, ¿qué es lo que queremos? ¡Despertar conciencia! Es verdad, eso es lo que queremos: DESPERTAR”
“En el mundo oriental no se ignora que la gente está dormida (nadie lo ignora), pero en el mundo occidental la gente cree que está despierta, y sin embargo hacen cosas que no quieren hacer: se lanzan a la guerra, pero no quieren ir a la guerra; siempre van, aunque no quieran. ¿Por qué? Porque están hipnotizadas”.
SAMAEL AUN WEOR, conferencia titulada “Cómo cambiar la manera de pensar”.
“Las gentes se quejan de todo, sufren, lloran, protestan, quisieran cambiar de vida, salir del infortunio en que se encuentran, pero desafortunadamente no trabajan sobre sí mismas”.
1.- EL CAMBIO RADICAL
Necesitamos modificar el drama de nuestra propia vida, necesitamos hacernos libres, empero tal libertad no sería posible si no modificáramos, si no cambiáramos nuestra propia vida.
Incuestionablemente, si un hombre es lo que es su vida, cambiando su vida cambia el hombre, pero hay que trabajar sobre sí mismos para poder cambiar la vida. So sería posible hacernos verdaderamente libres, en el sentido más completo de la palabra, si no establecemos dentro de nosotros mismos un cambio radical.
Siempre estamos yendo y viniendo, repitiendo exactamente lo mismo. Hay necesidad de emanciparnos de esa incesante repetición, es urgente liberarnos radicalmente de esa mecanicidad: de una vida sin cambios, o de un hombre sin cambios (siempre el mismo dolor, los mismos errores, el mismo sufrimiento). Todo esto hay que transformarlo, si es que anhelamos, en verdad, la auténtica y legítima felicidad...
Dentro de cada uno de nosotros existe (ciertamente) un elemento valioso: la ESENCIA, la CONCIENCIA. Esta esencia originalmente desciende de la “Vía Láctea”, y después de haber pasado por el SOL, penetra en nuestro interior. Desgraciadamente, ella se encuentra enfrascada entre toda esa diversidad de “elementos inhumanos” que constituye el “yo”, el mi mismo, el sí mismo. Desarrollar la Esencia es indispensable cuando queremos despertar conciencia, más eso sólo sería posible desintegrando el “yo”, el “mi mismo”.
Con mucho dolor percibo que muchos aspirante quieren “grados”, anhelan iniciaciones, poderes, etc., pero olvidan lo más importante: la muerte del “mi mismo”. El cambio no sería posible si algo no muere en nosotros, porque sólo con la MUERTE adviene lo nuevo.
A medida que vamos eliminando de nuestra psiquis a los “elementos indeseables”, la Esencia se va desarrollando, desenvolviendo, y cuando hayamos conseguido la disolución radical del ego, dicha Esencia (completamente emancipada) estará ILUMINADA, DESPIERTA.
Moisés dice en “El Génesis”. “HÁGASE LA LUZ!”, Y LA LUZ FUE HECHA”... indubitablemente, LUZ y CONCIENCIA son lo mismo. Cuando la Conciencia está dormida, hay tinieblas. La conquista de esa Luz sólo es posible despertando, y tal despertar sería algo más que imposible si no MORIMOS EN SI MISMOS, es decir, si no disolvemos el “yo”.
Los Evangelios cristianos insisten en la necesidad de despertar, pero las gentes no saben cómo han de despertar.
La oración de Jesús, titulada el “Padre Nuestro”, tiene una clave muy interesantes que a la letra dice: “El pan nuestro de cada día, dádnoslo hoy”... ¿A qué clase de “pan” se refiere Jesús, el Gran Kabir? Es ostensible que no se reviere al pan integral que venden en las panaderías. No, se refiere al “PAN DE LA SABIDURIA”, al “PAN ESPIRITUAL” que desciende de lo algo, al “PAN Super-Substancial”. Trabajando sobre nosotros mismos diariamente, comeremos de ese “PAN”, y con él despertaremos nuestra Conciencia.
Cuando uno estudia los cuatro Evangelios, encuentra en ellos cosas maravillosas. Se dice allí que el Gran Kabir Jesús “devolvía la vista a los ciegos, el oído a los sordos, la palabra a los mudos”, etc. Pero hay que saber entender todo esto. Ese “abrir los ojos” se refiere a aquellos que no querían ver las cosas del Espíritu, a hacer entender la palabra de Dios a aquellos que eran “sordos” para escuchar la enseñanza, y que gracias a la sabiduría del Maestro se convirtieron en sus seguidores, aprendieron a escuchar esa sabiduría a ver el camino, a hablar la palabra del espíritu, porque hasta esos momentos sólo articulaban las frases del ego. Gracias pues a la Enseñanza Crística del Maestro, pudieron disolver el ego para parlar el LENGUAJE DE LA LUZ...
“Y muchos muertos resucitaron”. Es claro que primero hay que MORIR EN SI MISMOS, para poder luego RESUCITAR DE ENTRE LOS MUERTOS. Sólo muriendo en nosotros mismos, aquí y ahora, alcanzaremos un día la RESURRECCIÓN preconizada por el Maestro de Maestros.
Si el grano no muere, la planta no nace. Es indispensable que todos esos “agregados psicológicos” que en nuestro interior cargamos (es decir, hábitos, vicios, defectos, etc.), mueran para que habite en nosotros lo mejor, esto es: el ESPÍRITU, el SER, que da vida y sabiduría.
2.- NO SOMOS SIEMPRE LOS MISMOS.
El mayor error del pseudo-esoterismo o pseudo-ocultismo barato, es suponer que los otros poseen, o que uno mismo posee, un yo permanente e inmutable, sin principio ni fin”.
“Si esos que así piensan despertaran conciencia, aunque fuese por un instante, podría evidenciar claramente, por sí mismos, que el humanoide racional nunca es el mismo por mucho tiempo, que el mamífero racional, desde el punto de vista psicológico, está cambiando continuamente”.
“Pensar que una persona que se llama Luis, es siempre Luis, resulta algo así como una broma de muy mal gusto”.
“Ese sujeto, a quien se llama Luis, tiene en sí mismo otros YOES, , otros ESOS que se expresan a través de su personalidad en diferentes momentos y aunque Luis no guste de la codicia, otro yo en él (llamémosle Pepe), sí gusta de la codicia, y así sucesivamente”.
“Ninguna persona es la misma en forma continua. Realmente, no se necesita ser muy sabio para darse cuenta cabal de los innumerables cambios y contradicciones de cada sujeto”.
Dentro de cada uno de nosotros hay muchas gentes; cada defecto psicológico está personificado por algún “yo”.
El “yo que hoy jura amor eterno a una causa, es más tarde desplazado por cualquier otro “yo” que “no tiene velas en el entierro”, como se dice, y entonces el castillo de naipes se va al suelo.
Ostensiblemente, y en nombre de la verdad, tenemos que decir que los “humanoides” no tienen, en realidad, un sentido de responsabilidad moral. El “yo” que hoy dice algo, mañana es desplazado y otro “yo” desdice lo que dijo el primero.
Nadie permanece, ni siquiera media hora, siendo el mismo. Hasta sería delictuoso pensar que una persona fuese la misma siempre (sería abusar de la persona y abusar de sí mismo).
Así, pues, dentro de nosotros viven muchas gentes: gente que entra, gente que sale, pero distintas, diversas...
En algunas escuelas de tipo pseudo-esotérico o pseudo-ocultista, se habla de La Mente, se enseñan prácticas “para controlar la Mente”, etc. Pero yo digo: ¿Cuál mente?, ¿a qué mente se refieren las escuelas de tipo pseudo-esoterista o pseudo-ocultista? Cada “yo” tiene su propia Mente y eso está demostrado.
Se habla, pues de una mente, cuando en realidad de verdad tenemos MUCHAS MENTES. Cada “yo” tiene su propio criterio, sus propias ideas, sus propios pensamientos. Cada “yo” lucha por la supremacía, quiere controlar nuestro cuerpo, se hace amo y señor del cerebro, del corazón y de los centros motor-instintivo-sexual. Cada “yo” controla a la máquina y éste es un aspecto que se encuentra fuera de toda duda...
Se habla de una “voluntad individual” y hay escuelas y hay escritores que pregonan, a los cuatro vientos, la necesidad de desarrollar el poder grandioso de la voluntad”. Pero, ¿a cuál voluntad se está refiriendo? Cada “yo” tiene su propia voluntad” y hasta chocan entre sí las “voluntades de los yoes”.
Así, pues, a qué voluntad se refieren los distintos escritores de tipo pseudo-esoteristas y pseudo-ocultista? El “humanoide intelectual” no tiene una voluntad propia, individual.
Así que, mis queridos hermanos gnósticos, es bueno que ustedes sepan que somos simples máquinas, movidas por diversos “yoes”; simples marionetas, controladas por hilos invisibles.
Considero impostergable auto-observarnos diariamente, en el terreno de la vida práctica, con el propósito evidente de auto-descubrirnos. Cuando uno se observa a sí mismo, se auto-descubre. Cualquier acontecimiento normal de la existencia, puede servirnos de espejo para vernos de cuerpo entero, tal como somos.
Así, pues, es indispensable auto-observarnos de instante en instante. Cuando uno se auto-observa, se descubre. Y es precisamente en la inter-rrelación, en la convivencia, donde podemos nosotros auto-descubrirnos. En la convivencia, los defectos que llevamos escondidos afloran naturalmente, espontáneamente, y si estamos alertas y vigilantes, como el vigía en época de guerra, entonces los descubrimos.
3.- ¿EN QUE CONSISTE EL TRABAJO ESOTERICO SOBRE SI MISMOS?
“La Conciencia sólo puede ser despertada mediante trabajos conscientes y padecimientos voluntarios”.
“El trabajo sobre sí mismos es la característica fundamental del CAMINO VERTICAL. Nadie podría hollar la senda de la gran rebeldía, si jamás trabájase sobre sí mismo.
El trabajo, al cual nos estamos refiriendo, es de tipo psicológico y se ocupa de cierta transformación el momento presente en que nos encontramos (necesitamos aprender a vivir de instante en instante)
Por ejemplo: una persona que se encuentra desesperada por algún problema sentimental, económico o político, obviamente se ha olvidado de sí misma. Tal persona, si se detiene un instante, si observa la situación y trata de recordarse a si misma; si luego se esfuerza en comprender el sentido de su actitud, si reflexiona un poco, si piensa en que todo pasa, en que la vida es ilusoria, fugaz, y que la muerte reduce a cenizas a todas las vanidades del mundo; si comprende que su problema es una llamarada, un fuego fatuo que rápidamente se apaga, verá de pronto, con sorpresa, que todo ha cambiado...
Transformar reacciones mecánicas es posible mediante la confrontación lógica y la auto-reflexión íntima del Ser.
Es evidente que las gentes reaccionan mecánicamente, frente a las diversas circunstancias de la vida.
¡Pobres gentes: suelen siempre convertirse en víctimas! Cuando alguien las adula, sonríen; cuando las humillan, sufren; insultan si se les insulta, hieren si se les hiere. ¡Nunca son libres: sus semejantes tienen poder para llevarles de la alegría a la tristeza, de la esperanza a la desesperación!
Todos nosotros sabemos que tenemos dentro a eso que se llama “Ego”, “sí mismo”. Desgraciadamente, la esencia se encuentra embotellada, enfrascada entre el ego, y esto es lo lamentable.
Disolver el yo psicológico, desintegrar sus elementos indeseables, es el sentido del trabajo sobre si mismos.
Nunca podríamos liberar a la Esencia sin desintegrar previamente, el yo psicológico.
En la esencia está la Religión, El Buddha, la Sabiduría, las partículas de dolor de nuestro Padre que está en secreto y todos os datos que necesitamos para la auto-realización íntima del Ser.
A medida que uno trabaja sobre sí mismo, va comprendiendo cada vez más y más la necesidad de eliminar radicalmente de su naturaleza interior, todo eso que nos hace tan abominables.
Necesitamos reducir a cenizas la crueldad monstruosa de estos tiempos; a la envidia, que desgraciadamente ha venido a convertirse en el resorte secreto de la acción; a la codicia insoportable, que ha vuelto la vida tan amarga; a la asqueante maledicencia, a la calumnia que tantas tragedias origina; a las borracheras, a la tremenda lujuria que huele tan feo, etc., etc., etc.
A medida que todas esas abominaciones se van reduciendo a polvareda cósmica, la esencia (además de emanciparse) crecerá y se desarrollará armoniosamente.
Incuestionablemente, cuando el yo psicológico ha muerto, resplandece en nosotros la esencia.
La esencia libre nos confiere belleza intima. De tal belleza emanan la felicidad y el verdadero amor.
La esencia posee múltiples sentidos de perfección y extraordinarios poderes naturales.
Cuando MORIMOS EN SI MISMOS, cuando disolvemos el yo psicológico, gozamos de los preciosos sentidos y poderes de la esencia.
4.- LOS SENTIDOS Y LOS PODERES INTERNOS.
“La esencia, embutida entre el mismo, es el genio de la lámpara de Aladino, anhelando libertad, libre el genio, puede realizar prodigios”.
“La esencia es VOLUNTAD-CONCIENCIA, desgraciadamente procesándose en virtud de nuestro propio condicionamiento”.
“Cuando la voluntad se libera, entonces se mezcla, se fusiona, se integra con la Voluntad Universal, haciéndose por esto soberana”...
“Quien posee voluntad, libre de verdad, puede originar nuevas circunstancias. Quien tiene su voluntad embotellada entre el yo pluralizado, es víctima de las circunstancias”.
“Nadie podría llegar a la ILUMINACIÓN REAL, ni ejercer el sacerdocio absoluto de la VOLUNTAD-CONCIENCIA, si previamente no hubiera muerto en sí mismo, aquí y ahora”.
“Eliminar errores es algo mágico, maravilloso de por sí, que implica rigurosa auto-observación psicológica”.
“Ejercer poderes es posible cuando se libera, radicalmente, el poder maravilloso de la voluntad”.
Se nos ha dicho que existen los sentidos internos (no lo negamos). Obviamente, hay más sentidos internos que externos.
Las distintas escuelas tienen métodos para desarrollar poderes, para desarrollar los sentidos íntimos, los sentidos internos, pero en verdad les digo, mis caros hermanos, que si queremos nosotros desarrollar los sentidos internos, debemos empezar por desarrollar el sentido de la observación de sí mismos, es decir, la auto-observación.
El sentido ese está latente en cada uno de nosotros más hay que desarrollarlo. El desarrollo solamente, es posible a base de práctica.
Conforme nosotros vayamos usando tal sentido, por si mismo éste se irá desarrollando, y a medida que progresemos en la observación de sí mismos, otros sentidos van también haciéndose manifiesto, y al fin (el día en que mediante la auto-observación íntima nos hayamos conocido a fondo, íntegramente, y en todos los departamentos de la mente y del corazón), los múltiples sentidos internos que poseemos se harán manifiestos, se desenvolverán preciosamente. He allí el por qué se nos ha dicho: “NOSCE TE IPSUM” (Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses”)...
Las gentes comunes y corrientes viven atrapadas por los sentidos externos. Sin embargo, hay gentes que ya tienen establecido, en sí mismas, un Centro de Gravedad Permanente (son aquellas personas que en vidas anteriores estuvieron en estos estudios).
Esas personas buscarán la Enseñanza, la anhelarán, sentirán que más allá del mundo de los sentidos externos hay algo. Y no se equivocan: mucho más allá de estos sentidos (mediante los cuales nos ponemos en contacto con el mundo exterior), encontramos nosotros a la esencia.
En la esencia está lo mejor que posemos (la esencia es la Conciencia), es lo más decente, lo más digno de nuestro Ser...
Muchos son los que se preocupan por los poderes mágicos. Yo digo a ustedes que la ESENCIA DESPIERTA posee, en sí misma, bellísimas facultades. Lo que necesitamos es desarrollar la Esencia y uno no podría desarrollarla a menos que trabaje sobre sí mismo.
Cuando en verdad nos preocupamos por eliminar (de nuestra naturaleza íntima) nuestros defectos psicológicos: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc., la Esencia, naturalmente, comienza a desarrollarse maravillosamente.
Con la muerte radical del yo, del mi mismo, del si mismo, la Esencia queda absolutamente libre y una esencia libre, manifestándose a través de un cuerpo humano, a través de un cerebro (o de tres cerebros, porque realmente no sólo tenemos el cerebro intelectual, sino que también tenemos el cerebro emocional y el cerebro motor), será una Esencia naturalmente preciosísima, y resplandecerán (en la misma) los poderes de la clarividencia, de la clariaudiencia, de la telepatía, las facultades para el desdoblamiento astral y muchísimos otros sentidos íntimos que sería largo de enumerar.
Así, pues, el camino para conseguir poderes es el de la MUERTE. Por algo se nos ha dicho: “Si el germen no muere, la planta no nace”...
Cuando nosotros morimos en si mismos, cuando este “querido ego” que llevamos dentro se vuelve polvo, los poderes afloran porque surge la Esencia (surge la esencia libre). La esencia libre goza de muchísimas facultades, de preciosos sentidos, de capacidades asombrosas.
Existen también múltiples organizaciones diversas organizaciones: escuelas, etc.) para desarrollar “chacras”, para conseguir poderes mágicos. Algunas de esas instituciones enseñan, definitivamente, prácticas que podríamos calificar de “negras”.
En verdad podemos afirmar, mis queridos hermanos, que si solamente nos preocupáramos por desarrollar poderes y no aniquilamos al mi mismo, al sí mismo, al yo de la psicología, lo más que podría suceder es que nos convirtamos en MAGOS NEGROS.
Las Sagradas Escrituras han hablado muy claro; el Evangelio ha dicho: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura”...
Desgraciadamente, el noventa y siete por ciento de la esencia está embotellada entre los diversos “elementos” que constituyen el ego, el yo. Necesitamos desarrollar la esencia, desembotellarla, desenfrascarla. Cuando lo logremos, múltiples poderes naturales, Divinales, se expresarán en nosotros con toda su belleza y con todo su esplendor. No necesitamos, pues “afanarnos” por conseguir poderes; lo que debemos “afanarnos” es por MORIR EN SI MISMOS, aquí y ahora, porque “sólo con la muerte adviene lo nuevo”.
Observen ustedes la vida de los grandes místicos cristianos: no se preocuparon por conseguir poderes; solamente se preocuparon por la santidad, por ir eliminando, cada uno sus defectos psicológicos, por ir muriendo en sí mismos, y a medida que lo iban logrando, múltiples facultades supra-normales se iban expresando en ellos. A éstos se les conoció siempre como “santos “ y de ellos hay muchos y de los más diversos orígenes, ya de Oriente o de Occidente.
5.- ¿QUÉ ES, EN SI MISMO, EL SENTIDO DE LA AUTO-OBSERVACIÓN PSICOLÓGICA?
El sentido de la auto-observación psicológica, en sí mismo, es la CLARIVIDENCIA, es la IMAGINACIÓN CONSCIENTE, o TRASLÚCIDO”.
El sentido de la auto-observación íntima se encuentra atrofiado en todo ser humano. Trabajando seriamente, auto-observándose de momento en momento, tal sentido se desarrollará en forma progresiva.
Las peores circunstancias de la vida, las situaciones más críticas, los hechos más difíciles, resultan siempre maravillosos para el auto-descubrimiento.
En esos momentos insospechados, críticos, afloran siempre (y cuando menos lo pensamos) los “yoes” más secretos, y si estamos alertas incuestionablemente los descubrimos.
Las épocas más tranquilas de la vida, son precisamente las menos favorables para el trabajo sobre sí mismos.
Existen momentos de la vida demasiado complicados, en los que uno tiene marcada tendencia a identificarse fácilmente con los sucesos y a olvidarse completamente de sí mismo. En esos instantes, hace uno tonterías que a nada conducen; pero si se estuviese ALERTA, si en esos momentos (en vez de perder la cabeza) se ACORDASE DE SI MISMO, descubriría con asombro ciertos “yoes” de los cuales jamás tuvo ni la más mínima sospecha de su posible existencia.
A medida que el sentido de la auto-observación prosiga su desarrollo, mediante el uso continuo, nos iremos haciendo cada vez más capaces de percibir (en forma directa) aquellos “yoes” sobre los cuales jamás tuvimos datos alguno relacionado con su existencia.
Ante el sentido de la auto-observación íntima, cada uno de esos “yoes” que en nuestro interior habitan, asumen (realmente) ésta o aquella figura, secretamente afín con el defecto personificado por la misma. Indubitablemente, la imagen de cada uno de estos “yoes” tiene cierto SABOR PSICOLÓGICO inconfundible, mediante el cual aprehendemos, capturamos, atrapamos instintivamente su naturaleza íntima y el defecto que le caracteriza.
En principio, el esoterista no sabe por dónde empezar siente la necesidad de trabajar sobre sí mismo, pero se haya completamente desorientado.
Aprovechando los momentos críticos, las situaciones más desagradables, los instantes más adversos, si estamos alertas, descubriremos nuestros defectos sobresalientes, los “yoes” que debemos desintegrar urgentemente.
A veces puede empezarse por la IRA, o por el AMOR PROPIO, o por el desdichado segundo de LUJURIA, etc.
Es necesario tomar nota, sobre todo de nuestros estados psicológicos diarios, si es que en verdad queremos un cambio definitivo.
Antes de acostarnos, conviene que examinemos los hechos ocurridos en el día, las situaciones embarazosas, la carcajada estruendosa de Aristófanes y la sonrisa sutil de Sócrates, porque puede que hayamos herido a alguien con una carcajada, o puede que hayamos enfermado a alguien con una sonrisa, o con una mirada fuera de lugar.
Recordemos que en Esoterismo Puro, “bueno” es todo lo que está en su lugar; “malo” es todo lo que está fuera de lugar.
El agua, en su lugar es buena, pero si ésta inundara la casa, estaría fuera de lugar, causaría daños, sería mala y perjudicial.
Cualquier virtud, por santa que sea, en su lugar es buena; fuera de su lugar, es mala y perjudicial. Con las virtudes podemos dañar a otros; es indispensable colocar las virtudes en su lugar correspondiente.
¿Qué diríais de un sacerdote que estuviese predicando la palabra del Señor dentro de un prostíbulo? ¿Qué diríais de un varón, manso y tolerante, que estuviese bendiciendo a una cuadrilla de asaltantes que intentasen violarle la mujer y las hijas? ¿Qué diríais de esa clase de tolerancia llevada al exceso? ¿Qué diríais sobre la actitud caritativa de un hombre, que en vez de llevar comida a su casa, repartiese el dinero entre mendicantes del vicio? ¿Qué opinaríais sobre el hombre servicial, que en un instante dado prestase un puñal a un asesino?
Recordad, querido lector, que entre las cadencias del verso también se esconde el delito. Hay mucha virtud en los malvados y hay mucha maldad en los virtuosos.
Aunque parezca increíble, dentro del mismo perfume de la plegaria también se esconde el delito. El delito se disfraza de santo, usa las mejores virtudes, se presenta como mártir, y hasta oficia en los Templos Sagrados...
A medida que el sentido de la auto-observación íntima se desarrolla en nosotros, mediante el uso continuo, podremos ir viendo todos esos “yoes” que sirven de fundamento básico a nuestro temperamento individual, ya sea (este último) sanguíneo o nervioso, flemático o biliosa.
Aunque usted no lo crea, querido lector, detrás del temperamento que poseemos, se esconden (entre las más remotas profundidades de nuestra psiquis) las creaciones diabólicas más execrables.
Ver tales creaciones, observar esas monstruosidades del infierno (dentro de las cuales se halla embotellada nuestra mismísima Conciencia), se hace posible con el desarrollo siempre progresivo del sentido de la auto-observación íntima.
En tanto un hombre no haya disuelto esas creaciones del infierno, esas aberraciones de sí mismo, indubitablemente en lo más hondo, en lo más profundo, continuará siendo algo que no debería existir: una deformidad, una abominación.
Lo más grave de todo esto es que el abominable no se da cuenta de su propia abominación: se cree bello, justo, buena persona, y hasta se queja de la incomprensión de los demás, lamenta la ingratitud de sus semejantes dice que no le entienden, llora afirmando que le deben, que le han pagado con “moneda negra”, etc.
El sentido de la auto-observación íntima nos permite verificar, por sí mismo y en forma directa, el trabajo secreto mediante el cual (en un tiempo dado) estamos disolviendo tal o cual “yo”, tal o cual defecto psicológico, descubierto en condiciones difíciles y cuando menos lo sospechábamos.
¿Has pensado tú alguna vez en la vida sobre lo que más te agrada o desagrada? Tú, ¿Has reflexionado sobre los resortes secretos de la acción? ¿Por qué quieres tener una bella casa? ¿Por qué deseas tener un coche último modelo? ¿por qué quieres estar siempre a la última moda? ¿Por qué codicias no ser codicioso? ¿Qué es lo que más te ofendió en un instante dado? ¿Qué es lo que más os halagó ayer? ¿Por qué os sentisteis superior a fulano, o fulana de tal, en un instante dado? ¿A qué hora te sentiste superior a alguien? ¿Por qué te engreíste al relatar tus triunfos? ¿No pudiste callar, cuando murmuraban de otra persona conocida? ¿Recibiste la copa de licor por cortesía? ¿Aceptaste fumar, tal vez no teniendo el vicio, por el concepto de educación o de hombría? ¿Estás seguro de haber sido sincero en aquella conversación? Y cuando te justificas a ti mismo, y cuando te alabas, y cuando cuentas tus triunfos y los relatas, repitiendo lo que antes dijiste a los demás, ¿comprendiste que eres vanidoso...?
El sentido de la auto-observación íntima, además de permitirte VER CLARAMENTE el “yo” que estás disolviendo, te permitirá VER también los resultados patéticos y definidos de tu trabajo interior.
En principio estas creaciones del infierno, estas aberraciones psíquicas que desgraciadamente te caracterizan, son más feas y monstruosas que las bestias más horrendas que existen en el fondo de los mares, o en las selvas más profundas de la Tierra. Conforme avances en tu trabajo, podrás evidenciar (mediante el sentido de la auto-observación interior) el hecho sobresaliente de que aquellas abominaciones van perdiendo volumen, se van empequeñeciendo.
Resulta interesante saber que tales bestialidades, conforme pierden volumen y se empequeñecen, ganan en belleza, asumen lentamente la figura infantil y por último se desintegraban, se convierten en polvareda cósmica. Entonces la Esencia enfrascada se libera, se emancipa, despierta...
Indubitablemente, la Mente no puede alterar (fundamentalmente) ningún defecto psicológico. Obviamente, el entendimiento puede darse el lujo de rotular un defecto con tal o cual nombre, o de justificarlo, o de pasarlo de un nivel a otro, etc., más no podría por sí mismo aniquilarlo, desintegrarlo.
Necesitamos, urgentemente, de un poder flamígero superior a la Mente, de un poder que sea capaz, por sí mismo, de reducir tal o cual defecto psicológico a mera polvareda cósmica. Afortunadamente, existe en nosotros ese PODER SERPENTINO, ese FUEGO MARAVILLOSO que los Alquimistas medievales bautizaron con el nombre misterioso de “STELLA MARIS”: LA VIRGEN DEL MAR, el “AZOE” de la Ciencia de Hermes, la TONANTZIN del México Azteca, esa derivación de nuestro propio SER INTIMO, DIOS-MADRE en nuestro interior, simbolizada siempre con la SERPIENTE SAGRADA de los Grandes Misterios.
Si después de haber observado y comprendido tal o cual defecto psicológico, tal o cual “yo”, suplicamos a nuestra MADRE CÓSMICA particular (pues cada uno de nos tiene la suya), desintegre, reduzca a polvareda cósmica este o aquel defecto, aquél “yo” (motivo de nuestro trabajo interior), podéis estar seguros que el mismo perderá volumen y lentamente se irá pulverizando.
Todo esto implica, naturalmente, sucesivos trabajos de fondo, siempre continuos, pues ningún “yo” puede ser desintegrado jamás instantáneamente. El sentido de la auto-observación íntima podrá ver el avance progresivo del trabajo, relacionado con la abominación que nos interese verdaderamente desintegrar.
STELLA MARIS, aunque parezca increíble, es la SIGNATURA ASTRAL de la potencia sexual humana. Obviamente, Stella Maris tiene el poder efectivo para desintegrar las aberraciones que en nuestro espacio psicológico cargamos.
La decapitación de Juan El Bautista, es algo que nos invita a la reflexión. No sería posible ningún cambio psicológico radical, si antes no pasáramos por la DECAPITACIÓN.
Nuestro propio ser derivado (Tonantzin Stella Maris), como potencia eléctrica desconocida para la humanidad entera, y que se halla latente en el fondo mismo de nuestra psiquis, ostensiblemente goza del poder que le permite decapitar a cualquier “yo”, antes de la desintegración final.
Stella Maris es ese fuego filosofal que se encuentra latente en cualquier materia orgánica e inorgánica. Los impulsos psicológicos pueden provocar la acción intensiva de tal FUEGO, y entonces la DECAPITACIÓN se hace posible.
Algunos “yoes” suelen ser decapitados al comienzo del trabajo psicológico, otros en el medio y los últimos al final. Stella Maris, como potencia ígnea sexual, tiene conciencia plena del trabajo a realizar, y realiza la decapitación en el momento oportuno, en el instante adecuado.
En tanto no se haya producido la desintegración de todas esas abominaciones psicológicas, de todas esas lascivias, de todas esas maldiciones: robo, envidia, adulterio secreto o manifiesto, ambición de dinero o de poderes psíquicos, etc., aún cuando nos creamos personas honorables, cumplidoras de la palabra, sinceras, corteses, caritativas, hermosas en el interior, etc., no pasaremos de ser más que “sepulcros blanqueados”: hermosos por fuera, más por dentro llenos de asqueante podredumbre...
La erudición libresca, la pseudo-sapiencia, la información completa sobre las Sagradas Escrituras (ya sean éstas de oriente o de occidente, del Norte o del Sur), la absoluta seguridad de estar “bien documentados, el sectarismo intransigente (con pleno convencimiento), etc., de nada sirve, porque en realidad sólo existe, en el fondo, eso que ignoramos: creaciones del infierno, maldiciones, monstruosidades que se esconden tras la cara bonita, tras el rostro venerable, bajo el ropaje santísimo del líder sagrado, etc.
En este sentido, tenemos que ser sinceros consigo mismos, preguntarnos qué es lo que queremos. Si hemos venido a la Enseñanza Gnóstica por mera curiosidad, si en verdad no es pasar por la DECAPITACIÓN lo que estamos deseando, entonces nos estamos engañando a sí mismos, estamos defendiendo nuestra propia podredumbre, estamos procediendo hipócritamente.
En las escuelas más venerables de la Sapiencia Esotérica y del Ocultismo, existen muchos equivocados sinceros que de verdad quieren auto-realizarse, pero que no están dedicados a la desintegración de sus abominaciones interiores.
Son muchas las gentes que suponen que mediante las buenas intenciones, es posible llegar a la santificación. Obviamente, en tanto no se trabaje con intensidad sobre esos “yoes” que en nuestro interior cargamos ellos continuarán existiendo bajo el fondo de la mirada piadosa y de la buena conducta.
Ha llegado la hora de saber que somos unos malvados, disfrazados con la túnica de la santidad; lobos con piel de oveja, caníbales vestidos con traje de caballeros, verdugos escondidos tras el signo sagrado de la cruz, etc. Y por muy majestuosos que parezcamos dentro de nuestras Aulas de Luz y de Armonía, por muy serenos y dulces que nos vean nuestros semejantes, por muy reverendos y humildes que parezcamos, en el fondo de nuestra psiquis continúan existiendo todas las abominaciones del infierno y todas las monstruosidades de la guerra.
En psicología Revolucionaria se nos hace evidente la necesidad de una transformación radical, y ésta sólo es posible declarándonos (a sí mismos) una guerra a muerte, despiadada y cruel.
Ciertamente, nosotros todos no valemos nada: somos, cada uno de nos, la desgracia de la Tierra, lo execrable.
Afortunadamente, Juan El Bautista nos enseñó el Camino Secreto: MORIR EN SÍ MISMOS, mediante la decapitación psicológica.
6.- EL PORQUE DE LA AUTO-OBSERVACIÓN PSICOLOGICA.
“Es urgente decirle a nuestros estudiantes gnósticos, que se observen a sí mismo, en qué sentido deben auto-observarse y las razones para ello”.
“Cuando uno de verdad quiere conocerse a sí mismo, debe auto-observarse y tratar se conocer los diferentes YOES que están metidos dentro de la personalidad”.
“Si algunos de nuestros lectores no comprende todavía esta DOCTRINA DE LOS MUCHOS YOES se debe (exclusivamente) a la falta de práctica en
materia de auto-observación”.
“A medida que uno practica ala auto-observación interior, va descubriendo (por sí mismo) a las MUCHAS GENTES a los MUCHOS YOES que viven dentro de nuestra propia personalidad”.
“Quienes niegan la DOCTRINA DE LOS MUCHOS YOES, quienes adoran a un YO DIVINO, indubitablemente jamás se han auto-observado seriamente. Hablando esta vez en estilo socrático, diremos que esas gentes no sólo ignoran, sino que además ignoran que ignoran”.
“Ciertamente, jamás podríamos conocernos a sí mismo, sin la auto-observación seria y profunda. Pero en tanto un sujeto cualquiera siga considerándose como UNO, es claro que cualquier cambio interior será algo más que imposible”.
En tanto un hombre prosiga con el error de creerse UNO, único, individual, es evidente que el cambio radical será algo más que imposible.
Incuestionablemente, esta falta de UNIDAD PSICOLOGICA en el “humanoide”, es la causa de tantas dificultades y amarguras.
El cuerpo físico si es una unidad completa y trabaja como un todo orgánico, a menos que esté enfermo. Empero la vida interior del “humanoide”, en modo alguno es una unidad psicológica .
Lo más grave de todo esto, aún a despecho de lo que digan las diversas escuelas de tipo pseudo-esotérico o pseudo-ocultista, es la ausencia de ORGANIZACION PSICOLOGICA en el fondo íntimo de cada sujeto.
Ciertamente, en tales condiciones, no existe trabajo armonioso (como un TODO) en la vida interior de las personas.
El hecho mismo de que el trabajo esotérico comience con la rigurosa observación de sí mismos, nos está indicando una multiplicidad de factores psicológicas, “yoes” o “elementos indeseables” que urge extirpar, erradicar de nuestro espacio interior.
Este tipo de trabajo no es externo, sino interno, y quienes piensen que cualquier Manual de Urbanidad o sistema ético (externo y superficial), les puede llevar al {éxito, están (de hecho) totalmente equivocados.
No es posible cambio alguno en ATENCION CONCENTRADA, con la observación plena de sí mismos, es motivo más que suficiente como para demostrar que esto exige un esfuerzo personal, muy particular, de cada uno de nosotros.
Hablando francamente y sin ambages, aseveramos en forma enfática lo siguiente: ningún otro ser humano podría hacer este trabajo por nosotros.
No es posible cambio aluno en nuestra psiquis, sin al observación directa de todo ese conjunto de factores subjetivos que llevamos dentro.
Dar por aceptada la multiplicidad de “yoes”, descartando la necesidad de estudio y observación directa de los mismos. Significa (de hecho) una huida de si mismo, una forma de auto-engaño.
Sólo a través del esfuerzo riguroso que implica la observación juiciosa de si mismos (sin escapatorias de ninguna especie), podemos evidenciar, realmente, que no somos UNO, sino MUCHOS.
ADMITIR la pluralidad del “yo”, y EVIDENCIARLA a través de la observación rigurosa, son dos aspectos diferentes.
Alguien puede aceptar la “Doctrina de los Muchos Yoes” sin haberla jamás evidenciado, porque esto último sólo es posible auto-observándose cuidadosamente.
Rehuir el trabajo de observación íntima , buscar evasivas, es signo inconfundible de degeneración...
Mientras un hombre (repetimos) sustente la ilusión de que es siempre UNA Y LA MISMA PERSONA, no puede cambiar, y es obvio que la finalidad de este trabajo es, precisamente, lograr un cambio gradual en nuestra vida interior.
La transformación radical es una posibilidad definida que normalmente se pierde cuando no se trabaja sobre si mismo. El punto inicial de ese cambio radical permanece oculto mientras el hombre continúe creyéndose UNO.
Cuando pensamos que somos UNO, no podemos movernos de donde estamos (en sí Mismos), permanecemos estancados, y por último degeneramos, involucionamos.
Cada uno de nosotros se encuentra en determinada etapa psicológica, yno podremos salir (de la misma) a menos que descubramos, directamente, a todas esas personas o “yoes” que viven dentro de nuestra persona.
Es claro que mediante la observación íntima, podemos VER a las MUCHAS GENTES que viven en nuestra psiquis y que necesitamos eliminar para lograr la transformación radical.
Esta percepción, esta auto-observación, cambia fundamentalmente todos los conceptos equivocados que sobres sí mismos tenemos, y como resultado evidenciamos el hechos concreto de que no poseemos verdadera individualidad.
Mientras no nos auto-observemos, viviremos en la ilusión de que somos UNO, y en consecuencia nuestra vida será equivocada.
No es posible relacionarnos bien con nuestros semejantes, mientras no se realice un cambio interior en el fondo de nuestra psiquis.
Cualquier cambio íntimo exige la eliminación previa de los “yoes” que llevamos dentro.
De ninguna manera podríamos eliminar tales “yoes”, si no los observamos en nuestro interior.
Aquellos que se sienten UNO, que piensan de sí mismos lo mejor, nunca aceptarían la “Doctrina de los Muchos”, ni tampoco desean observar los “yoes”, y por lo tanto, cualquier posibilidad de cambio se hace en ellos imposible
No es posible cambiar si no se elimina. Más, quien se siente poseedor de la individualidad, si aceptase que debe eliminar, ignorará realmente qué es lo que debe eliminar.
Empero, no debemos olvidar que quien cree se UNO, auto-engañado cree que sí sabe lo que debe eliminar, más en verdad ni siquiera sabe que no sabe (es un (ignorante ilustrado).
Necesitamos desegoistizarnos para individualizarnos, más quien cree que posee la individualidad, es imposible que pueda desegoistizarse.
La individualidad es sagrada en un ciento por ciento. Raros son lo que la tienen, más todos piensan que la tienen.
¿Cómo podríamos eliminar “yoes”, si creemos que tenemos un “yo”, único? Ciertamente, sólo quiere jamás se ha auto-observado seriamente, piensa que tiene un “yo” único.
Empero, debemos ser muy claros en esta enseñanza, porque existe el peligro psicológico de confundir a la individualidad auténtica con el concepto de alguna especie de “YO SUPERIOR”, algo por el estilo.
La individualidad sagrada está mucho más allá de cualquier forma de “yo”, la individualidad sagrada es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. La legítima individualidad es del SER, y la razón de ser del SER, es el mismo SER.
Distíngase entre el Ser el “yo”. Quienes confunden al “yo” con el SER, nunca se han auto-observado seriamente.
7.- LA PRACTICA DE LA AUTO-OBSERVACIÓN.
“La auto-observación, que es un ciento por ciento activa, es un medio para el cambio de sí mismos, mientras que el CONOCER, que es pasivo, no es un medio para cambiar”.
“Ciertamente, CONOCER no es un acto de atención. LA ATENCION, dirigida hacia dentro de uno mismo, hacia lo que está sucediendo en nuestro interior, sí es algo positivo, activo”....
“En el caso de una persona a quien se tiene antipatía (así porque sí, porque nos viene en gana, y muchas veces sin motivo alguno), uno advierte la multitud de pensamientos que se acumulan en la Mente: el grupo de voces que hablan y gritan, desordenadamente, dentro de un mismo, lo que están diciendo, las emociones desagradables que surgen en nuestro interior, el sabor desagradable que todo esto deja en nuestra psiquis, etc.”
“Obviamente, en tal estado, nos damos cuenta también de que, interiormente, estamos tratando muy mal a ala persona a quien tenemos antipatía. Más, para ver todo esto, se necesita (incuestionablemente) de una ATENCION dirigida intencionalmente hacia adentro, no de una atención pasiva”.
“La atención dinámica proviene, realmente, del LADO OBSERVANTE, mientras que los pensamientos y sentimientos perteneces al LADO OBSERVADO”.
“Todo esto nos hace comprender que CONOCER es algo completamente pasivo y mecánico, en contraste evidente con la OBSERVACION DE SI, que es un acto consiente” “no queremos con esto decir que no exista la observación mecánica de sí mismos, más tal tipo de observación nada tiene que ver con la auto-observación psicológica, a la que nos estamos refiriendo”.
Rescatar el Alma, sacarla de entre las tinieblas, es hermoso, pero no es fácil; lo normal es que permanezca prisionera. Y no podrá uno gozar de una iluminación auténtica, en tanto la Esencia, la Conciencia, el Alma, esté allí embotellada, esté allí prisionera (y eso es lo grave). Entonces se necesita, forzosamente, destruir, desintegrar heroicamente, con un heroísmo superior al de Napoleón en sus grandes batallas, o como el de las peleas de Morelos en su lucha por la libertad, etc., (de ese heroísmo inigualable), para poder liberar a la pobre alma, para sacarla de entre las tinieblas. Se necesita ante todo, como les decía aquí en la pasada plática a los hermanos, conocer las técnicas, los procedimientos que conduzcan a la desintegración de esos “elementos” donde el alma está embotellada, prisionera, para que venga la iluminación.
Ante todo hay que empezar por comprender la necesidad de SABER OBSERVAR. Nosotros, por ejemplo, estamos aquí sentados. Todos, en estas sillas, sabemos que estamos sentados, pero nosotros no hemos observado estas sillas. En el primer caso tenemos el conocimiento de que estamos sentados en las sillas, pero observarlas ya es algo distinto.
En el primer caso hay, dijéramos, el conocimiento, pero no la observación. La observación requiere una observación especial: observar de qué están hechas, y luego entrar en meditación para descubrir sus átomos, sus moléculas, etc., y esto requiere una ATENCIÓN DIRIGIDA.
SABER que uno está sentado en una silla, es una ATENCIÓN NO DIRIGIDA, es una ATENCIÓN PASIVA, pero OBSERVAR, la silla, sería ya una ATENCIÓN DIRIGIDA.
Así también , nosotros podemos pensar mucho en sí mismos, más esto no requiere decir que estemos observando nuestros propios pensamientos. Observarlos es distinto, diferente...
Vivimos en un mundo de emociones inferiores, cualquier cosa nos produce emociones de tipo inferior, y sabemos que las tenemos. Pero una cosa es saber que uno se encuentra en un estado negativo y otra cosa es observar el estado negativo en que uno se encuentra, que es algo completamente diferente.
Veamos un ejemplo. En cierta ocasión, un, un caballero le manifestó a un psicólogo: “Bueno, yo siento antipatía por determinada persona” (y le citó el nombre y el apellido.). El psicólogo le contestó: “¡Obsérvela, observe usted a esa persona!” Respondió nuevamente el caballero: “Pero yo, ¿para qué voy a observarla, si la conozco?” Sacó como conclusión, el psicólogo, que aquél no quería observar, que conocía, pero no observaba.
CONOCER es una cosa y OBSERVAR es otra cosa muy diferente. Uno puede conocer que tiene un pensamiento negativo, pero eso no significa que lo esté observando. Uno sabe que se encuentra en un estado negativo, pero no ha observado el estado negativo.
En la vida práctica vemos que dentro de nosotros hay muchas cosas que deberían causarnos vergüenza: comedias ridículas, cuestiones interiores grotescas, pensamientos morbosos, etc. Saber que se tienen, no es haberlos observado. Alguien podría decir: “Sí, en este momento tengo un pensamiento morboso”; pero una cosa es saber que lo tiene y otra es observarlo, que es totalmente diferente.
Así, pues, si uno quiere llegar a eliminar tal o cual “elemento psicológico indeseable”, primero que todo tiene que aprender a observar con el propósito de obtener un cambio, porque, ciertamente, si uno no aprende a auto-observarse, cualquier posibilidad de cambio se hace imposible.
Cuando uno aprende a auto-observarse, se desarrolla (en uno mismo) el sentido de la auto-observación.
Como primer punto de vista, venimos a evidenciar (a través de la auto-observación) que aún los pensamientos más insignificantes, las comedias más ridículas (que interiormente se suceden y que nunca se exteriorizan), no son propias, son creadas por otros, por los “yoes”. Lo grave es identificarse uno con esas comedias, con esas ridiculeces, con esas protestas, con esas iras, etc. Si uno se identifica con cualquier extremo interior de esos, coge más fuerza el “yo” que los produce, y así cualquier posibilidad de eliminación se hace cada vez más difícil.
De manera que, la auto-observación es vital cuando se trata de provocar un cambio radical en nosotros...
Los distintos “yoes” que viven en el interior de nuestra psiquis, son muy astutos: apelan, muchas veces, al “rollo” ese de los recuerdos que cargamos en el centro intelectual.
Supongamos que uno, en el pasado, estuvo fornicando con cualquier otra persona del sexo opuesto, y que está insistiendo o no en eliminar la lujuria. Entonces el “yo” de la lujuria apelará, se apoderará del Centro de los recuerdos, del Centro Intelectual; agarrará allí, dijéramos, el “rollo” de los recuerdos (del que tenga necesidad) y lo hará pasar por la fantasía de la persona y él se vigorizará más, se hará cada vez más fuerte. Por todas estas cosas, ustedes deben ver la necesidad de la auto-observación. No sería posible un cambio de verdad, radical y definitivo, si no aprendemos a auto-observarnos...
Conocer no es observar, pensar tampoco es observar. Muchos creen que pensar en sí mismos es observar, y no es así. Uno puede estar pensando en sí mismo, y sin embargo no se está observando. Es tan distinto pensar en sí mismo a observar, como la sed lo es al agua, o el agua a la sed.
Para observarse, uno tiene que dividirse entre dos, en dos, en dos mitades: una parte que OBSERVA y otra parte que es OBSERVADA. Cuando la parte que observa ve las ridiculeces y necedades de la parte observada, hay posibilidades como nunca de descubrir (supongamos el “yo” de la ira) que ese “yo” no somos nosotros, que él es él. Podríamos exclamar: “¡el “yo” tiene ira, ese es un yo; ese, debe morir, voy a trabajarlo para desintegrarlo!” Pero si uno se identifica con él y dice: “¡Yo tengo ira, estoy furioso!”, cobra más fuerza, se hace cada vez más vigoroso, y entonces, ¿cómo lo va a disolver, de cuál manera? Pues no podría, ¿Verdad? De manera que no debe uno identificarse con ese “yo”, con su rabieta, o con su tragedia, porque si uno se identifica con su creación, pues termina viviendo en su creación también, y eso es absurdo.
A medida que uno va trabajando sobre sí mismo, que va ahondando cada vez más en las cuestiones de la auto-observación, se va haciendo cada vez más profundo. En esto no debe dejar de observarse ni el más insignificante pensamiento. Cualquier deseo (por pasajero que sea), cualquier reacción, debe ser un motivo de observación, porque cualquier deseo, cualquier reacción, cualquier pensamiento negativo, proviene de tal o cual “yo”. Y si queremos nosotros fabricar la Luz, liberar el Alma, ¿vamos a permitir nosotros que continúen existiendo esos “yoes”? ¿Ser absurdo! Si es Luz lo que nosotros queremos, si de verdad estamos enamorados de la Luz, pues tenemos que desintegrar los “yoes”, no queda más remedio que volverlos polvo, y no podríamos volver polvo lo que no hemos observado. Entonces, necesitamos saber observar.
En esta cuestión, también tenemos que cuidad la CHARLA INTERIOR, porque hay muchas charlas interiores negativas y absurdas, conversaciones íntimas que jamás se exteriorizan, y naturalmente, necesitamos corregir esa charla interior, aprender a guardar silencio, saber hablar cuando se debe hablar, saber callar cuando se debe callar (esto es ley, no solamente para el mundo físico, el mundo exterior, sino también para el mundo interior). Las charlas interiores, negativas, más tarde se vienen a exteriorizar físicamente. Por eso es tan importante eliminar la charla interior negativa, porque perjudica.
Hay que aprender a guardar el SILENCIO INTERIOR. Normalmente se entiende por “SILENCIO MENTAL”, cuando uno vacía la mente de toda clase de pensamientos, cuando uno logra la quietud y el silencio de la mente a través de la meditación, etc., pero hay otra clase de silencio.
Supongamos que se presenta, ante nosotros, un caso de juicio crítico (con relación a un semejante) y sin embargo mentalmente guarda más silencio: no juzgamos, no condenamos; nos callamos, tanto externamente como internamente. En este caso, pues, hay SILENCIO INTERIOR.
Los hechos de la vida práctica, al fin y al cabo, deben mantenerse en íntima correspondencia con una conducta interior perfecta. Cuando los hechos de la vida práctica concuerdan con una conducta interior perfecta, es señal de que ya vamos nosotros creando, en sí mismos, el famoso CUERPO MENTAL.
Si ponemos las distintas partes de un Radio o de una grabadora sobre una mesa, pero no sabemos nada de electrónica, pues tampoco podremos captar las distintas vibraciones sonoras que pululan en el cosmos. Pero si mediante la comprensión unimos las distintas partes, tendremos el radio, tendremos el aparato que puede captar los sonidos que de otra forma no captaríamos. Así, también, las distintas partes de estos estudios, de este trabajo, se van complementando entre sí para venir a formar un cuerpo maravilloso: el famoso CUERPO DE LA MENTE. Este cuerpo nos permitirá captar mejor lo que dentro de nosotros mismos existe y desarrollará más en nosotros el sentido de la auto-observación íntima, y eso es bastante importante.
Así, pues, el objetivo de la observación es realizar un cambio de nosotros mismos, promover un cambio efectivo, verdadero.
Una vez que nos hemos puesto, dijéramos, diestros: en la observación de sí mismos, entonces viene el proceso de eliminación. De manera que hay, propiamente, tres pasos en esta cuestión:
1) La observación.
2) El juicio crítico.
3) Ya es propiamente la eliminación de tal o cual “yo”.
Al observar un “yo”, debemos ver cómo se comporta en el centro intelectual (de qué manera) y conocerle sus “juegos” en la mente. Segundo, en qué forma se expresa a través del sentimiento (en el corazón), y tercero, descubrir su modo de acción en los centros motor-instintivo-sexual.
Obviamente,, en el sexo, un “yo” tiene una forma de expresión, en el corazón tiene otra forma y en el cerebro otra. En el cerebro, un “yo” se manifiesta a través de la cuestión intelectual: razones, justificaciones, evasivas, escapatorias, etc.; en el corazón como un sufrimiento, como un afecto, como un amor (aparentemente, muchas veces, cuando en realidad es cuestión de lujuria), etc., y en los centro motor-instintivo-sexual.
Obviamente, en del sexo, un “yo” tiene una forma de expresión en el corazón tiene otra forma y en el cerebro otra. En el cerebro, un “yo” se manifiesta a través de la cuestión intelectual: razones, justificaciones, evasivas, escapatorias, etc.; en el corazón como un sufrimiento, como un afecto, como un amor (aparentemente, muchas veces, cuando en realidad es cuestión de lujuria), etc. Y en los centros motor-instintivo-sexual, tiene otra forma de expresión (como acción, como instinto, como impulso lascivo, etc.).
Por ejemplo, citemos un caso concreto: LUJURIA. Un “yo” lujurioso (ante una persona del sexo opuesto), en la mente puede que se manifieste con pensamientos constantes; podría manifestarse en el corazón como un afecto, como un amor aparentemente puro, libre de toda mancha, hasta tal grado, que podría no perfectamente justificarse y decir: “Pero bueno, yo no siento lujuria por esta persona, yo lo que estoy sintiendo es amor”; pero si uno es observador y le pone mucho cuidado a su máquina orgánica y observa el centro sexual, viene a descubrir que en el centro sexual hay cierta actividad ante esa persona; entonces viene a quedar evidenciado que no hay tal afecto, que no hay tal amor por esa persona, sino que lo que hay es lujuria.
Pero vean cuán fino es el delito: la lujuria puede perfectamente disfrazarse (en el corazón) con el amor y escribir versos, etc., pero es LUJURIA DISFRAZADA.
Si uno es cuidadoso y observa esos tres centros de la máquina, puede evidenciar que se trata de un “yo”, y ya descubriendo que se trata de un “yo”, habiéndole conocido sus “manejos” en los tres centros, o sea, en el intelectual, en el corazón y en el sexo, entonces procede uno a la tercera fase. ¿Cuál es la tercera fase? LA EJECUCIÓN. Esta es la fase final del trabajo: la ejecución. Entonces tiene uno que apelar a la ORACIÓN EN EL TRABAJO. Qué se entiende por la “ORACIÓN EN EL TRABAJO”? La oración en el trabajo debe ser hecha sobre la base de la INTIMA RECORDACIÓN DE SI MISMOS...
En alguna ocasión dijimos que hay cuatro niveles de hombre, o cuatro estados de conciencia, para ser más claros. Un primer estado de conciencia es el del sueño profundo e inconsciente de una persona, de un ego que dejó el cuerpo físico dormido en la cama, pero que deambula en el mundo molecular en “estado de coma” (es el estado inferior). Un segundo estado de inconsciencia es el del soñador que ha regresado a su cuerpo físico y que cree que está en estado de vigilia. En este caso los sueños continúan y claro, sólo que está con el cuerpo físico en estado de vigilia. Es más peligroso este segundo tipo de soñador, porque puede matar, puede robar, puede cometer crímenes de toda especie. En cambio, en el primer caso, el soñador es más infrahumano pero no puede hacer nada de estas cosas. ¿Cómo podría hacerlo, cómo podría hacer daño? Cuando el cuerpo está pasivo para los sueños, la persona no puede ocasionar daños a nadie en el mundo físico; pero cuando el cuerpo está activo para los sueños, la persona puede hacer mucho daño en el mundo físico.- Por eso es que las Sagradas Escrituras insisten en la necesidad de despertar.
Si estos dos tipos de personas (los que se encuentran, dijéramos, en estado de inconsciencia profunda, o aquellos que siguen soñando y que tienen su cuerpo activo para los sueños) hacen oración, pues de semejantes dos estados (tan infrahumanos) no pueden esperar nada, aunque pese a sus estados negativos, sin embargo la naturaleza responde.
Por ejemplo: si un inconsciente, un dormido, hace oración para arreglar un negocio, puede que sus “yoes”, que son tan innumerables, no estén todos de acuerdo con lo que él está haciendo. Es tan sólo uno de los “yoes” el que está haciendo la oración, los otros (que no han sido tenidos en cuenta) puede que no les interese tal negocio, que no estén de acuerdo con esa oración, y pidan (en la oración) exactamente lo contrario, para que ese negocio fracase, porque no están de acuerdo. Como los otros son mayoría. La naturaleza contesta con sus fuerzas, con un flujo e fuerzas, y viene el fracaso del negocio (eso es claro). Entonces, para que la oración tenga un valor efectivo en el trabajo sobre uno mismo, pues tiene uno que colocarse en el tercer estado de conciencia, que es el de la INTIMA RECORDACIÓN DE SI MISMO, es decir, en el RECUERDO DE SU PROPIO SER.
Entonces, sumergido (uno) en meditación profunda, concentrado en su Divina Madre Interior, le suplicará que elimine de su psiquis ese “yo” que quiere desintegrar. Puede que la Madre Divina, en ese momento, actúe decapitando tal “yo”, pero no con eso se ha hecho la totalidad del trabajo. La Madre Divina no lo va a desintegrar (instantáneamente) todo. Habrá necesidad, si no se desintegra todo, de tener paciencia, y en sucesivos trabajos, a través del tiempo, lograremos que tal “yo” se desintegre lentamente, que vaya perdiendo su volumen, su tamaño.
Un “yo” puede ser espantosamente horrible, pero a medida que va perdiendo volumen, se va embelleciendo; después tiene la apariencia de un niño y por último se vuelve polvo. Cuando ya se ha vuelto polvo, la conciencia (que estaba metida, embotellada, embutida entre ese “yo”) queda liberada. Entonces la luz habrá aumentado, es un porcentaje de luz que queda libre. Así procederemos con cada uno de los “yoes”...
El trabajo es largo y muy duro. Muchas veces cualquier pensamiento negativo, por insignificante que sea, tiene por fundamento un “yo” antiquísimo. Ese pensamiento negativo que llega a la mente, nos indica que (de hecho) hay un “yo” detrás de ese pensamiento y que ese “yo” debe ser extirpado, erradicado de nuestra psiquis; que hay que estudiarlo, conocerle sus “manejos”, VER cómo se comporta en los tres cerebros: en el Intelectual, en el Emocional, y (hablando en síntesis) en el motor-instintivo-sexual; VER de qué manera trabaja en cada uno de estos tres centros. De acuerdo con su comportamiento, uno lo va conociendo.
Cuando uno ha desarrollado el sentido de la auto-observación, viene a evidenciar (por sí mismo) que algunos de esos “yoes” son espantosamente horribles, que son verdaderos monstruos de forma horripilante, y por qué viven en el interior de nuestra psiquis...
8.- LA SEPARACIÓN INTERIOR
“Uno tiene que aprender a producir la separación del si mismo, la separación de todas las cosas: NO IDENTIFICARSE con los sucesos, con los acontecimientos, con los eventos, con las cosas, etc., porque esta identificación le absorbe, le vampiriza a uno la conciencia y la sumerge más profundamente en el sueño”:
“De manera que, necesitamos que nuestra conciencia despierte, lo cual es posible haciendo la separación entre nosotros y las cosas, entre nosotros y los eventos o sucesos”.
En estado de ALERTA-PERCEPCIÓN, de ALERTA-NOVEDAD, podemos verificar (directamente) que los defectos escondidos afloran espontáneamente. Es claro que defecto descubierto (en el “gimnasio” de la vida práctica), debe ser trabajado conscientemente, con el propósito de SEPARARLO de nuestra psiquis.
Si parados sobre una tabla deseamos levantarla para colocarla arrimada a una pared, no sería esto posible si continuáramos parados sobre ella.
Obviamente, debemos empezar por separar la tabla de sí mismos, retirándonos de la misma, y luego (con nuestras manos) levantar la tabla y colocarla recostada al muro.
Similarmente, nosotros no debemos identificarnos con ningún “agregado psíquico”, si es que en verdad deseamos separarlo de nuestra psiquis..
Quien siempre se cree UNO, nunca será capaz de separarse de sus propios “elementos indeseables”: considerará cada pensamiento, sentimiento, deseo, pasión, afecto, etc., como funcionalismos diferentes e inmodificables de propia naturaleza, y hasta se justificará diciendo que tales o cuales defectos personales, “son de carácter hereditario”.
Más, quien acepta la “Doctrina de los Muchos yoes”, comprende (a base de observación) que cada deseo, cada pensamiento, acción, pasión, etc., corresponde a este u otro “yo” distinto, diferente.
Cualquier atleta de la auto-observación íntima, trabaja muy seriamente dentro de sí mismo, y se esfuerza por apartar de su psiquis los elementos indeseables que carga dentro.
Si uno, de verdad y muy sinceramente, comienza a observarse internamente, resulta dividiéndose en dos: “OBSERVADOR” y “OBSERVADO”. Si tal división no se produjera, es evidente que nunca daríamos un paso adelante en la vía maravillosa del auto-conocimiento.
¿Cómo podríamos observarnos, a sí mismos, si cometiéramos el error de no querer dividirnos entre observador y observado?
Indubitablemente, cuando esta división no se sucede, continuamos identificados con todos los procesos del “yo” pluralizado.
Quien se identifica con todos los procesos del “yo” pluralizado, es siempre víctima de las circunstancias.
¿Cómo podría modificar circunstancias aquél que no se conoce a sí mismo? ¿Cómo podría conocerse a sí mismo, quien nunca se ha observado internamente? ¿De qué manera podría alguien auto-observarse, si no se divide en observador y observado? Ahora bien, nadie puede empezar a cambiar radicalmente, en tanto no sea capaz de decir: “Este deseo es un YO ANIMAL que debo eliminar”; “este pensamiento egoísta es otro yo que me atormente y que necesito desintegrar”; “este sentimiento que hiere mi corazón, es un YO INTRUSO que necesito reducir a polvareda cósmica”, etc., etc., etc..
Naturalmente, esto es imposible para quien nunca se ha dividido entre OBSERVADOR y OBSERVADO.
Quien toma todos sus procesos psicológicos como funcionalismos de un “yo” único, individual y permanente, se encuentra tan identificado con todos sus errores, los tiene tan unidos a sí mismo, que ha perdido (por tal motivo) la capacidad para separarlos de su psiquis.
Obviamente, personas así jamás pueden cambiar radicalmente; son gentes condenadas al más rotundo fracaso.
9.- LA AUTO-OBSERVACIÓN NADA TIENE QUE VER CON LOS PROCESOS INTELECTUALES.
“Necesitamos conocernos a sí mismos por vía directa, sin el proceso deprimente de la opción conceptual. En modo alguno sería esto posible si no nos auto-observáramos en acción, de instante en instante, de momento en momento”.
“No se trata de vernos a través de alguna teoría, o de una simple especulación intelectiva. Vernos directamente, tal cual somos, es lo interesante. Sólo así podremos llegar al conocimiento verdadero de sí mismos”.
Una cosa es el hombre meramente animal (es decir, el “animal intelectual”) y otra cosa (en verdad muy diferente, por cierto) es el verdadero HOMBRE PSICOLÓGICO. Al citar la palabra “hombre, incluyo también naturalmente, a la mujer, y esto se debe subentender claramente...
Nacemos con un cuerpo físico maravilloso, pero en realidad de verdad necesitamos hacer algo más. Formar el cuerpo físico no es difícil (lo heredamos), pero formar al HOMBRE PSICOLOGICO si debemos trabajar sobre nosotros mismos (eso es obvio).
Se trata, pues, de organizar la psiquis (que está desordenada) para crear al hombre psicológico, que es el verdadero hombre, en el sentido más completo de la palabra.
Distíngase, pues, entre el “animal intelectual” equivocadamente llamado “hombre”, y el verdadero y auténtico hombre psicológico.
Nosotros necesitamos trabajar sobre sí mismos, si es que queremos crear a tal hombre. Sin embargo, hay lucha entre nosotros: la mente sensual es enemiga declarada de la mente superior.
La mente sensual se identifica con cualquier circunstancia. Si , por ejemplo, de pronto nos hallamos en opíparo banquete, nos identificamos tanto con las viandas que nos convertimos en glotones. Y si se nos brinda una copa, nos identificamos tanto con el vino que terminamos embriagados. Y si encontramos en nuestro camino a una persona del sexo opuesto (fascinante, interesante), nos identificamos tanto con aquélla, que terminamos nosotros en fornicarios, o convertidos simplemente en adúlteros. En estas circunstancias y de este modo, no es posible crear al hombre psicológico.
Si por alguna parte hemos de iniciar el trabajo de crear al hombre psicológico, será (en realidad de verdad) trabajando sobre sí mismos: no identificándonos jamás con ninguna circunstancia y auto-observándonos de instante en instante, de momento en momento...
Hay quienes yerran el camino. Existen sociedades, órdenes, logias, religiones y sectas que pretenden organizar la psiquis humana mediante ciertas máximas que podríamos llamar “de oro”. Son comunidades que pretenden, mediante tal o cual máxima, comportarse de todas las circunstancias de la vida, a fin de conseguir algo que ellos llamarían “purificación”, “santidad”, etc. Todo esto es urgente analizarlo.
Es obvio que una máxima cualquiera, de tipo ético, religioso, nunca podría servir de patrón para los distintos aconteceres de la vida. Una máxima, aún estructurada con la lógica superior de un Ouspenky, por ejemplo, en verdad que jamás podría crear un nuevo cosmos, ni una nueva naturaleza. Supeditarnos estrictamente a una máxima, con el propósito de organizar nuestra psiquis, será absurdo. Esto significaría convertirnos en esclavos, obviamente.
De manera que, conviene que reflexionemos sobre muchos catálogos éticos y códigos morales con “máximas de oro”. Todas esas reglas o máximas, jamás pueden transformar a nadie (eso es obvio). Además, hay factores que hay que analizar, antes de poder entrar uno en el trabajo de organizar la psiquis.
Incuestionablemente, un enunciado demostrativo, por ejemplo, por muy rico que fuese (y perfecto), podría ser falso y lo que es peor intencionalmente falso.
Así que, al intentar nosotros una transformación de sí mismos, tenemos que volvernos un poco más individuales (no quiero decir egoístas; sub-entiéndase esto como APRENDER A PENSAR MEJOR y en una forma independiente y perfecta), porque muchas sentencias sagradas (máximas de oro, como ya dije, o aforismos que todo el mundo considera perfectos), realmente no podrían servir de patrón de medida para conseguir una transformación auténtica y una organización de la psiquis dentro de nosotros.
Se trata de organizar la psiquis interna y tenemos que salir de tanto racionalismo de tipo subjetivo, e ir “al grano”, a los hechos: afrontar nuestros propios errores como son, no querer nunca justificarlos, no intentar huir de ellos, no intentar disculparlos.
Se necesita que nos volvamos más serios. En la analítica, tenemos que ser (dijéramos) más juiciosos, más comprensivos. Si en verdad no buscamos escapatorias, entonces si podemos trabajar sobre nosotros mismos para conseguir la organización del HOMBRE PSICOLÓGICO y dejar de ser menos “animales intelectuales”, como hasta ahora somos...
La auto-observación psicológica es básica. Se necesita, en verdad, auto-observarnos de instante en instante, de segundo en segundo. ¿Con qué objeto? ¡Uno! ¿Cuál? Descubrir defectos de tipo psicológico, pero descubrirlos en el terreno de los hechos, observarlos directamente, juiciosamente, sin evasivas, sin disculpas, sin escapatorias de ninguna especie.
Una vez que un defecto ha sido debidamente descubierto, entonces y sólo entonces podemos comprenderlo, y al intentar comprenderlo, debemos, repito, ser severos consigo mismos.
Muchos, cuando intentan comprender un error, lo justifican, o lo evaden, o lo esconden de sí mismos, y eso es absurdo. Hay también algunos hermanitos gnósticos que al descubrir tal o cual defecto en sí mismos, comienza con su mente teorética, dijéramos, a hacer especulaciones, y eso es gravísimo, porque como ya dije y lo repito ahora, en este momento, las especulaciones de la mente (meramente subjetivas), van a desembocar, forzosamente, en el terreno del utopismo, y eso es claro.
Así, pues, si se quiere entender un error, las especulaciones meramente subjetivas deben ser eliminadas, y para que sean eliminadas, se necesita haber observado el error directamente. Sólo así, mediante una correcta observación, es posible corregir la tendencia a la especulación.
10.- EL CONOCIMIENTO Y LA COMPRENSIÓN.
“Afirmar es una cosa y comprender es otra. Cuando alguien dice: se que no soy UNO sino MUCHOS, si su comprensión es verdadera y no mera palabrería insubstancial de charla ambigua, esto indica, señala, acusa plena verificación de la doctrina de los muchos yoes”.
“EL CONOCIMIENTO y la COMPRENSIÓN son diferentes: el primero es de la mente, la segunda del corazón”.
“El simple conocimiento de la Doctrina de los Muchos Yoes, de nada sirve”.
“Desafortunadamente, por estos tiempos en que vivimos, el conocimiento ha ido mucho más allá de la comprensión, porque el pobre animal intelectual equivocadamente llamado hombre, desenvolvió exclusivamente el lado del conocimiento, olvidando (lamentablemente) el correspondiente lado del Ser”.
“Conocer la Doctrina de los Muchos Yoes y COMPRENDERLA, es fundamental para todo cambio radical y verdadero”.
“Estudiar, experimentar y comprender, es lo fundamental. Sólo así es posible trabajar, conscientemente, para lograr un cambio radical”.
“Cuando un hombre comienza a auto-observarse detenidamente, desde el ángulo de que uno es UNO sino MUCHOS, obviamente ha iniciado el trabajo serio sobre su naturaleza interior”.
Observar a auto-observarse, son dos cosas completamente diferentes. Sin embargo, ambas exigen atención.
En la observación la atención está orientada hacia fuera, hacia el mundo exterior (a través de las ventanas de los cinco sentidos).
En la auto-observación, la atención es orientada hacia adentro y para ello los sentidos de percepción externa no sirven, motivo éste más que suficiente como para que sea difícil (al neófito) la auto-observación de sus procesos psicológicos íntimos.
El punto de partida de la ciencia oficial, en su lado práctico, es LO OBSERVABLE. El punto de partida del trabajo sobre sí mismos, es la AUTO-OBSERVACIÓN, LO AUTO-OBSERVABLE.
Incuestionablemente, estos dos puntos de partida, renglones arriba citados, nos llevan a direcciones completamente diferentes.
Podría alguien envejecer, enfrascado entre los dogmas intransigentes de la ciencia oficial, estudiando fenómenos externos, observado células, átomos, moléculas, soles, estrellas, cometas, etc., sin experimentar dentro de sí mismo ningún cambio radical, porque la clase de conocimiento que transforma radicalmente a alguien, jamás podría lograrse mediante la observación externa.
El verdadero conocimiento que realmente puede originar en nosotros un cambio interior fundamental, tiene por basamento la auto-observación directa de sí mismo.
Como secuencia o corolario de todo esto, podemos y debemos afirmar, en forma enfática, que existen dos clases de conocimientos: el externo y el interno, y a menos que tengamos (en sí mismos) el Centro Magnético que puede diferenciar las cualidades del conocimiento, esta mezcla de los dos planos y órdenes de ideas, podrían llevarnos a la confusión...
Sublime doctrinas pseudo-esotéricas, con marcado cientificismo de fondo, pertenecen al terreno de LO OBSERVABLE. Sin embargo, son aceptadas por muchos aspirantes como “conocimiento interno”...
Nos encontramos, pues, ante dos mundos: el exterior y el interior. El primero de estos es percibido por los sentidos externos; el segundo sólo puede ser percibido mediante el sentido de la auto-observación psicológica.
Pensamientos, ideas, emociones, anhelos, esperanzas, desengaños, etc., son interiores e invisibles para los sentidos ordinarios, comunes y corrientes. Sin embargo, son para nosotros más reales que la mesa del comedor o que los sillones de la sala.
Ciertamente, nosotros vivimos más en nuestro mundo interior que en el exterior. Esto es irrefutable, irrebatible.
En nuestros mundos internos, en nuestro mundo secreto, amamos, deseamos, sospechamos, bendecimos, maldecimos, anhelamos, sufrimos, gozamos, somos defraudados o premiados, etc.
Incuestionablemente, los dos mundos, interno y externos del planeta Tierra, o del Sistema Solar, o de la Galaxia en que vivimos, debe conocer (previamente) su mundo íntimo, su vida interior particular, sus propios mundos internos (“Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el Universo y a los Dioses”).
Cuanto más alguien explore ese mundo interior llamado “UNO MISMO”, tanto más COMPRENDERÁ que vive simultáneamente en dos mundos, en dos realidades: la exterior y la interior.
11.- LA AUTO-OBSERVACIÓN Y EL PAÍS PSICOLÓGICO.
“Así como existe fuera de nosotros la ciudad (la ciudad de México, por ejemplo), y así como en la ciudad ésta de la vida urbana común y corriente, hay gente de toda clase: colonias o urbanizaciones de gentes buenas y colonias y urbanizaciones de gentes malas, así también sucede con la CIUDAD INTERIOR, con la CIUDAD PSICOLÓGICA”.
“En esa ciudad psicológica viven muchas gentes (nuestros propios YOES), y hay colonias de gentes decididamente perversas, hay colonias de gentes medias y hay colonias de gentes más o menos selectas (nuestra propia ciudad psicológica es eso)”.
“Si uno se identifica con un YO de venganza, por ejemplo, este a su vez lo relaciona con otros YOES de barrios muy bajos (donde viven asesinos, ladrones, etc.) y al relacionarse con éstos, ellos a su vez lo controlan a uno, le controlan el cerebro y el corazón, y resulta haciendo barbaridad y media (va uno, por último a parar a la cárcel)”.
“Pero, ¿Cómo evitar, entonces, caer uno en semejantes tugurios? No identificándose con el insultador”.
“Hay YOES, dentro de uno, que le dictan lo que debe hacer, que le dicen: ¡Contesta, véngate, sácate el clavo, desquítate...! Si uno se identifica con ellos, termina haciéndolo: contestando, pues, al insultador; termina uno vengándose, desquitándose. Pero si uno no se identifica con el YO que le está diciendo que haga semejante locura, pues entonces no hace eso”.
Del mismo modo que a uno le es indispensable aprender a caminar en el mundo exterior, para no caer en un precipicio, no extraviarse en las calles de la ciudad, seleccionar sus amistades, no asociarse con perversos, no comer veneno, etc., así también, mediante el trabajo psicológico aprendemos a caminar en el mundo interior, el cual es explorable mediante la auto-observación.
Incuestionablemente, así como existe el PAÍS EXTERIOR, en el cual vivimos, así también, en nuestra intimidad, existe el PAÍS PSICOLÓGICO.
Las gentes no ignoran jamás la ciudad o comarca donde viven, pero desafortunadamente, sucede que desconocen el lugar psicológico donde se hallan ubicadas.
En un instante dado, cualquiera sabe en qué Barrio o colonia se encuentra, más en el terreno psicológico no sucede lo mismo: normalmente, las gentes ni remotamente sospechan (en un momento dado) el lugar de su país psicológico donde se han metido.
Así como en el mundo físico existen “colonias” de gentes decentes y cultas, así también sucede en la “comarca psicológica” de cada uno de nosotros (no hay duda de que existen “colonias muy elegantes y hermosas). Así como en el mundo físico hay “colonias o barrios con callejuelas peligrosísimas, llenas de asaltantes, así también sucede lo mismo en la comarca psicológica de nuestro espacio interior.
Todo depende de la clase de gente que nos acompañe: si tenemos amigos borrachos, iremos a parar a la cantina y si estos son “calaveras”, nuestro destino estará en los prostíbulos.
Dentro de nuestro país psicológico, cada cual tiene sus acompañantes, sus “yoes” lujuriosos, podría estar ubicada en antros de prostitución, dentro de su país psicológico.
Una dama virtuosa honorable, magnífica esposa, de conducta ejemplar, viviendo en una hermosa mansión del mundo físico, debido a sus “yoes” lujuriosos, podría estar ubicada en antros de prostitución, dentro de su país psicológico.
Un caballero honorable, de honradez intachable, magnífico ciudadano, podría, dentro de su “comarca psicológica”, encontrarse ubicado en una cueva de ladrones, debido a sus pésimos acompañantes o “yoes” del robo, muy sumergidos dentro del inconsciente.
Una anacoreta y penitente, posiblemente un “monje azul”, viviendo austero dentro de su celda, en algún monasterio podría psicológicamente encontrarse ubicado en una colonia de asesinos, pistoleros, atracadores, drogadictos, etc., debido precisamente a “yoes” infraconscientes o inconscientes, sumergidos profundamente dentro de los recovecos más difíciles de su psiquis.
Por algo se nos ha dicho que “hay virtud en los malvados” y que “hay mucha maldad en los virtuosos”.
Muchos santos canonizados, aún viven todavía dentro de los antros psicológicos del robo, o en casas de prostitución.
Esto que estamos afirmando, en forma enfática, podría escandalizar a los mojigatos, a los pietistas, a los ignorantes ilustrados, a los dechados de sabiduría, pero jamás a los verdaderos psicólogos.
Aunque parezca increíble, entre el incienso de la oración también se esconde el delito y entre las cadencias del verso también se esconde el delito. Bajo la cúpula de los Santuarios más divinos, el delito se reviste con la túnica de la santidad y la palabra sublime.
En los fondos profundos de los santos más venerables, viven los “yoes” del prostíbulo, del robo, del homicidio, etc., acompañantes infrahumanos, escondidos entre las insondables profundidades del inconsciente.
Mucho sufrieron, por tal motivo, los diversos santos de la historia. Recordemos las tentaciones de San Antonio y todas aquellas abominaciones contra las que tuvo que luchar nuestro hermano Francisco de Asís.
Sin embargo, no todo lo dijeron esos santos y la mayor parte de los anacoretas callaron.
Uno se asombra al pensar que algunos anacoretas, penitentes y santísimos, vivan en las colonias psicológicas de la prostitución y del robo.
Empero son santos, y si todavía no han descubierto esas cosas espantosas en su psiquis, cuando las descubran usarán silicios sobre sus carnes, ayunarán, posiblemente se azotaran y rogarán a su Divina Madre Kundalini que elimine de su psiquis esos “malos acompañantes, que en esos antros tenebrosos, de su propio país psicológico, los tiene metidos...
Mucho han dicho, las distintas religiones, sobre la vida después de la muerte y del “más allá”.
¡Qué no devanen más los sesos, las pobres gentes , sobre lo que hay allá, del otro lado, más allá del sepulcro! Incuestionablemente, después de la muerte cada cual continúa viviendo en la colonia psicológica de siempre. El ladrón, en los antros de ladrones continuará; el lujurioso, en las casas de cita proseguirá, como fantasma de mal agüero; el iracundo, el furioso, seguirá viviendo en las callejuelas peligrosas del vicio y de la ira, allí donde también brilla el puñal y suenan los tiros de las pistolas...
La ESENCIA, en sí misma, es muy hermosa. Ella vino de arriba, de las estrellas, y desgraciadamente está metida dentro de todos esos “yoes” que llevamos dentro.
Por oposición, la esencia puede desandar el camino: regresar al punto de partida original, volver a las estrellas, más debe primero libertarse de los malos acompañantes que la tienen metida entre los suburbios de la perdición.
Cuando Francisco de Asís y Antonio de Padua, insignes MAESTROS CRISTIFICADOS, descubrieron en su interior los “yoes” de la perdición, sufrieron lo indecible, y no hay duda de que a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios, lograron reducir a polvareda cósmica todo ese conjunto de elementos inhumanos que en su interior vivían. Incuestionablemente, esos santos se CRISTIFICARON y regresaron al punto de partida original, después de haber sufrido mucho.
Ante todo es necesario, es urgente e inaplazable, que el CENTRO MAGNÉTICO que en forma anormal tenemos establecido en nuestra FALSA PERSONALIDAD, sea transferido a la esencia. Así podrá iniciar, el HOMBRE COMPLETO, su viaje desde la personalidad hasta las estrellas, ascendiendo en forma didáctica, progresiva, de grado en grado, hasta la MONTAÑA DEL SER.
Pero en tanto continúe el CENTRO MAGNÉTICO establecido en nuestra PERSONALIDAD ILUSORIA, viviremos en los antros psicológicos más abominables, aunque en la vida práctica seamos magníficos ciudadanos.
Cada cual tiene un CENTRO MAGNÉTICO que le caracteriza. El comerciante tiene el Centro Magnético del comercio, y por ello se desenvuelve en los mercados y atrae lo que le es afín: compradores y mercaderes.
El hombre de ciencia tiene, en su personalidad, el centro magnético de la ciencia y por ello atrae, hacia sí, todas las cosas de la ciencia: libros, laboratorios, etc.
El esoterista tiene en sí mismo, el centro magnético del esoterismo, y como quiera que esta clase ce centro se torna diferente a las cuestiones de la personalidad, indubitablemente se sucede (por tal motivo) la transferencia.
Cuando el centro magnético se establece en la conciencia, es decir, en la esencia, entonces se inicia el regreso del HOMBRE TOTAL a las estrellas...
12.- ¿DÓNDE ESTAMOS UBICADOS?
“Por lo común, cuando uno habla de gnosis, aquellos que aparentemente escuchan, no escuchan: huyen despavoridos, van de aquí para allá y de allá para acá, viajan por la ciudad psicológica, interior. Recordemos que dentro de cada uno de nosotros hay un país psicológico, una ciudad psicológica, y una cosa es un lugar del mundo físico y otra cosa es el lugar psicológico donde nosotros estamos ubicados”.
“¿En qué lugar estaremos ubicados ahora mismo? Ustedes dirán que acá (podría ser, podría no ser). La realidad es que resulta difícil saber escuchar porque por lo común el que escucha se escapa, viaja por su país psicológico, huya en cualquier dirección. Total, NO ESTÁ EN CASA, y no estando en casa. ¿quién escucharía?, ¿la personalidad humana? Verdaderamente, ella no sabe escuchar ¿El cuerpo físico? ¡Ese no es más que un instrumento! ¿Quién escucharía entonces?
¿Han reflexionado acaso, ustedes, en lo que es la conciencia? ¿Con qué podría comparar a la conciencia? Pues a un foco de luz, me lo dirijo hacia una parte o hacia otra; eso es obvio.
La conciencia es algo que hay que aprender a colocar inteligentemente, donde debe ser colocada.
Si colocamos nuestra conciencia en una cantina, se procesará en virtud de la cantina, y si la colocamos nosotros en una casa de citas, se procesará allí, y si la colocamos nosotros en un mercado, tendremos un buen mercader o un mal mercader. Dondequiera esté la conciencia, allí estaremos nosotros.
La conciencia está desgraciadamente embotellada y un “yo” de lujuria podría llevar nuestra conciencia a una casa de citas; un “yo” de la borrachera la podría cargar por una cantina, un “yo” asesino se la llevará por allá, a la casa de un enemigo, etc.
¿A ustedes, acaso, les parece correcto no saber manejar la conciencia? Tengo entendido que es absurdo llevarla a lugares donde no debe estar; eso es obvio...
Ostensiblemente, cada uno de esos “yoes” pone en nuestra mente lo que debemos pensar, en nuestra boca lo que debemos decir, en el corazón lo que debemos sentir, etc., y en estas condiciones, la humana personalidad no es más que un robot gobernado por distintas personas que se disputan la supremacía y que aspiran al supremo control de los centros capitales de la máquina orgánica.
En nombre de la verdad hemos de afirmar, solemnemente, que el pobre “animal intelectual” equivocadamente llamado “hombre”, aunque sea equilibrado, vive en un desequilibrio psicológico completo.
¿Cómo podría ser equilibrado el “humanoide racional”? Para que exista equilibrio perfecto, se necesita de la CONCIENCIA DESPIERTA.
Las TINIEBLAS son inconsciencia, la LUZ es la CONCIENCIA. Debemos permitir que la luz penetre en nuestras propias tinieblas, porque, obviamente, la luz tiene poder para vencer las tinieblas.
Sólo la Luz de la conciencia, dirigida no desde los ángulos, sino en forma plena y central sobre nosotros mismos, puede acabar con los contrastes, con las contradicciones psicológicas, y establecer en nosotros el verdadero equilibrio interior.
Si disolvemos todo ese conjunto de “yoes” que en nuestro interior llevamos, viene el despertar de la conciencia y como consecuencia o corolario, el equilibrio verdadero de nuestra propia psiquis.
La luz de la conciencia, dándonos verdadero equilibrio psicológico, viene a establecer cada cosa en su lugar y lo que antes entraba en conflicto íntimo dentro de nosotros, de hecho queda en su sitio adecuado.
Sólo mediante la auto-observación psicológica, permitimos que la luz penetre en nuestras propias tinieblas...
Así que, necesitamos hacernos dueños de nuestra propia conciencia: colocarla donde debe colocarse, ubicarla donde debe ubicarse, aprender a ponerla en su lugar y aprender a quitarla. La conciencia es un don maravilloso, pero un don que no estamos usando sabiamente.
Realmente, la conciencia es lo más digno que tenemos. Los diversos “agregados psíquicos” que nosotros cargamos, en modo alguno son dignos. Lo único digno, lo único real, lo que sí vale la pena en nosotros es la conciencia, pero está dormida, no sabemos manejar: los “agregados psíquicos” se la llevan por donde ellos quieren. Nosotros, realmente, no sabemos manejarla, y eso es verdaderamente lamentable.
Si queremos un cambio, pero un cambio de fondo, debemos ir aprendiendo a manejar eso que se llama “conciencia”...
13.- LA NECESIDAD DE UN CAMBIO RADICAL Y LA AUTO-OBSERVACIÓN PSICOLÓGICA.
“La vida práctica es el espejo psicológico donde podemos vernos tal cual somos, pero ante todo debemos comprender la necesidad de vernos a sí mismos, de cambiar radicalmente, porque sólo así tendremos ganas de auto-observarnos realmente”
“Quien se contenta con el estado en que vive (el necio, el retardatario, el negligente), no sentirá nunca el deseo de verse a sí mismo: se querrá demasiado y en modo alguno estará dispuesto a revisar su conducta y su modo de ser”.
Incuestionablemente, cada persona tiene su propia psicología particular. Esto es irrebatible, incontrovertible, irrefutable.
Cualquiera admite la realidad del cuerpo físico, porque lo puede ver y palpar, empero la psicología es cuestión distinta: no es perceptible para los cinco sentidos, y por ello la tendencia general a rechazarla, o simplemente a subestimarla y despreciarla, calificándola de “algo sin importancia...”
Indubitablemente, cuando alguien comienza a auto-observarse, es señal inequívoca de que ha aceptado la tremenda realidad de su propia psicología.
Es claro que nadie intentaría auto-observarse si no encontrara antes un motivo fundamental.
Obviamente, quien inicia la auto-observación se convierte en un sujeto muy diferente a los demás, y de hecho indica la posibilidad de un cambio.
Desafortunadamente, las gentes no quieren cambiar, se contentan con el estado en que viven.
¡Causa dolor ver cómo las gentes nacen, crecen, se reproducen como bestias, sufren lo indecible y mueren sin saber por qué”!
Cambiar es algo fundamental, pero ello es imposible si no se inicia la auto-observación psicológica.
Es necesario empezar a verse a sí mismo con el propósito de auto-conocerse, pues en verdad el “humanoide racional” no se conoce a sí mismo.
Cuando uno descubre un defecto psicológico, de hecho ha dado un gran paso, porque esto le permitirá estudiarlo y hasta eliminarlo radicalmente.
En verdad que nuestros defectos psicológicos son innumerables, y aunque tuviésemos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos a enumerar a todos cabalmente.
Lo grave de todo esto es que no sabemos medir el espantoso realismo de cualquier defecto: siempre lo miramos en forma vana, sin poner en él la debida atención (lo vemos como algo sin importancia).
Cuando aceptamos la “doctrina de los muchos yoes” y entendemos el crudo realismo de los SIETE DEMONIOS que Jesús El Cristo sacó del cuerpo de María Magdalena, ostensiblemente nuestro modo de pensar (con respecto a los defectos psicológicos) sufre un cambio fundamental.
No está de más afirmar, en forma enfática, que la “doctrina de los muchos yoes” es de origen tibetano y gnóstico en un ciento por ciento.
En verdad que no es nada agradable saber que dentro de nuestra persona viven cientos y miles de “personas psicológicas”.
Cada defecto es una persona diferente, existiendo dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.
Los SIETE DEMONIOS que el Gran Maestro Jesús, El Cristo arrojó del cuerpo de María Magdalena, son los “siete pecados capitales”: IRA, CODICIA, LUJURIA, ENVIDIA, ORGULLO, PEREZA y GULA.
Naturalmente, cada uno de estos demonios (por separado) es cabeza de Legión.
En el viejo Egipto de los faraones, el iniciado debía eliminar (de su naturaleza interior) a los “DEMONIOS ROJOS DE SETH”, si es que quería lograr el despertar de la conciencia.
Visto el realismo de los defectos psicológicos, el aspirante desea cambiar: no quiere continuar en el estado en que vive, con tanta gente metida dentro de su psiquis, y entonces inicia la auto-observación-
14.- LA AUTO-OBSERVACIÓN Y LA DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA.
“La conciencia despierta nos permite experimentar, en forma directa, la realidad. Desafortunadamente el animal intelectual equivocadamente llamado hombre, fascinado por el poder formulativo de la DIALÉCTICA RAZONATIVA, ha olvidado la DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA”.
“Incuestionablemente, el poder para formular conceptos lógicos resulta, en el fondo, terriblemente pobre: de la tesis podemos pasar a la antítesis, y mediante la discusión llegar a la síntesis, más esta última, en sí misma, continúa siendo un concepto intelectual que en modo alguno puede coincidir con la realidad”.
“La DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA es más directa: nos permite experimentar la realidad de cualquier fenómeno, en sí mismo y por sí mismo”.
“La DIALÉCTICA DE LA CONCIENCIA, se fundamenta en las experiencias vividas y no en el mero racionalismo subjetivo”.
“Real es aquello que uno experimenta en su interior, y sólo la conciencia puede experimentar la realidad”.
“El lenguaje de la conciencia es simbólico, íntimo, profundamente significativo y sólo los despiertos lo pueden comprender”.
A medida que nosotros progresemos en el trabajo interior, podremos verificar (por sí mismos) un ordenamiento muy interesante en el sistema de eliminación.
Uno se asombra cuando descubre un orden en el trabajo relacionado con la eliminación de los múltiples “agregados psíquicos” que personifican a nuestros errores.
Lo interesante de todo esto es que tal orden a la eliminación de defectos, se realiza en forma graduativa y se procesa de acuerdo con la dialéctica de la conciencia.
Los hechos nos van demostrando que el ordenamiento psicológico, en el trabajo de eliminación de defectos, es establecido por nuestro propio SER INTERIOR PROFUNDO.
Debemos aclarar que existe una diferencia radical entre el EGO y el SER. El “yo” jamás podría establecer un orden en cuestiones psicológicas, pues él (en sí mismo) es el resultado del desorden.
Sólo el SER tiene poder para establecer el orden en nuestra psiquis. El Ser es el Ser y la razón de ser del Ser, es el mismo ser...
El ordenamiento en el trabajo de observación, enjuiciamiento y eliminación de nuestros “agregados psíquicos”, va siendo evidenciado por el sentido juicioso de la auto-observación psicológica.
En todos los seres humanos se halla el sentido de la auto-observación en estado latente, más se desarrolla en forma graduativa, a medida que vayamos usándolo.
Tal sentido nos permite percibir directamente, y no mediante simples asociaciones intelectuales, los diversos “yoes” que viven en nuestra psiquis.
Esta cuestión de las percepciones extra-sensoriales comienza a ser estudiada en el terreno de la Parapsicología, y de hecho ha sido demostrada en múltiples experimentos que se han realizado juiciosamente a través del tiempo, y sobre los cuales existe mucha documentación.
Quienes niegan la realidad de las percepciones extra-sensoriales, son ignorantes en un ciento por ciento, “bribones del intelecto”, embotellados en la Mente Sensual.
Sin embargo, el sentido de la auto-observación psicológica es algo más profundo, va mucho más allá de los simples enunciados parapsicólogicos: nos permite la auto-observación íntima y la plena verificación del tremendo realismo subjetivo de nuestros universos “agregados”...
15.- LA AUTO-OBSERVACIÓN Y LA “MEMORIA-TRABAJO”
“El ordenamiento sucesivo de las diversas partes del trabajo, relacionadas con el tema éste tan grave de la eliminación, nos permite inferir una MEMORIA-TRABAJO, muy interesante y hasta muy útil en la cuestión del desarrollo interior”.
“Esta MEMORIA-TRABAJO, si bien es cierto que puede darnos diversas fotografías psicológicas de las diversas etapas de la existencia pasada, juntadas en su totalidad traerían a nuestra imaginación una estampa viva, y hasta repugnante, de lo que fuimos antes de iniciar el trabajo psico-transformista radical. No hay duda de que jamás desearíamos regresar a esa horrorosa figura, viva representación de lo que fuimos”.
“Desde este punto, tal fotografía psicológica resultaría útil, como medio de confrontación entre un presente transformado y un pasado regresivo, rancio, torpe y desgraciado”.
“La memoria-trabajo se escribe siempre a base de sucesivos eventos psicológicos, registrados por el sentido de la auto-observación psicológica”.
Distíngase la MEMORIA MECÁNICA de la MEMORIA TRABAJO ESOTÉRICO GNÓSTICO.
La memoria mecánica lo lleva a uno a conclusiones erróneas.
¿Están ustedes seguros de recordar realmente su vida, tal cual fue? (no les estoy preguntando por sus existencias pasadas, sino por la presente). ¡Imposible: hay cosas que aparecen desfiguradas en la Memoria Mecánica!.
Si uno de pequeño, aunque haya nacido en una clase media ha vivido por lo menos en casa limpia, aseada, ha gozado de pan y de abrigo y de refugio, y ha visto unas cuantas monedas, puede suceder que a la vuelta del tiempo, de los años, guarde en su Memoria Mecánica algo deformada.
De niños, unos cuantos billetes nos parecen millones, unas pequeñas bardas, alrededor del patio o de la recámara, pueden parecer colosales. Debido a que nuestro cuerpo está chico, pues no sería extraño que ya grandes dijéramos: “De chiquitos, de niños, vivíamos en tal parte, mi casa estaba magníficamente arreglada, con grandes pareces, techos arreglados. ¡Qué camas, qué mesa tan preciosa, cuánto dinero!” (es un recuerdo mecánico, infantil y absurdo). Así pues que, la única MEMORIA REAL es la del trabajo...
Si por medio del ejercicio retrospectivo nos proponemos recordar la infancia, veríamos que esa casa, de muchachillos de la clase media, no era el palacio que antes pensábamos que fuera, sino una humilde morada de un padre trabajador y sincero, que esas “fabulosas sumas” que nos rodeaban, eran apenas, sí, unos pocos dineros para pagar la renta y comprar el diario.
La Memoria Mecánica es más o menos falsa, y si no, veamos el caso de los famosos “test psicológicos.
Si un grupo de ustedes hace una excursión a Yucatán y ven exactamente los mismos monumentos y piedras, al regresar aquí, cada uno de ustedes dará una versión diferente. ¿Qué prueba eso? Que la Memoria Mecánica es infiel, no sirve.
A ustedes les consta muchas veces lo mismo: han contado algún relato, se lo han dicho a tal o cual amigo. Este, a su vez, lo ha contado a otro, pero al contarlo ya le añadió más, o le quitó un poquito (ya no es el mismo relato, ya está desfigurado). Y ese otro, a su vez se lo cuenta a otro y entonces el relato se sigue desfigurando más, y a la larga, ni ustedes mismos conocen el relato: ha quedado tan desfigurado, que en nada se parece a lo que ustedes relataban.
Así es la Memoria Mecánica: no sirve, y es que en la memoria mecánica existe la fantasía, memoria mecánica y fantasía, están muy asociadas).
¿Cómo controlar, pues, la fantasía? No hay sino un modo de controlarla: mediante la MEMORIA DEL TRABAJO.
Si la Memoria Mecánica, por ejemplo, nos hace ver nuestra vida como no fue, como no ha sido, por medio del trabajo vamos descuartizando nuestra propia vida y llegamos a descubrirla tal cual es. Entonces ¿qué quiere decir esto? Que la memoria que guardamos, después del trabajo realizado nos permite controlar la fantasía, eliminarla, y eliminarla radicalmente.
Es conveniente, pues, eliminar esa imaginación mecánica, porque de modo alguno nos permite el progreso esotérico.
Vean ustedes, si no, a la dama que se arregla ante el espejo, que se pinta sus grandes ojeras, que se pone unas pestañas artificiales, los labios los tiñe de un color rojo, etc. ¡Véanla vestida al último modelo: como se mira ante el espejo, enamorada de sí misma! Si le dijéramos que es espantosamente fea, se sentiría herida en su vanidad (y mortalmente). Ella tiene una fantasía terrible, su forma de fantasía le hace verse como no es, la hace verse con una extraordinaria belleza.
Entonces, cada cual tiene sobre sí mismo un concepto equivocado, totalmente equivocado, y eso es terrible.
Uno se puede sentir “genial”, capaz de dominar al mundo con chispeante intelectualidad (está convencido); más si se viera en su crudo realismo, descubriría que lo que tiene en su personalidad no es propio, sino ajeno; que las ideas que tiene no son propias, sino que las leyó en tal o cual libro; que está lleno de lacras morales. Más, pocos son los que tienen el valor de desnudarse ante sí mismos, para verse tal cual son. Cada cual ha proyectado alguna forma de su fantasía sobre sí mismo, y como esa forma no es la realidad, nunca se ha visto jamás a sí mismo y eso es terrible, espantoso...
Prosiguiendo con estas disquisiciones, pensando en voz alta, para compartir con ustedes, diremos que en tanto no vaya uno disolviendo esas formas de la fantasía, permanecerá muy lejos del SER. Pero conforme uno elimine más y más todas las formas de la fantasía, el SER se irá manifestando cada vez más y más en sí mismos.
Continuando pues con estas disquisiciones, vemos claramente que la imaginación mecánica o fantasía nos mantiene muy lejos de la realidad, del SER, y eso es verdaderamente lamentable.
Las gentes deambulan por las calles soñando (van con sus fantasías), trabajan soñando con sus fantasías, se casan soñando, viven una vida de sueños y mueren soñando con el mundo de lo irreal, de la fantasía. Nunca se vieron a sí mismas (jamás), siempre vieron una forma de su fantasía. Quitarle esa forma de la fantasía a alguien, resulta fuerte, espantosamente fuerte, terriblemente fuerte...
Repito: ¿cómo controlar la fantasía? No hay sino una sola forma de controlarla: con la MEMORIA-TRABAJO.
Si somos sinceros consigo mismos, debemos trabajar para eliminar los “elementos indeseables” que tenemos, y a medida que le vamos eliminando, vamos descubriendo un orden en el trabajo.
Pero, ¿quién viene a establecer ese orden en el trabajo esotérico? ¡EL SER! El establece ese orden, y esa MEMORIA-TRABAJO nos permite eliminar la fantasía.
Obviamente, la fantasía es la que tiene a la humanidad sumida en el estado de inconsciencia en que se encuentra. Mientras exista la fantasía, la conciencia continuará dormida.
¡Hay que destruir la fantasía! En vez de la fantasía, debemos nosotros tener la imaginación consciente, la imaginación dirigida (el “TRASLÚCIDO”, la CLARIVIDENCIA, o SENTIDO DE LA AUTO-OBSERVACIÓN PSICOLÓGICA), y en vez de la memoria mecánica, debemos tener nosotros la MEMORIA DEL TRABAJO ESOTÉRICO, la MEMORIA CONSCIENTE.
Si nosotros, en vez de la memoria mecánica, que es pura fantasía, establecemos la MEMORIA-TRABAJO; si trabajamos sobre nosotros mismos, disolviendo los “elementos indeseables” que tenemos, obviamente vamos adquiriendo la MEMORIA CONSCIENTE, la MEMORIA DEL TRABAJO.
Aquél que practique el ejercicio retrospectivo para revisar su vida, acaba con la memoria mecánica y establece (dentro de sí mismo) la MEMORIA CONSCIENTE, la MEMORIA DEL TRABAJO.
Así pues que la memoria-trabajo y la imaginación consciente nos permitirá llegar muy lejos en el camino de auto-descubrimiento...
16.- LA OBSERVACIÓN DE LO OBSERVADO.
“Ninguna teoría, ningún sistema podrá llevarnos a la liberación. Quienes pretenden quebrantar el EGO a base de puras teorías, con el puro intelecto, son seres meramente reaccionarios, conservadores, retardatarios, y marchan por el camino de la gran equivocación”.
“Esta Babilonia que llevamos dentro, esta cuidad psicológica que en nuestro interior cargamos, donde viven los demonios de la ira, de la codicia, de la envidia, de la gula, etc., debe ser destruida con fuego”.
Obviamente, necesitamos auto-conocernos y para ello necesitamos auto-observarnos. Sólo por ese camino será posible llegar un día a la desintegración del Ego...
Quiero que entiendan, mis queridos hermanos gnósticos, la necesidad de observarse a aí mismos, de verse a sí mismos, pero hay que aprender a observarse, porque una es la observación mecánica y otra el la observación consciente.
Alguien, que por primera vez conociera nuestras enseñanzas, diría: “Pero, ¿qué gano con observarme? ¡Esto es aburridor, he visto que tengo ira, he visto que tengo celos, ¿y qué? ¡Claro está: así es la observación mecánica. Nosotros necesitamos OBSERVAR LO OBSERVADO, y esto ya es observación consciente de nosotros mismos.
La observación mecánica de sí mismos, no nos conduciría jamás a nada (es absurda, inconsciente, estéril). Necesitamos la observación consciente; sólo así podremos auto-conocernos para trabajar sobre nuestros defectos.
¡Qué sentimos ira en un instante dado? ¡Vamos a observar lo observado (la escena de ira), no importa que lo hagamos más tarde, pero vamos a hacerlo! Y al observar lo observado, lo que vimos en nosotros sabremos realmente si fue ira o no fue, porque pudo haberse provocado un síndrome nervioso que tomamos por ira.
¿Qué de pronto fuimos invadidos por los celos? ¡Pues vamos a observar lo observado! ¿Qué fue lo que observamos: tal vez que la mujer estaba con otro tipo, y si es mujer, que tal vez vio a su hombre con otra mujer sintió celos? En todo caso, muy serenamente y de profunda meditación, observaremos lo observado para saber, realmente, si hubo o no hubo celos.
Al observare lo observado, lo haremos por medio de la meditación y la auto-reflexión evidente del Ser. Así la observación se torna consciente.
Cuando uno se hace consciente de tal o cual defecto psicológico, puede trabajarlo con el FUEGO. Tendría uno que concentrarse en “STELLA MARIS”, la Tonantzin Azteca, Rea, Cibeles, Marah, María, o RAM-IO. Ella es una parte de nuestro propio Ser, pero derivado...
Recuerden ustedes que los agregados psíquicos o demonios rojos de Seth, viva personificación de nuestros errores, alteran el cuerpo vital, y alterado éste, daña al cuerpo físico. Así surgen las enfermedades en nosotros.
¿Quién es el que produce las úlceras, no es acaso la ira? ¿Quién produce el cáncer, no es acaso la lujuria? ¿Quién produce la parálisis, no es acaso la vida materialista, grosera, egoísta y fatal?
Necesitamos aprender a amar el fuego y a trabajar, en realidad de verdad, con los MISTERIOS DEL FUEGO...
Si nosotros auto-observamos, comprendemos y eliminamos los “yoes” de la lujuria, las escenas del prostíbulo y de la morbosidad finalizan.
Si nosotros auto-observamos, comprendemos y reducimos a cenizas los personajes secretos de la envidia, los eventos de la misma concluirán radicalmente.
Si nosotros auto-observamos, comprendemos y matamos los “yoes” del orgullo, de la vanidad, del engreimiento, de la auto-importancia, las escenas ridículas de estos defectos finalizarán por falta de actores.
Si nosotros auto-observamos, comprendemos y pulverizamos a los “yoes” asqueantes de la gula, de la glotonería, finalizarán los banqueteos, las borracheras, etc., por falta de actores...
Como quiera que estos múltiples “yoes” se procesan en los distintos Niveles del Ser, se hace necesario conocer sus causas, su origen, y los procedimientos que finalmente habrán de conducirnos a la muerte del “mi mismo” y a la liberación final.
SEGUNDA PARTE:
LO QUE DEBE SER AUTO-OBSERVADO
1.- a) La identificación.
b) el sello hermético, una solución práctica.
2.- a) Los pensamientos negativos.
b) La charla interior.
3.- a) Las emociones negativas.
b) Como auto-observar, comprender y eliminar el sufrimiento mecánico.
4.- a) La infra-imaginación o fantasía.
b) El “yo” fantasía, la “persona fantasía”.
5.- a) Las bases psicológicas sobre las cuales descansamos.
b) Como “cancelar las deudas”.
6.- a) La observación de la ley de recurrencia en nuestra propia vida.
b) La “enfermedad del mañana”.
1.- a) LA IDENTIFICACIÓN.
“La identificación es un estado psicológico en el cual el ser humano pasa toda su vida. El humanoide intelectual se identifica con todo: con lo que dice, con lo que sabe, con lo que cree o no cree, con lo que desea o no desea, con lo que le atrae o con lo que repele, etc. Todo le absorbe, y es incapaz de separarse de la idea, del sentimiento o del objeto que lo absorbe. Esto quiere decir que en el estado de identificación, el animal intelectual es incapaz de considerar imparcialmente el objeto de su identificación”.
“Es difícil hallar una cosa, por pequeña que sea, con la cual el homúnculo racional no pueda identificarse. Al mismo tiempo, en estado de identificación, tenemos menos dominio que nunca sobre nuestras reacciones mecánicas”.
“Expresiones tales como la mentira, la imaginación mecánica o fantasía, la “charla interior” y exterior, la expresión de emociones negativas, etc., exigen la identificación, no pueden existir sin la identificación”.
“Si el ser humano pudiera liberarse de la identificación, se liberaría de muchas manifestaciones inútiles y perjudiciales”.
Nosotros no debemos identificarnos con ningún “agregado psíquico”, si es que en verdad queremos separarlo de nuestra psiquis, porque cuando uno se identifica con tal o cual “yo”, de hecho lo fortifica en vez de desintegrarlo.
Supongamos que un “yo” cualquiera de lujuria se adueña de los “rollos” que tenemos en el centro intelectual, para proyectar en la pantalla de la mente escenas de lascivia y morbosidad sexual. Si nos identificamos con tales cuadros pasionarios, indubitablemente aquél “yo” lujurioso se fortificará tremendamente.
Más si nosotros, en vez de identificarnos con esa “entidad” la separamos de nuestra psiquis, considerándola como un “demonio intruso”, obviamente habrá surgido en nuestra intimidad la comprensión creadora.
Posteriormente podríamos darnos el lujo de enjuiciar (analíticamente) a tal “agregado”, con el propósito de hacernos plenamente conscientes del mismo.
Lo grave de las gentes consiste precisamente en la identificación, y esto es lamentable.
Si las gentes conocieran la “doctrina de los muchos yoes”, si de verdad entendieran que ni su propia vida les pertenece, entonces no cometerían el error de identificarse.
Escenas de ira, cuatros de celos, etc., en el terreno de la vida práctica, resultan útiles cuando nos hallamos en constante auto-observación psicológica. Entonces comprobamos que ni nuestros pensamientos, ni nuestros deseos, ni nuestras acciones nos pertenecen.
Incuestionablemente, múltiples “yoes” intervienen (como intrusos del mal agüero) para poner en el:
CENTRO PENSANTE: ideas, pensamientos;
CENTRO EMOCIONAL: emociones;
CENTRO MOTOR. Acciones de cualquier clase.
Es lamentable que no seamos dueños de sí mismos, es lamentable que diversas entidades psicológicas hagan con nosotros lo que les viene en gana.
Lo peor de todo esto es que en vez de luchar por independizarnos de todos esos “tiranuelos secretos”, cometemos el error de vigorizarlos, y esto sucede cuando nos identificamos.
b) EL SELLO HERMÉTICO, UNA SOLUCIÓN PRÁCTICA.
“Cualquier trabajo que uno haga sobre sí mismo con el propósito de lograr un desarrollo anímico y espiritual, se relaciona siempre con el aislamiento (muy bien entendido), pues bajo la influencia de la vida, tal como siempre la vivimos, no es posible desarrollar otra cosa que la personalidad”.
“Si el pobre mamífero intelectual equivocadamente llamado hombre, no se aísla sino que se identifica con todos los sucesos de la vida práctica, y derrocha sus fuerzas en emociones negativas, en auto-consideraciones personales y en vana palabrería insubstanciaal de charla ambigua, nada edificante, ningún elemento real puede desarrollarse en él, salvo lo que pertenece al mundo de la mecanicidad”.
“Ciertamente, quien quiera de verdad lograr (en sí mismo) el desarrollo de la esencia, debe llegar a estar HERMÉTICAMENTE CERRADO (esto se refiere a algo íntimo, estrechamente relacionado con el silencio)”.
“La frase viene de los antiguos tiempos, cuando se enseñaba secretamente una doctrina sobre el desarrollo interior del hombre, vinculada con el nombre de Hermes”.
Cuando uno se observa a sí mismo juiciosamente descubre que se encuentra dormido; que su conciencia, que es en realidad de verdad el segundo aspecto más importante, después del Ser, está enfrascada en múltiples “elementos psíquicos indeseables”, se encuentra hipnotizada.
Evidenciar eso, es darse cuenta de que se está dormido. ¿Cómo podría uno darse cuenta, de eso de que está dormido si no se auto-observara profundamente? Es necesario la auto-observación; sólo así puede uno darse cuenta de que está dormido.
Cuando uno puede verificar (por sí mismo) el hecho concreto de que está dormido, intenta juiciosamente despertar la conciencia (el CHIITA), sí, debe despertar antes de poder gozar de “ANANDA”, la suprema felicidad del Ser, pero esto exige vigilancia extrema.
Obviamente, si uno se olvida de sí mismo frente a una copa de vino, termina borracho; si uno se olvida de sí mismo frente a una persona del sexo opuesto, termina fornicando o adulterando, cometiendo crímenes contra el Espíritu Santo; si uno se olvida de olvida de sí mismo frente a un insultador, termina insultando. Cuando uno se olvida de sí mismo, comete muy graves errores.
Es indubitable que siempre vivimos identificándonos con cosas y hechos inútiles; nos identificamos con tonterías: tal vez porque se nos perdió un botón, o tal vez porque perdimos el reloj; posiblemente cuando nos echaron una insultada, cuando nos dijeron una palabra dura; o bebimos vino cuando no debimos tomar, o fumamos cuando no deberíamos fumar. Nos angustiamos por cualquier tontería: porque posiblemente olvidamos pegarle la estampilla al sobre que pusimos en el correo y eso nos trae gran preocupación o porque no recibimos el dinero que necesitábamos recibir para pagar la renta, vino el dueño de la casa y nos hizo un reclamo un poco fuerte, o porque comimos y posiblemente se nos indigestó la comida...
En fin, son tantos y tan nimios los detalles que nos mantienen en sueño constante, que andamos siempre olvidados de sí mismos, identificados con múltiples tonterías: con lo que dijo la vecina, con lo que dijo el hermanito gnóstico, con lo que dijo la hermanita, con lo que zutano afirmó, con lo que perencejo dijo que menganejo había dicho... Vivimos identificados con todas esas nimiedades, no edificantes ni tampoco dignificantes, y no contentos con eso, nos llenamos de emociones negativas y la conciencia se sumerge en el sueño más espantoso. Así es como todas las gentes están en “estado de coma”.
Si nos dejamos succionar la energía psíquica, ¿a qué nos pareceríamos? “Yo digo que tal vez a un “colador”, de esos que sirven para filtrar los “licuados”. Por ahí se escapa la energía y el pobre “colador” queda vacío. El medio ambiente succiona nuestras propias energías y no las acumulamos, y aunque trabajemos (en esas condiciones) en la “fragua encendida de Vulcano”, , es obvio que no logramos, en esa forma y de ese modo crear el segundo cuerpo ni mucho menos el tercero o el cuarto.
Para poder crear el segundo cuerpo, se necesita aprender a SELLARNOS HERMÉTICAMENTE, MÁGICAMENTE. ¿Qué se entiende por el “sello hermético”? No permitir que nos succionen la energía, no olvidarnos de sí mismos jamás, nunca, en ningún segundo, en ningún minuto.
Al no identificarnos con las nimiedades, con las tonterías de este mundo, es obvio que no pueden extraernos nuestra energía vital y ésta se acumula en el interior, y como resultado surge el segundo cuerpo: el Astral. Pero si todo el Mercurio de la Filosofía Secreta permitimos que nos lo extraigan las gentes que viven en este mundo tridimensional de Euclides entonces, ¿con qué elemento vamos a fabricar o cristalizar el segundo cuerpo, o el tercero, o el cuarto?.
En otra época dije que los cuerpos se fabricaban automáticamente, con sólo transmutar el Exiohehari, el mercurio de los sabios, es decir, el Esperma Sagrado (es que se me había olvidado que estos terrícolas no poseen esos cuerpos existenciales superiores del Ser. Resulta que como nací con tales cuerpos, había olvidado ese detalle. Reflexionando un poco vine a evidenciar que mientras los terrícolas se dejen extraer el mercurio, con que elaboran los cuerpos existenciales superiores del Ser?
¿Qué se entiende por “mercurio”? La energía sexual. Se la dejan extraer, eso es obvio, y cada vez que ustedes se identifican con una carrera de caballos, se dejan extraer el mercurio y cada vez que ustedes se identifican con el juego de lotería, se dejan extraer el mercurio, y cada vez que ustedes se identifican con un insultador, se dejan extraer el mercurio y cada vez que ustedes se identifican con un payaso, se dejan extraer el mercurio, etc., etc., etc.
Hay necesidad de crear el SELLO HERMÉTICO, hay que crear un PODER MÁGICO, como elemento que nos permita no dejarnos extraer el mercurio. Y es posible crear tal poder mágico, si en realidad de verdad hermanos, no nos identificamos con todas esas nimiedades que nos succionan la energía...
Es mucho lo que podríamos decir sobre la intima recordación de sí mismos. No serulta difícil entender que en las condiciones en que estamos, cualquiera juega con nosotros, hacemos lo que los demás quieren que hagamos, y eso es grave.
¿Vamos o no a tener una individualidad propia, o vamos a seguir aspi como estamos? ¿No les parece a ustedes lamentable que otros jueguen con nosotros? De pronto están ustedes tranquilos, en su estudio y alguien los llama por teléfono, los insultan y ustedes se disgustan. Eso no estaba en el programa, pero ustedes se disgustan. ¿Por qu+e? ¿Por qué otro los llama por teléfono y dice lo que le viene en gana? Entonces, ¿dónde está la capacidad de defensa? ¡Están indefensos completamente!
Cada vez que uno se identifica con las tonterías de la humanidad, la conciencia queda dormida, queda uno convertido en un autómata. Uno debe, todas las mañanas, SELLARSE HERMÉTICAMENTE: no hago sino lo que tengo que hacer, no lo que los demás quieren que haga; no me voy a identificar con nada en la vida, porque cuando uno se identifica con algo, resulta siendo un autómata. Si se identifica uno con su propia mente, con sus propios pensamientos morbosos, termina adulterando, fornicando; si se identifica una (desgraciadamente) con sus emociones negativas, termina perdiendo energía creadora por toneladas, si se identifica uno con las palabras, como las palabras groseras de un insultador, termina insultando también...
Debemos SELLARNOS, repito, cada mañana, y el sello debe ser total: no identificarse con nada, no olvidarse de su SER nunca jamás, nunca jamás, nunca jamás, porque el Ser es lo que cuenta, es lo fundamental.
Así, cambiando nuestra conducta, sellándonos herméticamente, podemos trabajar en la “forja de los cíclopes”...
Así que, esta noche, al hablar de la INTIMA RECORDACIÓN DE SÍ MISMO, insisto una y otra vez en la necesidad de un sello hermético, de un sello mágico. Todas las mañana, al levantarnos, debemos tomar una sola resolución: RECORDARNOS A SI MISMOS DURANTE TODO EL DÍA, NO OLVIDARNOS NI UN SOLO MOMENTO DE SÍ MISMOS.
Esto se llama “SELLARSE HERMÉTICAMENTE”. Si uno no procede así, si no se sabe SELLAR, es un juguete indefenso, vulnerable en un ciento por ciento; una máquina, un autómata que todo el mundo maneja.
Ahonden ustedes en estos conceptos, mis queridos hermanos: necesitamos que ustedes den forma a una INDIVIDUALIDAD REAL. Todavía ustedes no han creado una individualidad y es necesario crearla. Para eso se necesita el sello hermético y mágico, diario, contante. Y si trabajan en la “fragua encendida de Vulcano”, deben saber que los cuerpos existenciales superiores del Ser, exigen el sello hermético, no olvidarse de sí mismos, porque si ustedes pierden sus energías, ¿con qué van a fabricar los cuerpos, cómo harían?
Esto no significa que ustedes no deban actuar, claro está que sí. “SELLARSE” es aprender a sacar buen partido de las peores dificultades. En verdad que los más graves inconvenientes de la vida, resultan un “gimnasio” maravilloso para el auto-descubrimiento, pero hay que saberlo aprovechar.
2-a- LOS PENSAMIENTOS NEGATIVOS
“Cada cual tiene una forma de pensar y cada cual cree que su forma de pensar es la más correcta, pero en realidad de verdad, las diversas formas de pensar de cada cual, o de todos en conjunto, de correcto no tienen nada, puesto que están hipnotizados. ¿Cómo puede pensar correctamente una persona que está hipnotizada? Pero ustedes creen que están pensando correctamente y he ahí su error: esos hábitos mentales no sirven”.
“Así, pues, no nos engañemos a sí mismos. Si ustedes quieren cambiar, seamos serios y empecemos por cambiar nuestra manera de pensar”.
No siempre se está bien acompañado cuando estamos solos. Es apenas norma, es muy natural estar MAL ACOMPAÑADOS en plena soledad.
Los “yoes” más negativos y peligrosos se presentan cuando estamos solos.
Las “malas compañías” dentro de nosotros están. Las “malas compañías” son los “agregados psíquicos” perversos que en nuestro interior cargamos.
Los múltiples pensamientos que por nuestros entendimientos cruzan, tienen su origen en los múltiples “yoes” que llevamos dentro.
Esto significa que no somos verdaderos INDIVIDUOS PENSANTES, QUE REALMENTE TODAVÍA NO TENEMOS mente individual.
Sin embargo, cada uno de los “yoes” que cargamos dentro usa nuestro centro intelectual, lo utiliza (cada vez que puede) para pensar.
Absurdo sería, pues, identificarnos con tal o cual pensamiento negativo y perjudicial, creyéndolo propiamente particular.
Obviamente, éste o aquél pensamiento negativo proviene de cualquier “yo” que en un momento dado, ha utilizado abusivamente nuestro centro intelectual.
Pensamientos negativos los hay de distinta especie: de sospecha, desconfianza, mala voluntad hacia otra persona, celos pasionales, celos religiosos, celos políticos, celos por amistades o de tipo familiar; de codicia, lujuria, venganza, ira, orgullo, envidia, odio, resentimiento, hurto, adulterio, pereza, gula, etc.
Como consecuencia o corolario de lo antes dicho, resulta descabellado identificarnos con los pensamientos negativos.
Como quiera que no es posible que exista efecto sin causa, afirmamos (solemnemente) que nunca podría existir un pensamiento por sí mismo, por generación espontánea.
La relación entre PENSADOR y PENSAMIENTO es ostensible: cada pensamiento negativo tiene su origen en un pensador diferente.
En cada uno de nos existen tantos pensadores negativos, cuantos pensamientos de la misma índole.
Mirada esta cuestión desde el ángulo de “ PENSADORES y PENSAMIENTOS”, sucede que cada uno de los “yoes” que cargamos en nuestra psiquis, es ciertamente un pensador diferente.
Incuestionablemente, dentro de cada uno de nos existen demasiados pensadores. Sin embargo cada uno de éstos, a pesar de ser tan sólo una parte, se cree el todo en un momento dado...
Quien no vive en estado de ALERTA-NOVEDAD, de ALERTA-PERCEPCIÓN, pensando que está pensando, se identifica fácilmente con cualquier pensamiento negativo.
De resultas de esto, fortalece (lamentablemente) el poder siniestro del “YO NEGATIVO”, autor del correspondiente pensamiento en cuestión.
Cuanto más nos identifiquemos con un pensamiento negativo, tanto más esclavos seremos del correspondiente “yo” que le caracteriza.
Con respecto a la Gnosis, al camino secreto, al trabajo sobre sí mismos, nuestras tentaciones particulares se encuentran, precisamente, en los “yoes” que odian a la Gnosis y al trabajo esotérico, porque ellos no ignoran que su existencia (dentro de nuestra psiquis) está amenazada por la Gnosis y por el trabajo.
Esos “yoes”, negativos pendencieros, se apoderan fácilmente de ciertos “rollos mentales” que tenemos almacenados en nuestro centro intelectual, y originan, secuencialmente, corrientes mentales nocivas y perjudiciales.
Si aceptamos esos pensamientos, esos “yoes negativos” que en un momento dado controlan nuestro centro intelectual, seremos entonces incapaces de liberarnos de sus resultados.
Jamás debemos olvidar que todo “yo negativo” se auto-engaña y engaña, y que en conclusión MIENTE...
Cada vez que sentimos una súbita pérdida de fuerza, cuando el aspirante se desilusiona de la Gnosis y del trabajo esotérico, cuando pierde el entusiasmo y abandona lo mejor, es obvio que ha sido engañado por algún “yo negativo”.
El “yo negativo” del adulterio, aniquila los nobles hogares y hace desgraciados a los hijos.
El “yo negativo” de los celos engaña a los seres que se adoran y destruye la dicha de los mismos.
El “yo negativo” del orgullo místico, engaña a los devotos del camino u, éstos, sintiéndose sabios, aborrecen a su maestro o lo traicionan.
El “yo negativo” apela a nuestras experiencias personales, a nuestros mejores anhelos, a nuestra sinceridad, y mediante una rigurosa selección de todo esto, presenta una FALSA LUZ, algo que fascina, y viene el fracaso.
Sin embargo, cuando uno descubre al “yo” en acción, cuando ha aprendido a vivir en ESTADO DE ALERTA, tal engaño se hace imposible...
2.-b- LA CHARLA INTERIOR
“Auto-observándose, uno puede descubrir en sí mismo un rasgo mecánico curioso. Es el hecho de hablar. No hay mal alguno en el hecho mismo de hablar, pero en ciertas personas, y muy particularmente en las que menos cuenta se dan de ello, hablar se convierte en un vicio, hablan continuamente, donde quiera se encuentren: en el trabajo, durante los viajes y hasta durmiendo. No pueden cesar de hablar cuando hallan con quien hacerlo, y si no hay nadie, se hablan a sí mismas”.
“Distingamos nosotros entre lo que es la plática, propiamente dicha, y lo que es la charla. La charla y el charlatán, son lo mismo. Por eso, en nuestros estudios, no debemos jamás aceptar la palabra CHARLA o CHARLATÁN para nuestros conferencistas. Nosotros no damos charlas. Yo (Samael aun Weor) no estoy charlando con ustedes. Soy un hombre serio que no ha venido a charlar, sino a platicar con ustedes, es diferente, La charla es para los charlatanes y la plática la encontramos en los diálogos de Platón, o en las pláticas que sostenía Sócrates con sus discípulos. Ya ampliamente se ha hablado sobre esto y bien valdría la pena estudiar la República, de Platón. Así podríamos hacer una clara diferenciación entre lo que es la plática y lo que es la charla de los charlatanes”.
“La charla es, por naturaleza, algo mecánico. El charlista, o el charlatán, es el que da charlas, es el individuo que no tiene conciencia de lo que está diciendo: habla mecánicamente. La plática es otra cosa: plática es la de un Sócrates con sus discípulos (en su academia), la de un Platón, en los Misterios de Eleusis (eso es la plática, allí hay REFLEXIÓN). En este caso quien platica, quien da la enseñanza, habla por REFLEXIÓN EVIDENTE DEL SER: escoge las palabras adecuadas para cada idea, reviste las ideas con palabras exactas, resultado evidente de la auto-reflexión del Ser”.
“Quien platica, quien da la enseñanza gnóstica, en modo alguno discurriría mecánicamente. Observen ustedes que los hombres reflexivos, cuando platican, lo hacen EVIDENTEMENTE CONCENTRADOS: escogen las palabras que necesitan para revestir las ideas trascendentales del Ser”.
“Así, pues, debemos hacernos conscientes de la palabra”...
Resulta urgente, inaplazable, impostergable, observar la charla interior y el lugar preciso de donde proviene.
Incuestionablemente, la charla interior equivocada es la causa-causorum de muchos estados psíquicos inarmónicos y desagradables, en el presente y también en el futuro.
Obviamente, esa vana palabrería insubstancial de charla ambigua, y en general toda plática perjudicial, dañina y absurda, manifiesta en el mundo exterior, tiene su origen en la conversación interior equivocada.
Se sabe que existe, en la Gnosis, la práctica esotérica del SILENCIO INTERIOR (esto lo saben nuestros discípulos de Tercera Cámara). No está de más decir, con entera claridad, que el SILENCIO INTERIOR debe referirse, específicamente, a algo muy preciso y definido.
Cuando el proceso del pensar se agota intencionalmente, durante la meditación interior profunda, se logra el silencio interior más no es esto lo que queremos explicar en el presente capítulo.
“Vaciar la mente” o “ponerla en silencio”, tampoco es lo que intentamos explicar ahora, en estos párrafos.
Practicar el silencio interior, a que nos estamos refiriendo, tampoco significa impedir que algo penetre en la mente.
Realmente estamos hablando, ahora mismo, de un silencio interior muy diferente, que no se trata de algo vago o general. Queremos practicar el silencio interior, en relación con algo que ya esté en la mente: persona, suceso, asunto propio o ajeno, lo que nos contaron, lo que hizo fulano, etc., pero sin tocarlo con la LENGUA INTERIOR, SIN DISCURSO INTIMO.
Aprender a callar, no solamente con la lengua exterior, sino también (además) con la LENGUA SECRETA, INTERNA, resulta extraordinario, maravilloso.
Muchos callan exteriormente, más con su lengua interior desollan vivo al prójimo.
La charla interior, venenosa y malévola, produce confusión interior.
Si se observa la charla interior equivocada, se verá que está hecha de verdades a medias, o de verdades que se relacionan entre sí de un modo más o menos incorrecto, o de algo que se agregó o se omitió.
Desgraciadamente, nuestra vida emocional se fundamente exclusivamente en la AUTO-SIMPATÍA.
Para colmo de tanta infamia, sólo simpatizamos con nosotros mismos, con nuestro tan “querido ego”, y sentimos antipatía (y hasta odio) con aquellos que no simpatizan con nosotros.
Nos queremos demasiado a sí mismos, somos “narcisistas” en un ciento por ciento. Esto es irrefutable, irrebatible...
En tanto continuemos embotellados en la AUTO-SIMPATÍA, cualquier desarrollo del Ser se hace algo más que imposible.
Necesitamos prender a ver el punto de vista ajeno, es urgente saber colocarnos en la posición de los otros...
“Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo: VII, 12).
Lo que verdaderamente cuenta en estos estudios, es la manera como los hombres se comportan, interna e invisiblemente, los unos con los otros.
Gentes aparentemente muy bondadosas, arrastran diariamente a sus semejantes hacia la cueva secreta de sí mismos, para hacer con éstos todo lo que se les antoje: vejaciones, burla, escarnio, etc.
3-a- LAS EMOCIONES NEGATIVAS
¿Qué se entiende por “emociones negativas”? La psicología gnóstica, con el término “emociones negativas”, designa a todas las expresiones de los “yoes” que se ubican en el centro emocional inferior y lo controlan, tales como el miedo, los celos, el resentimiento, la auto-compasión, la auto-consideración, la auto-simpatía, la cólera, el aburrimiento, la envidia, la desconfianza en sí mismo y en los demás, etc.
Ordinariamente se acepta la expresión de emociones negativas como una cosa completamente “natural” y “necesaria”, y también con frecuencia las gentes la llaman “sinceridad”. Desde luego, no sólo son innecesarios y antinaturales, sino que nada tiene que ver con la sinceridad. Son, simplemente, un signo de debilidad, un signo de la condición egoica de la conciencia, y de impotencia para aprender a recibir con agrado las manifestaciones desagradables de los semejantes.
En la Psicología Experimental y Gnóstica, existe un precepto (relativo a la lucha contra las emociones negativas) que dice: “SI QUEREMOS TRANSFORMARNOS RADICALMENTE, NECESITAMOS SACRIFICAR LOS PROPIOS SUFRIMIENTOS”...
No existe placer ni goce que el ser humano no esté dispuesto a sacrificar por razones fútiles, pero se niega a sacrificar sus sufrimientos.
El llamado “arte moderno”: el teatro, el drama, etc., así como las llamadas “telenovelas” y “radionovelas”, están fundamentadas en estas emociones inferiores que tan grave daño causan.
Con las emociones negativas, el “yo”, el ego, se fortifica espantosamente, obstruyendo toda posibilidad de desarrollo interior.
Ciertamente, jamás resulta tarea fácil eliminar las emociones negativas y perder toda identificación con nuestro propio tren de vida: problemas de toda índole, negocios, deudas, pago de letras, de hipotecas de teléfono, agua, luz, etc.
Los desocupados (por ejemplo), aquéllos que por tal o cual motivo han perdido el empleo, el trabajo, evidentemente sufren por falta de dinero, y olvidar su caso, no preocuparse ni identificarse con su propio problema, resulta de hecho espantosamente difícil.
Quienes sufren, quienes lloran, aquellos que han sido víctimas de alguna traición, de un “mal pago” en la vida, o de una ingratitud, de una calumnia o de algún fraude, realmente se OLVIDAN DE SI MISMOS, de su SER INTIMO, se identifican completamente con su tragedia moral...
Las personas melancólicas y pesimistas piensan de la vida lo peor, y francamente no desean vivir.
Todos los días vemos gentes que no sólo son infelices, sino que además (y lo que es peor), hacen también amarga la vida a los demás.
Gentes así, no cambiarían ni viviendo de fiesta en fiesta, pues la ENFERMEDAD PSICOLÓGICA las llevan en su interior. Tales personas poseen estados íntimos definitivamente perversos.
Sin embargo, esos sujetos se auto-califican de “justos”, “santos”, “virtuosos”, “nobles”, “serviciales”, “mártires”, etc. Son gentes que se auto-consideran demasiado, personas que se quieren mucho a sí mismos, individuos que se apiadan mucho de sí mismos y que siempre buscan escapatorias para eludir responsabilidades.
Personas así están acostumbradas a las emociones inferiores, y es ostensible que (por tal motivo) crean diariamente “elementos psíquicos infrahumanos...
Si uno no cometiera el error de identificarse tanto consigo mismo, la auto-consideración interior sería algo más que imposible.
Cuando uno se identifica consigo mismo, entonces se quiere demasiado, siente piedad por sí mismo, se auto-consideran y piensa que siempre se ha portado muy bien con fulano, con zutano, con la mujer, con los hijos, etc., y que nadie lo ha sabido apreciar. Total, él es un santo y los demás unos malvados, unos bribones.
Una de las formas más corrientes de auto-consideración íntima, es la preocupación por lo que otros puedan pensar sobre uno mismo, porque tal vez supongan que no somos honrados, sinceros, verídicos, valientes, etc.
Lo más curioso es que ignoramos, lamentablemente, la enorme pérdida de energía que esta clase de preocupaciones nos trae. No cabe la menor duda sobre el aspecto desastroso de la auto-consideración interior, pues ésta, además de HIPNOTIZAR LA CONCIENCIA, nos hace perder muchísima energía.
Muchas actitudes hostiles hacia ciertas personas que ningún mal nos han hecho, se deben precisamente a tales preocupaciones, nacidas de la auto-consideración íntima.
En estas circunstancias, queriéndose tanto a sí mismo, auto-considerándose de este modo, es claro que el “yo”, o mejor dijéramos los “yoes”, en vez de extinguirse se fortalecen espantosamente.
Identificado uno consigo mismo, se apiada mucho de su propia situación, hasta le da por “hacer cuentas”. Así es como piensa que fulano, que zutano, que el compadre, que la comadre, que el vecino, que el patrón, que el amigo, etc., “no le han pagado como es debido, a pesar de todas sus consabidas bondades”, y embotellado en esto se vuelve insoportable y aburridor para todo el mundo.
Con un sujeto así, prácticamente no se puede hablar, porque cualquier conversación es seguro que va a parar a su “librito de cuentas” y a sus tan cacareados sufrimientos.
Escrito está que el trabajo esotérico gnóstico, sólo es posible el crecimiento anímico mediante el perdón a los otros.
Si alguien vive (de instante en instante, de momento en momento) sufriendo por lo que le deben, por lo que le hicieron, por las amarguras que le causaron, siempre con su misma “canción”, nada podrá crecer en su interior.
La Oración del Señor ha dicho: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”...
El SENTIMIENTO de que a uno le deben, el dolor por los que otros nos causaron, detiene todo progreso interior del Alma.
Jesús, el Gran Kabir, dijo: “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto, en tanto estás con él en el camino, no sea que el adversario te entregue al Juez, y el Juez al alguacil, y seas echado en la cárcel. De cierto os digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.
Esta es la “Ley del Talión”: “Ojo por ojo y diente por diente” (¡círculo vicioso, absurdo...!)
Las disculpas, la cumplida satisfacción y las humillaciones que a otros exigimos por los males que nos causaron, también a nosotros nos es exigida, aunque nos consideremos “mansas ovejas”.
Colocarse uno bajo leyes innecesarias, es absurdo. Mejor es ponerse, a sí mismo, bajo nuevas influencias.
Es urgente, indispensable e inaplazable, colocarnos (inteligentemente) bajo las influencias maravillosas del trabajo esotérico gnóstico: OLVIDAR QUE NOS DEBEN y eliminar de nuestra psiquis cualquier forma de auto-consideración.
Jamás debemos admitir, dentro de nosotros, emociones negativas: sentimientos de venganza, resentimientos, ansiedades por los males que nos causaron, violencia, envidia, incesante recordación de deudas, etc.
La gnosis está destinada a aquellos aspirantes sinceros que verdaderamente quieran trabajar y cambiar...
Si observamos directamente a las gentes, podemos evidenciar (en forma directa) que cada persona tiene su propia “canción”, que cada cual “canta” su propia “CANCIÓN PSICOLÓGICA”.
Quiero referirme, en forma enfática, a la cuestión esa de las “cuentas psicológicas”: Sentir que a uno de deben, quejarse, auto-considerarse, etc.
A veces la gente “canta” su “canción”, así porque sí, sin que le den cuerda, sin que se le aliente, y en otras ocasiones, después de unas cuantas copas de vino.
Nosotros decimos que nuestra aburridora canción debe ser eliminada, porque ésta nos incapacita interiormente, nos roba mucha energía.
En cuestiones de Psicología, alguien que “canta demasiado bien” (no nos estamos refiriendo a la hermosa voz ni al canto físico), ciertamente NO PUEDE IR MÁS ALLÁ DE SI MISMO, se queda en el pasado.
Una persona, impedida por tristes canciones no puede ir más allá de lo que es, y para pasar a un nivel superior del Ser, es preciso dejar de ser lo que se es, necesitamos no ser lo que somos.
Si continuamos siendo lo que somos, nunca podremos pasar a un nivel superior del Ser...
En el terreno de la vida práctica, suceden cosas insólitas. Muy a menudo, una persona cualquiera traba amistad con otra, sólo porque le es fácil cantarle su canción. Desafortunadamente, tal clase de relación terminan cuando al cantante se le pide que calle, que cambie el disco, que hable de otra cosa, etc. Entonces el cantante, resentido, se va en busca de un nuevo amigo, de alguien que esté dispuesto a escucharle por tiempo indefinido...
¡COMPRENSIÓN, exige el “cantante” (alguien que lo comprenda), como si fuera tan fácil comprender a otra persona!
Para comprender a otra persona, es preciso comprenderse a sí mismo. Desafortunadamente, el “buen cantante” cree que se comprende a sí mismo.
Son muchos los cantantes” decepcionados que cantan” la “canción” de no ser comprendidos, y sueñan con un mundo maravilloso donde ellos son las figuras centrales.
Sin embargo, no todos los cantantes son públicos; también hay reservados: no cantan su canción directamente, más secretamente la cantan.
Esas son gentes que han trabajado mucho, que han sufrido demasiado, que se sienten defraudadas, que piensan que la vida les debe todo aquello que nunca fueron capaces de lograr, y que sienten, por lo común, una tristeza interior, una sensación de monotonía y espantos aburrimiento, cansancio íntimo o frustración, a cuyo alrededor se amontonan los pensamientos.
Incuestionablemente, las “canciones secretas” nos cierran el paso en el camino de la Auto-realización íntima del Ser.
Desgraciadamente, tales “canciones interiores”, secretas, pasan desapercibidas para sí mismos, a menos que intencionalmente las observemos.
Obviamente, toda observación de sí deja penetrar psiquis, a menos que a ésta sea llevada a luz de la observación de sí.
Es indispensable auto-observarse estando solo del mismo que al estar en relación con la gente...
Si queremos transformarnos radicalmente, necesitamos sacrificar nuestros propios sufrimientos.
Muchas veces expresamos nuestros sufrimientos en “canciones” articuladas o inarticuladas...
3.b- CÓMO AUTO-OBSERVAR, COMPRENDER Y ELIMINAR EL SUFRIMIENTO MECÁNICO.
“Debe uno empezar por sacrificar, aunque sea sus propios sufrimientos. Yo les aseguro a ustedes que la gente está dispuesta a sacrificar sus placeres y hasta sus vicios, o su dinero, pero nunca sus sufrimientos”.
“La gente quiere mucho sus sufrimientos, sus dolores, los quiere demasiado; todo lo sacrificaría, menos sus sufrimientos”.
“A la gente le encanta hablar de sus experiencias, de los sufrimientos por los que pasaron, de sus amarguras, de lo que YO VOY A SER, de LO QUE YO SOY, gracias a haber sufrido tanto... Raros son , en verdad muy pocos, los que están dispuestos a sacrificar sus sufrimientos”.
“Erradiquen esas cosas de la personalidad; todo se transforma mediante el sacrificio. Sacrifiquen sus propios sufrimientos, erradiquen (de sí mismos) los yoes que los produjeron y quedarán sacrificados los sufrimientos”.
“Los yoes de los sufrimientos hay que desintegrarlos, volverlos cisco, y esa energía que resulta de allí, produce una transformación de donde nace un HOMBRE DIFERENTE”...
Voy a decirles a ustedes una gran verdad: el dolor se sacrifica auto-explorándolo y haciéndole la disección.
Tomemos un caso concreto: supongamos que un hombre, de pronto, encuentra a su mujer platicando “muy quedito”, por ahí en un cuarto, con otro hombre. Realmente, esto puede provocarle ciertos celos. Ahora, si encuentra a la mujer ya “demasiado quedito”, en demasiada intimidad con un sujeto XX, puede haber estallido de celos, acompañado de un gran disgusto (tal vez hasta tenga una riza con el otro hombre, por celos) Esto produce un dolor espantoso al marido (al marido ofendido), que puede dar lugar a un divorcio; hay un dolor moral horripilante.
Sin embargo, no era para tanto, sino que simplemente platicaba “muy quedito”. Al marido no le consta nada malo, pero la mente hace muchas conjeturas y aunque la mujer niegue, niegue y niegue, la mente tiene muchos pasillos, muchos recovecos, en los que se forman realmente muchas suposiciones...
¿Qué hacer para eliminar ese dolor, cómo sacrificarlo? ¿Cómo renunciar al dolor que le ha provocado eso? Hay una forma de hacerlo, de sacrificar ese dolor. ¿Cuál? La AUTO-REFLEXIÓN EVIDENTE DEL SER, la auto-exploración de sí mismo.
¿Están seguros ustedes, por ejemplo, que nunca han tenido relación con otra mujer? ¿Se está seguro de que uno jamás se ha acostado a dormir con otra fémina? ¿Se está seguro de que uno jamás ha sido adúltero, ni en esta ni en pasadas existencias? Claro está que nosotros, todos en el pasado fuimos adúlteros y fornicarios; eso es obvio.
Si uno llega a la conclusión, pues de que también fue fornicario y adúltero, entonces, ¿con qué autoridad esta juzgando a la mujer? Al juzgarla, lo hace sin autoridad. Ya Jesús El Cristo, en la parábola de la mujer adúltera (aquella mujer de los evangelios Crísticos), exclamó: “¡El que se sienta libre de pecado, que arroje la primera piedra!” Nadie la arrojó; ni el mismo Jesús se atrevió a acusarla. Le dijo: “¿Dónde están los que te acusaban? Ni yo mismo te acuso; vete y no peques más”... Ni él mismo, que era tan perfecto, se atrevió. Ahora nosotros, ¿con qué autoridad lo haríamos?
Entonces, ¿quién es el que nos está provocando ese sentimiento, ese supremo dolor? ¿No es acaso, el demonio de los celos? Obviamente que sí. ¿Y cuál otro demonio? El “yo” del amor propio, que ha sido herido mortalmente (el yo del amor propio es egoísta en un ciento por ciento) ¿Y cuál otro? El yo, dijéramos, de la auto-importancia, ese que se siente muy importante y que dirá: “Yo, que soy el señor don fulano de tal, ¿y que esta mujer venga aquí, con esta clase de conducta?” (vean ustedes qué orgullo tan terrible, el del señor de la auto-importancia) O aquél otro de la intolerancia, que dice: ¡Fuera adúltera; te condeno, malvada; yo soy virtuoso, intachable!...
He ahí, pues, el delito dentro de uno mismo. Ese tipo de yoes son los que vienen a producir dolor...
Cuando uno llega a la conclusión de que son esos yoes los que hay provocado el dolor, entonces se concentra en le Divina Madre Kundalini, y ella desintegra esos yoes. Cuando se ha desintegrado el yo, el dolor termina. Al terminar el dolor, queda la conciencia libre. Entonces, mediante el sacrificio del dolor, aumenta la conciencia, se adquiere la fortaleza.
Supongamos que no sean simples celos, sino que hubo adulterio de verdad. Entonces tendrá que venir el divorcio, porque eso lo autoriza la Ley Divina. En este caso, también puede decir que se puede sacrificar el dolor, y decir: “Bueno, ya adulteró. ¿Estoy seguro yo de no haber adulterado jamás? Entonces, ¿por qué condeno? No tengo derecho a condenar a nadie, porque el que se sienta libre de pecado, que arroje la primera piedra... ¿Quién es el que me está proporcionando el dolor? El yo de la intolerancia, el yo de al auto-importancia y el de los celos, y el del amor propio, etc.
Habiendo llegado a la conclusión de que son esos los yoes los que nos están ocasionando el dolor, debemos trabajar para desintegrarlos y el dolor desaparecerá, quedará eliminado. ¿Por qué? Porque se ha sacrificado y eso trae un aumento de la conciencia, pues aquellas energías que estaban involucradas en el dolor, quedan liberadas. Esto trae, no solamente la paz del corazón tranquilo, sino que además trae un aumento de la conciencia, un acrecentamiento de la conciencia.
Eso se llama “SACRIFICAR EL DOLOR”. Pero la gente es capaz de todo , menos de sacrificar sus dolores, y resulta que los máximos dolores son los que brindan, a uno, las mejores oportunidades para el despertar, para el despertar de la conciencia...
Hay que sacrificar el dolor mecánico, y hay muchas clases de dolores. Por ejemplo, las palabras de un insultador. ¿Qué nos provoca un insultador? Pues el deseo de venganza (inmediatamente, muy inmediatamente). ¿Por qué? Por la identificación con las palabras dichas. Pero si uno no se identifica con los yoes de la venganza, es claro que no contestaríamos al insulto con el insulto. Mas, si uno se identifica con los yoes de la venganza, estos lo relacionan a uno con otros yoes más perversos, y termina uno en manos de yoes terriblemente perversos y haciendo grandes disparates...
Hay que tener en cuenta esos factores y aprender a sacrificar el dolor. La gente, repito, es capaz de sacrificarlo todo, menos el dolor. Quieren mucho sus propios sufrimientos, los idolatran (he ahí el error).
Aprender a sacrificar uno sus mismos sufrimientos, es lo importante para despertar conciencia. Claro, no es cosa fácil; el trabajo es duro y va contra uno mismo. Es algo muy duro, no es muy dulce, pero sí vale la pena ir contra uno mismo, por los resultados que se van a obtener al despertar...
4.a- LA INFRA-IMAGINACIÓN O FANTASÍA
“La fantasía es una fuerza real que actúa universalmente sobre la humanidad y que mantiene al animal intelectual en estado de sueño, haciéndole creer que ya es un hombre que posee verdadera individualidad, voluntad; conciencia despierta, etc.”
“El animal intelectual está tan hipnotizado por su fantasía que sueña que es león o águila, cuando en verdad no es más que un vil gusano del lodo de la tierra”.
“Es urgente luchar contra la fantasía, porque ésta nos hace aparecer como si fuéramos esto o aquello, cuando en realidad somos miserables desvergonzados y perversos”.
“Es indispensable luchar contra la fantasía acerca de nosotros mismos, si es que no queremos ser víctimas de emociones artificiales y de experiencias falsas, las que además de ponernos en situaciones ridícula, detienen toda posibilidad de desarrollo interior”.
Conviene hacer una plena diferenciación entre lo que es la imaginación dirigida voluntariamente, y lo que es la imaginación mecánica.
Incuestionablemente, la imaginación dirigida es la IMAGINACIÓN CONSCIENTE (para el sabio, imaginar es VER).
La imaginación consciente es el “TRASLÚCIDO”. En ella se refleja el firmamento, los misterios de la vida y de la muerte, el SER REAL.
Obviamente, las gentes con su fantasía, o imaginación mecánica, no se ven a sí mismas tal cual son, sino de acuerdo con sus formas de fantasía.
Existen varias formas de la misma. Incuestionablemente, una de ellas consiste, precisamente, en eso de no verse uno (a sí mismo) tal cual es. Pocos son los que tienen el valor de verse a sí mismos, en su crudo realismo.
Estoy absolutamente seguro de que los aquí presentes, nunca se han visto a sí mismos tal cual son. Su imaginación mecánica les hace confundir “gato con liebre”; en su imaginación mecánica o fantasía, se ven con una forma que no coincide con la realidad.
Si yo, en verdad le dijera (a cada uno de ustedes, los aquí presentes) cómo es ciertamente, cuál es su característica psicológica, específica, estoy absolutamente seguro de que se sentirían heridos. Es claro que ustedes, sobre sí mismos, tienen un concepto equivocado, nunca se han visto a sí mismos, su forma de fantasía les hace verse como no son.
Hablando en forma alegórica y simpática, trataré únicamente de hacer una exploración psicológica, a “grosso modo”, sin citar nombres ni apellidos, usando simbólicos nombres. Así que, cada uno de los presentes, entienda y escuche...
¿Qué diríamos, por ejemplo, de Cicerón? ¡Qué gran varón: Lapidario en sus “Catilinarias”, vehemente (quién lo negaría?, grandilocuente como ninguno, lapidario, terrible! ¿Estamos seguros de que todo en él es benevolencia? Reflexionemos... Si lo señaláramos, protestaría violentamente. Nunca asesinó a Popea (esa labor se la dejamos a Nerón); pero si él con “cuchillito de palo” hizo sangrar el corazón de “su Popea”, en modo alguno se sentiría aludido. Magnánimo se ha sentido siempre, bondadoso, y esa es su característica fantástica: verse equivocadamente, a través del prisma de una benevolencia extraordinaria; eso es obvio.
¿Y qué diríamos nosotros, por ejemplo, de aquél que anhelando la Luz del Espíritu, fallara en su base? ¿No dicen ICARO se elevó hasta los cielos, con alas de cera, que se le derritieron y que entonces fue precipitado al abismo? Sin embargo, no piensa él (de sí mismo) así. El supone que es fiel en las filas, está seguro de que marcha por el camino recto, que es noble cual ninguno.
Continuando asó, por este camino, ¿qué le quedaría, pues, a ICARO, después de precipitarse al averno? ¿No dicen que Ganímides, subió hasta el Olimpo, a beber vino? Pero Ganímides también puede ser arrojado al fondo del precipicio...
El discípulo (llamémoslo “Justiniano”, como simbolismo), ¿Cuántas veces se ha justificado a sí mismo? Está convencido de que marcha muy bien. Tal vez, en los últimos tiempos, ha mejorado algo, pero ¿acaso no ha protestado en determinados momentos?, ¿acaso no ha protestado, ante el Ara del sacrificio’ Más él, invicto se siente, seguro está de que nunca ha protestado. Desde siempre, todo lo ha hecho a favor de la Gran Causa, sin fallar jamás...
En nombre de la verdad (y aunque aquí parezca a ustedes, un poquito difícil) son raros los que a sí mismos se han visto, tal cual son.
ARISTÓTELES, una y otra vez (en su Filosofía), convencido de que se sapiencia es formidable, cruel jamás se ha consentido. Consorte magnífico, cual ninguno, ha hecho sufrir, pero él siguen convencido de que jamás ha procedido mal; está seguro de ser magnífico, benevolente, dulce, etc.
En nombre de la verdad, podría decirles a ustedes así: que sólo hay una persona que se ha visto (a sí misma) tal cual es; nada más que una, entre todos los aquí presentes. Una, los demás, todos, tienen sobre sí mismos una imagen fantástica; su forma de imaginación mecánica les hace verse, no como son, sino como aparentemente son.
Así pues, mis queridos hermanos, los invito a la reflexión. Piensen ustedes si alguna vez, se han visto tal cual son...
Es difícil verse (uno) como es. Uno, normalmente, se ve como cree que es, de acuerdo con su fantasía. Y por allí tiene uno que empezar: por romper la fantasía...
4.b- EL “YO FANTASÍA”, LA “PERSONA-FANTASÍA”
“Cuando uno se ha visto de verdad, como es, por lo común sufre una terrible decepción de sí mismo, una espantosa decepción. Después queda el consuelo de la sapiencia”...
Hay varias formas de la fantasía, naturalmente.
Así pues que, cada uno de los aquí presentes tiene lo que podríamos llamar un “yo fantasía”, una “persona-fantasía” que no coincide con la realidad.
La “persona-fantasía” de ustedes ha existido desde un principio, existe ahora y existirá mañana, y ustedes están convencidos de que esa “persona-fantasía” es la realidad, y resulta que no lo es )he allí lo grave).
Ahora, han momentos terribles (eso si se lo digo a ustedes), muy raros, demasiado raros, en los que uno logra ver, por un instante, su propia ridiculez. Es cuestión de segundos, de momentos, en que uno logra percibir su “yo fantasía”, su “persona fantasía”. Cuando eso sucede, se siente un dolor moral muy profundo, pero luego vienen los “jueguitos” de la mente, la manera de enderezar el entuerto, y al fin uno se auto-consuela de mil maneras y olvida la cuestión y el mundo sigue andando como siempre. Son raros esos instantes, muy raros, pero todos alguna vez los hemos tenido, todos...
Vale la pena, pues que nosotros seamos sinceros consigo mismos y tratar sencillamente de auto-conocernos, si es que de verdad queremos nosotros hacer manifiesto al SER que llevamos dentro, en nuestro interior; si es que de verdad nosotros aspiramos que, algún día, quede LA REALIDAD y nada más que la realidad, en nosotros, sin un átomo de fantasía.
Necesitamos ser sinceros y tener el valor de desgarrarnos, de romper ese “yo fantasía”, esa “persona fantasía”, que no existe, que los demás saben que no existe, pero que uno cree que sí existe. Claro, se necesita usar el bisturí de la autocrítica; de lo contrario, no sería posible la autocrítica de fondo.
Si procedemos así, lograremos romper el “yo fantasía”, lograremos destrozarlo, reducirlo a cenizas, a polvareda cósmica. ¿Objetivo? Descubrir al SER. Pero el yo fantasía eclipsa al SER, lo mantiene a uno tan fascinado en sí mismo, tan fascinado en lo que NO ES, en lo que no es real, que no lo deja a uno descubrir al SER, al SER que hay en uno mismo, en sus profundidades...
5. a- LAS BASES PSICOLÓGICAS SOBRE LAS CUALES DESCANSAMOS
“No sería posible establecer correctas relaciones con las diversas partes de nuestro propio Ser, si antes no elimináramos los agregados psíquicos”.
“Todo ese conjunto de agregados psíquicos, viva personificación de nuestros defectos psicológicos; constituyen el ego, el yo”.
“La esencia, la conciencia, se encuentra embotellada entre tales agregados psíquicos, procesándose en virtud de su propio embotellamiento”... ”Ahora comprenderemos mejor por qué la humanidad se encuentra en estado de hipnosis: inconsciente,, dormida”.
“En tanto el EGO ANIMAL continúe dentro de nosotros, no es posible la correcta relación con nosotros mismos”.
Reflexionando un poco sobre las diversas circunstancias de la vida, bien vale la pena comprender, seriamente, las bases sobre las cuales descansamos.
Una persona descansa sobre su posición social, otra sobre el dinero, aquélla sobre el prestigio, estotra sobre su pasado, esotra sobre tal o cual título, etc.
Lo más curioso es que todos, ya seamos ricos o mendicantes, necesitamos de todos y vivimos de todos, aunque estemos inflados de orgullo y de vanidad.
Pensemos, por un momento, en lo que pueden quitarnos: ¿cuál sería nuestra suerte en una revolución de sangre y aguardiente?, ¿en qué quedarían las bases sobre las cuales descansamos: ¡Ay de nosotros: nos creemos muy fuertes y somos espantosamente débiles!.
El “yo” subestima a las gentes, se siente mejor que todo el mundo, más perfecto en todo, más rico, más inteligente, etc.
Resulta muy inoportuno citar ahora aquélla parábola de Jesús, el Gran Kabir, acerca de los dos hombres que oraban (fue dicha a unos que confiaban en sí mismos, como justos, y menospreciaban a los otros).
Jesús El Cristo dijo: “Dos hombres subieron al templo a orar; uno era Fariseo y el otro era Publicano. El Fariseo, puesto de pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres (ladrones, injustos, adúlteros) ni aún como este Publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmo de todo lo que gano. Más el Publicano, estando lejos, no quería ni alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Dios, se propicio a mi, pecador”... Os digo que éste descendió a su casa, justificado antes que el otro, porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (LUCAS, XVII, 10-14)
Empezar a darse cuenta de la propia vanidad y miseria en que nos encontramos, es absolutamente imposible en tanto exista en nosotros el concepto ese del “MAS”. Ejemplos: “Yo soy MAS justo que aquél, MAS sabio que fulano, MAS virtuoso que zutano, MAS rico, MAS experto en las cosas de la vida, más casto, MAS cumplidor de sus deberes, etc.
“Es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja, que entrar un RICO en el Reino de Dios”...
No es posible pasar a través del “ojo de una aguja” mientras seamos “RICOS”, mientras en nosotros exista ese complejo del “MAS”.
Eso de que “mi escuela es la mejor” y que “la de mi prójimo no sirve”; eso de que “mi religión es la única y verdadera” y que “todas las demás son falsas y perversas”; eso de que “la mujer de fulano es una pésima esposa” y que “yo soy un hombre muy juicioso y abstemio”, etc., etc., etc., es lo que nos hace sentirnos “RICOS”, motivo por el cual somos, todos, los “CAMELLOS” de la Parábola Bíblica, con relación a l trabajo esotérico.
Es urgente auto-observarnos de momento en momento, con el propósito de conocer, claramente, los fundamentos sobre los que descansamos.
Cuando uno descubre aquello que más le ofende en un instante dado (la molestia que le dieron por tal o cual cosa), descubre las bases sobre las cuales descansa psicológicamente. Tales bases constituyen, según el Evangelio Cristiano, “LAS ARENAS SOBRE LAS CUALES EDIFICÓ SU CASA”...
Es necesario anotar, cuidadosamente, cómo y cuándo despreció a otros, sintiéndose superior, tal vez debido al titulo, o la posición social, o al dinero, etc.
Grave es sentirse uno “rico”: superior a fulano o a zutano, por tal o cual motivo. Gentes así, no pueden entrar al “Reino de los Cielos”.
Bueno es descubrir en qué se siente uno halagado, en qué es satisfecha su vanidad. Esto vendría a demostrarnos los fundamentos sobre los que nos apoyamos.
Sin embargo, tal clase de observación no debe ser cuestión meramente teórica. Debemos ser prácticos y observarnos cuidadosamente, en forma directa, de instante en instante.
Cuando uno comienza a comprender su propia miseria y vanidad , cuando abandona los delirios de grandeza, cuando descubre la necedad de tantos títulos, honores y vanas superioridades sobre los semejantes, es señal inequívoca de que ya empieza a cambiar.
Uno no puede cambiar si se aferra a eso de “mi casa”, “mi dinero”, “mis propiedades”, “mi empleo”, “mis virtudes”, “mis capacidades intelectuales”, “mis capacidades artísticas”, “mi prestigio”, etc. Eso de aferrarse a “lo mío”, a “mi”, es más que suficiente como para impedir reconocer nuestra propia vanidad y miseria interior.
Uno se asombra ante el espectáculo de un incendio o de un naufragio. Entonces las gentes, desesperadas, se apoderan (muchas veces) de cosas que dan risa, de cosas sin importancia.
¡Pobres gentes: se sienten en esas cosas, descansan en tonterías, se apegan a eso que no tiene la menor importancia!
Sentirse a sí mismo por medio de las cosas exteriores, fundamentarse en ellas, equivale a estar en estado de absoluta inconsciencia .
El sentimiento de Seidad, del SER REAL, sólo es posible disolviendo todos esos “yoes” que en nuestro interior llevamos. Antes, tal sentimiento resulta algo más que imposible.
Desgraciadamente, los adoradores del “yo” no aceptan esto; ellos se creen “dioses”, piensan que ya poseen esos “cuerpos gloriosos” de que hablara Pablo de Tarso, suponen que el “yo” es Divino, y no hay quien les quite tales absurdos de la cabeza.
Uno no sabe qué hacer con tales gentes: se les explica y no entienden, siempre aferrados a las “arenas sobre las cuales edificaron su casa”, siempre metidos en sus dogmas, en sus caprichos, en sus necedades...
Si esas gentes se auto-observaran seriamente, verificarían (por sí mismas) la “Doctrina de los Muchos”, descubrirían (dentro de sí mismas) a toda esa multiplicidad de personas o yoes que viven dentro de su mundo interior.
¿Cómo podría existir en nosotros el real sentimiento de nuestro verdadero SER, cuando esos yoes están sintiendo por nosotros y están pensando por nosotros?
Lo más grave de toda esta tragedia es que uno piensa que está pensando, siente que está sintiendo, cuando en realidad en otro el que, en un momento dado, piensa con nuestro martirizado cerebro y siente con nuestro adolorido corazón.
¡Infelices de nosotros: cuántas veces creemos estar amando, y lo que sucede es que otro dentro de si mismo, lleno de lujuria, utiliza el centro del corazón!
¡Somos unos desventurados: confundimos a la pasión animal con el amor, y sin embargo es otro dentro de sí mismos, dentro de nuestra personalidad, quien pasa por tales confusiones!
Todos pensamos que jamas pronunciaríamos aquellas palabras del fariseo, en la parábola bíblica: “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres”, etc.
Sin embargo, aunque parezca increíble, así procedemos diariamente...
El vendedor de carne en el mercado dice: “yo no soy como otros comerciantes que saben robar al pesar, y que se han enriquecido”.
“El vendedor de leche afirman: “Yo no soy como otros vendedores de leche, que ponen agua en la misma; me gusta ser honrado”.
La señora de casa, comenta en visita lo siguiente: “Yo no soy como fulana, que anta con otros hombres. Soy, gracias a Dios, persona decente y fiel a mi marido”...
Conclusión: los demás son malvados, injustos adúlteros, ladrones y perversos, y cada uno de nosotros una “mansa oveja”, un “santito de chocolate”, bueno para tenerlo como un “niño de oro” en alguna iglesia.
¡Cuán necios somos: pensamos a menudo que no hacemos todas esos tonterías y perversidades que vemos hacer a otros, y llegamos (por tal motivo) a la conclusión de que somos “magníficas personas”! Desgraciadamente, no vemos las tonterías y mezquindades que hacemos...
Existen extraños momentos en la vida, en que la mente (sin preocupaciones de ninguna clase) reposa. Cuando la mente está quieta, cuando la mente está en silencio, adviene entonces lo nuevo. En tales instantes es posible ver las bases, los fundamentos sobre los cuales descansamos.
Estando la mente en profundo reposo interior, podemos verificar (por sí mismos) la cruda realidad de esa “arena de la vida”, sobre la cual “edificamos la casa” (véase a Mateo, vers. 24 al 29, parábola que trata de “Los Dos Cimientos”)...
5.b- COMO “CANCELAR LAS DEUDAS”
“Cuando uno reconoce su propia nadidad y miseria interior, cuando no se siente tan sublime, ni tan Dios, ni tan sabio; cuando comprende que es un pecador como cualquier otro, entonces ya no está lleno de sí mismo y será BIENAVENTURADO”.
“Pero, qué es eso de SER BIENAVENTURADO? Muchos piensan que serán BIENAVENTURADOS el día que se mueran y vayan por allá arriba, a gozar de la dicha celestial con los angelitos. ¡No, ese es un concepto falso! BIENAVENTURANZA significa FELICIDAD, que SERÁ FELIZ, ¿Dónde? ¡Aquí y ahora!”
“¿Qué el Bienaventurado entrará en el Reino de los Cielos? ¡Correcto: que entre al Reino de los Cielos! Pero, ¿dónde está el Reino de los Cielos, en qué lugar del Universo está? Seamos sinceros consigo mismo; el Reino de los Cielos está formado por el CÍRCULO CONSCIENTE DE LA HUMANIDAD SOLAR, que opera sobre los centros superiores del ser. Ese es el Reino de los Cielos”.
“Así, pues, seamos prácticos y comprendamos todo esto”.
El Evangelio del señor comienza por enseñarnos la no identificación.
Uno se identifica consigo mismo, pensando que va a tener mucho dinero, un lindo automóvil último modelo, o que la novia lo quiere, o que es un gran señor, o que es un gran sabio (hay muchas maneras de identificarse consigo mismo).
Uno tiene que empezar por no identificarse consigo mismo y después no identificarse con las cosas de afuera.
Cuando uno se identifica (por ejemplo) con un insultador, lo perdona, lo ama, no puede herirlo, y si alguien le hiere a uno el amor propio, pero no se identifica con el amor propio, pues es claro que no puede sentir dolor ninguno, puesto que no le duele. Y si no se identifica uno con su vanidad, no le importa andar por la calle aunque sea con unos calzones remendados. ¿Por qué? Porque no está identificado con la vanidad.
Sí, primero que todo debemos no identificarnos consigo mismo, y luego no debemos identificarnos con las vanidades del mundo exterior.
Cuando uno no se identifica consigo mismo, puede perdonar. Recordemos la oración del Señor: “perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestro deudores”...
Mientras uno se identifique consigo mismo, no puede perdonar a nadie. A uno le duele que lo insulten, a uno le duele que lo humillen, a uno le duele que lo menosprecien. ¿Por qué? Porque tiene el “yo” del orgullo y tiene el “yo” del amor propio, allá adentro, bien revivo, y mientras uno tenga el “yo” del amor propio, pues le duele que otro le hiera ese amor propio.
Así, pues, si no nos identificamos, entonces nos es fácil perdonar, y aún más: cancelar las deudas, que es lo mejor...
Dice el evangelio del Señor: “Bienaventurados los MANSOS, porque ellos recibirán la tierra por heredad”... Esta es otra cosa que nadie a entendido. “Bienaventurados, podríamos decir, los NO RESENTIDOS”, porque si uno está resentido, ¿cómo puede ser “manso”? El resentido se la pasa HACIENDO CUENTAS: “¡AH, este amigo, al que tanto le serví y ahora No es capaz de servirme!”
El evangelio del Señor cuando dice: “Bienaventurados los MANSOS, porque ellos recibirán la tierra por heredad”, debe traducirse: “Bienaventurados los NO RESENTIDOS”.
¿Cómo podría uno ser “manso”, si esta lleno de resentimientos? El que esta lleno de resentimientos, vive “haciendo cuentas” a toda hora. Luego, no es “manso”: Entonces, ¿Cómo podría ser “bienaventurado”? ¿Y qué se entiende por “bienaventuranza”? Se entiende felicidad.
¿Están seguros, ustedes, de que son felices? ¿Quién es feliz? He conocido gentes que dicen: “Yo soy feliz, yo estoy contento con mi vida, yo soy dichoso”. Pero, a esos mismos, les hemos oído decir: “Me molesta fulano de tal”, “aquel tipo me cae gordo”, “no se por qué no se me da esto que tanto he deseado”... Entonces, no son felices; realmente, lo que sucede es que son hipócritas, eso es todo.
Ser feliz, es muy difícil. Se necesita, antes que todo, ser “MANSO”. La palabra “BIENAVENTURANZA” significa “FELICIDAD ÍNTIMA”, no dentro de mil años, sino aquí mismo, en el instante que estamos viviendo.
Si nosotros verdaderamente nos tornáramos “MANSOS”, mediante la no identificación, entonces llegaríamos a ser felices. Pero no solamente es necesario no identificarnos con nuestros pensamientos de lujuria, de odio, de venganza, de rencor o de resentimientos; no, hay que eliminar de nosotros a los “DEMONIOS ROJOS DE SETH”, a esos “agregados psíquicos” que personifican a nuestros defectos de tipo psicológico. Tenemos que comprender, por ejemplo, lo que es el proceso del resentimiento, hay que hacerle la disección al resentimiento. Cuando uno llega a la conclusión de que el resentimiento se debe a que poseemos en nuestro interior el amor propio , entonces luchamos por eliminar el ego del amor propio, el “yo” del amor propio. Pero hay que comprenderlo, para poderlo eliminar. No podríamos eliminarlo si antes no lo hemos comprendido previamente.
Sí, mis queridos hermanos: para poder eliminar, se necesita apelar a DEVI-KUNDALINI SHAKTY. Sólo ella puede desintegrar cualquier defecto psicológico, incluyendo el “yo” del amor propio.
¿Están ustedes seguros de no estar resentidos? ¿Quién de ustedes está seguro de no estar “HACIENDO CUENTAS? ¿Cuál...?
6.a- LA OBSERVACIÓN DE LA LEY DE RECURRENCIA EN NUESTRA PROPIA VIDA.
“Existen tres clases de actos: a) aquellos que corresponden a la Ley de accidentes; b) esos que pertenecen a la Ley de Recurrencia, hechos siempre repetidos en cada existencia; c) acciones determinadas intencionalmente por la VOLUNTAD CONSCIENTE”.
“Incuestionablemente, sólo gentes que hayan liberado su voluntad, mediante la muerte del MI MISMO, podrían realizar actos nuevos, nacidos de su libre albedrío”.
“Los actos comunes y corrientes de la humanidad, son siempre el resultado de la Ley de Recurrencia, o el simple producto de accidentes mecánicos”.
“¡Pobres gentes, quieren cambiar y no saben cómo, no conocen el procedimiento, están metidas en un callejón sin salida! Lo que les sucedió ayer, les sucede hoy y les sucederá mañana. Repiten siempre los mismos errores y no aprenden las lecciones de la vida ni a cañonazos! Todas las cosas se repiten en sus propias vidas. Dicen las mismas cosas, hacen las mismas cosas, lamentan las mismas cosas”.
Un hombre es lo que es su vida. Si un hombre no trabaja sobre su propia vida, está perdiendo el tiempo miserablemente.
Sólo eliminando los “elementos indeseables” que en nuestro interior cargamos, podemos hacer de nuestra vida una OBRA MAESTRA.
La muerte es el regreso al principio de la vida, con la posibilidad de repetirla, nuevamente, en el escenario de otra existencia.
Las diversas escuelas de tipo pseudo-esoterista y pseudo-ocultista, sostienen la teoría de las VIDAS ETERNAS Y SUCESIVAS, pero tal concepto está equivocado.
La vida es una película; concluida la proyección, enrollamos la cinta en su carrete y nos la llevamos para la Eternidad.
El REINGRESO existe, el RETORNO existe. Al volver a este mundo, proyectamos (sobre el tapete de la existencia) la misma película, la misma vida.
Podemos sentar la tesis de las EXISTENCIAS SUCESIVAS, pero no de “VIDAS SUCESIVAS”, porque la película es la misma...
La muerte es una “resta de quebrados”; terminada la operación matemática, lo único que continúa son los “VALORES”, esto es: los “yoes buenos” y malos, “útiles e inútiles, positivos y negativos.
Los “valores , en la luz astral, se atraen y se repelen entre sí, de acuerdo con las leyes de la imantación universal.
Nosotros somos puntos matemáticos en ese espacio que servimos de vehículos a determinadas sumas de “valores”.
Dentro de la humana personalidad de cada uno de nosotros, existen siempre esos “valores” que sirven de basamento de la ley de recurrencia.
Como quiera que dentro de cada uno de nosotros existen muchos “yoes” de existencias precedentes, podemos afirmara, en forma enfática, que cada uno de aquellos es una persona diferente. Esto nos invita a comprender que dentro de cada uno de nosotros viven muchísimas personas con diferentes compromisos.
Dentro de la personalidad de un ladrón, existe una verdadera cueva de ladrones; dentro de la personalidad de un homicida, existe todo un club de asesinos; dentro de la personalidad de cualquier prostituta, existe todo un prostíbulo, etc.
Cada una de esas personas, que dentro de nuestra propia personalidad cargamos, tiene sus problemas y sus compromisos. ¡Gente viendo dentro de la gente, personas viviendo dentro de las personas: esto es irrefutable, irrebatible!
Lo más grave de todo esto es que cada una de esas “personas” o “yoes”, que dentro de nosotros viven, viene de antiguas existencias y tiene determinados compromisos.
El yo que en la pasada existencia tuvo una aventura amorosa a la edad de los treinta años, en la nueva existencia aguardará tal edad para manifestarse, y llegado el momento, buscará a la persona de sus ensueños, se pondrá en contacto telepático con la misma y al fin vendrá el reencuentro y la repetición de la escena.
El yo que a la edad de cuarenta años tuvo un pleito por bienes materiales, en la nueva existencia aguardará tal edad para repetir la misma “comidilla”.
El yo que a la edad de veinticinco años se peleó con otro el yo de otro hombre en la cantina o en el bar, aguardará (en la nueva existencia) la misma edad de veinticinco años, para buscar a su adversario y repetir la tragedia.
Se buscan entre sí los “yoes” de uno y otro sujeto, mediante las ONDAS TELEPÁTICAS, y luego se re-encuentran para repetir mecánicamente lo mismo.
Esta es, realmente, la mecánica de la ley de recurrencia; esta es la tragedia de la vida. A través de millares de años, los diversos personajes se re-encuentran para repetir mecánicamente lo mismo.
La personalidad humana no es más que una máquina, al servicio de esos “yoes” con tantos compromisos.
Lo peor de toda esta cuestión es que esos compromisos de las “gentes” que llevamos en nuestro interior, se cumplen sin que nuestro entendimiento tenga, previamente, alguna información.
Nuestra personalidad humana, en este sentido, parece un carro arrastrado por múltiples caballos.
Hay, también, vidas de incesante repetición, recurrentes existencias que nunca se modifican.
En modo alguno podrían repetirse las comedias, dramas y tragedias de la vida (sobre la pantalla de la existencia), si no existiesen actores.
Los actores de todas estas escenas, son los yoes que en nuestro interior cargamos, y que vienen de antiguas existencias.
Así que, de ninguna manera podríamos negar la ley de recurrencia, procesándose en cada momento de nuestra vida.
Ciertamente, en cada día de nuestra vida existente repetición de eventos y de estados de conciencia (palabras, deseos, pensamientos, voliciones, etc.)
Es obvio que cuando uno no se auto-observa, no puede darse cuenta de esta incesante repetición diaria.
Resulta evidente que quien no sienten interés alguno por observarse a sí mismo, tampoco desea trabajar para lograr una verdadera transformación radical.
Para colmo de los colmos, hay gentes que quieren transformarse sin trabajar sobre sí mismas.
No negamos el hecho de que cada cual tiene derecho a la REAL FELICIDAD DEL ESPÍRITU, más también es cierto que tal felicidad sería algo más que imposible si no trabajamos sobre sí mismos.
Uno puede cambiar íntimamente cuando de verdad consigue modificar sus reacciones ante los diversos hechos que le sobrevienen diariamente. Empero, no podríamos modificar nuestra forma de reaccionar ante los hechos de la vida práctica, si no trabajáramos seriamente sobre sí mismos.
Necesitamos cambiar nuestra manera de pensar, ser menos negligentes, volvernos más serios y tomar la vida en forma diferente, en su sentido real y práctico. Empero, si continuamos así, tal como estamos, comportándonos en la misma forma todos los días, repitiendo los mismos errores con la misma negligencia de siempre, cualquier posibilidad de cambio quedará de hecho eliminada.
Si uno de verdad quiere llegar a conocerse a sí mismo, debe empezar por observar su propia conducta, ante los sucesos de cualquier día de la vida.
No queremos decir, con esto, que no deba uno observarse a sí mismo diariamente; sólo queremos afirmar que se debe empezar por observar UN PRIMER DÍA.
En todo debe haber un comienza, y empezar por observar nuestra conducta en cualquier día de nuestra vida, es un buen comienzo.
Observar nuestras reacciones mecánicas ante todos esos pequeños detalles de hogar: alcoba, comedor, o de la calle, el trabajo, etc., LO QUE UNO DICE, PIENSA Y SIENTE, es ciertamente lo más indicado.
Lo importante es ver, luego, cómo o de qué manera puede uno cambiar esas reacciones. Empero, si creemos que somos buenas personas, que nunca nos comportamos en forma inconsciente y equivocada, nunca cambiaremos...
Empecemos por comportarnos conscientemente durante una pequeña parte del día (necesitamos dejar de ser simples máquinas, aunque sea durante unos breves minutos diarios); esto influirá decisivamente sobre nuestra existencia.
Cuando nos auto-observamos y no hacemos lo que tal o cual yo quiere, es claro que empezamos a dejar e ser máquinas.
Un solo momento, en el que se está lo bastante consciente como para dejar de ser máquina, suele modificar, radicalmente, muchas circunstancias desagradables.
Desgraciadamente, vivimos (diariamente) una vida mecanicista, rutinaria y absurda: repetimos sucesos, nuestros hábitos son los mismos, nunca hemos querido modificarlos; ellos son el carril mecánico por donde circula el tren de nuestra miserable existencia. Empero, pensamos de nosotros lo mejor.
Por doquiera abundan los mitómanos, los que se creen “dioses”: criaturas mecánicas, rutinarias, personajes del lodo de la tierra, míseros muñecos, movidos por diversos yoes. Gente así, no trabajarán jamás sobre sí mismas...
6-b- LA ENFERMEDAD EL MAÑANA”
“En el trabajo exotérico no podemos darnos el lujo de la versatilidad. Esos que tienen ideas veletas, esos que hoy trabajan sobre su psiquis y mañana se dejan atrapar por la vida; esos que buscan evasivas y justificaciones para abandonar el trabajo esotérico, degenerarán e involucionarán”.
“Algunos aplazan el error, dejan todo para un mañana, mientras mejoran su situación económica, sin tener en cuenta que el EXPERIMENTO SOLAR es algo muy distinto a sus criterios personales y a sus consabidos proyectos”.
“Lo grave de todo esto es que no poseemos la verdadera individualidad. Si tuviéramos un centro de gravedad permanente, trabajaríamos de verdad, seriamente, hasta lograr el ESTADO SOLAR”.
“Hay tantas disculpas en estas cuestiones, hay tantas evasivas, existen tantas atracciones fascinantes, que de hecho suele hacerse casi imposible comprender, por tal motivo, la urgencia del trabajo esotérico”.
Una persona es lo que es su vida. Eso que continúa más allá de la muerte, es la vida. Este es el significado del libro de la vida que se abre con la muerte.
Mirada esta cuestión desde un punto de vista estrictamente psicológico, un día cualquiera de nuestra vida es realmente, la totalidad de nuestra vida.
De todo esto podemos inferir lo siguiente: si un hombre no trabaja sobre sí mismo HOY, no cambiará nunca.
Cuando se afirma que se quiere trabajar sobre sí mismo y no se trabaja hoy, aplazando el trabajo para MAÑANA, tal afirmación será un simple proyecto y nada más, porque en el hoy está la réplica de toda nuestra vida.
Existe, por allí, un dicho vulgar que dice: “No dejes para mañana lo que se puede hacer hoy mismo”. Si un hombre dice: “trabajaré sobre mi mismo MAÑANA”, nunca trabajará sobre sí mismo, porque siempre habrá un mañana.
Esto es muy similar a cierto aviso, anuncio o letrero que algunos comerciantes ponen en sus tiendas: “Hoy no fío, mañana sí”. Cuando algún necesitado llega a solicitar crédito, topa con el terrible aviso, y si vuelve al otro día, encuentra otra vez el desdichado anuncio o letrero.
Esto es lo que se llama, en psicología, la “Enfermedad del mañana”. O sea, mientras un hombre diga “mañana”, nunca cambiara.
Necesitamos con urgencia máxima, inaplazable, trabajar sobre sí mismos HOY, no soñar (perezosamente) en un futuro, o con una oportunidad extraordinaria.
Esos que dicen: “Voy a hacer esto o aquello y luego trabajaré”, jamás trabajarán sobre sí mismos. Esos son los “moradores de la tierra”, mencionados en las Sagradas Escrituras...
Conocí a un poderoso terrateniente que decía: “Necesito primero redondearme y luego trabajaré sobre sí mismo”. Cuando enfermó de muerte, le visité. Entonces le hice la siguiente pregunta: “¿Todavía queréis redondearte?” “Lamento, de veras, haber perdido el tiempo”, me respondió. Días después murió, luego de haber reconocido su error.
Aquel hombre tenía muchas tierras, pero quería adueñarse de las propiedades vecinas (redondearse”), a fin de que su hacienda quedase, exactamente, limitada por cuatro caminos.
“¡BASTA A CADA DÍA SU AFÁN!”, dijo el Gran Kabir Jesús. Auto-observarnos HOY MISMO, en lo tocante al día (siempre recurrente), miniatura de nuestra vida entera: eso es lo que basta.
Cuando un hombre comienza a trabajar sobre sí HOY MISMO, cuando auto-observa, antes nuestros propios errores.
Necesitamos no sólo conocer nuestro día recurrente, sino también la relación psicológica con el mismo.
Resulta interesante observar la recurrencia diaria, la repetición de palabras y acontecimientos, etc.
Esa repetición de eventos y palabras merece ser estudiada, pues nos conduce al auto-conocimiento.
V.M. SAMAEL AUN WEOR
Publicado: 02/01/2017, 05:32pm | Vistas: 506